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Estuvo bajo la sombra del científico Henri Pittier, quien era su mentor

Libro reinvindica legado botánico de Adolphe Tonduz

Actualizado el 05 de agosto de 2017 a las 11:15 pm

Dedicó más de 30 años de su vida al Herbario Nacional de Costa Rica

Exploró y realizó inventarios de flora en Nicoya, la zona sur y Talamanca

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Como quien descubre una planta y se da a la tarea de estudiarla morfológicamente para identificar su especie, Gregorio Dauphin se propuso describir a Adolphe Tonduz con dedicación de botánico.

Tonduz, suizo de nacimiento, fue uno de los científicos que, con sus aportes, contribuyeron al desarrollo de la botánica en Costa Rica.

“Él formaba parte de esa generación de europeos que estaban haciendo ciencia de punta en sus países y vinieron a continuar sus estudios en Costa Rica”, destacó Dauphin.

Boleta de pago de Adolphe Tonduz, quien recibía ¢50 de salario mensual. | GREGORIO DAUPHIN

Sin embargo, la historia ha sido más generosa con nombres como Henri Pittier, Théophile A. Durand y Paul Biolley. En cambio, el legado de Tonduz yace en la sombra.

Por ello, Dauphin quiso reinvindicarlo al escribir el libro Adolphe Tonduz y la época de oro de la botánica en Costa Rica, recientemente publicado por la Editorial Tecnológica.

En esta obra, Dauphin se dedicó –aproximadamente por 10 años– a analizar sus informes de campo, a revisar los especímenes que recolectó, así como sus respectivas etiquetas y a leer la correspondencia del suizo.

Aparte de describir el contexto histórico en que vivió Tonduz, Dauphin sopesa la vida del botánico para dimensionar sus aportes a la ciencia.

La “joya” de este libro yace en la reproducción de Herborizaciones en Costa Rica , cuatro textos escritos por Tonduz y traducidos del francés por Dauphin.

Estos documentos fueron publicados entre 1895 y 1897 en el Bulletin de L’Herbier Boissier y, en estos, el botánico relata las excursiones para recolectar especímenes e inventariar la flora de la frontera norte, el valle del Reventazón, la cuenca del Diquís y el golfo Dulce.

“De camino para la villa de Desamparados, se atraviesan varios ríos, tales como el Ocloro, María Aguilar y Tiribí, cuyas riberas ofrecen al botánico en todas las estaciones una mina inagotable de riquezas. En el río María Aguilar es posible ver ingas, cuajiniquiles, eugenias, manzanas rosas, targuás y sobre troncos viejos, crecen gran cantidad de bromelias, orquídeas y líquenes”, describió Tonduz un paisaje que ya no es.

Aparte de sus apuntes científicos, en estos textos se describe –desde una óptica social– a esa Costa Rica de finales del siglo XIX e inicios del siglo XX.

En ellos, Tonduz también comparte sus reflexiones sobre el estado de la conservación de las regiones visitadas, las cuales no pierden vigencia.

Un suizo entre plantas

Adolphe Tonduz llegó a Costa Rica el 17 de junio de 1889 con apenas 27 años. Quien sería su jefe, Henri Pittier, lo esperó en la estación del tren tras haber viajado un mes desde Suiza.

En Costa Rica, se encargó de organizar y curar la colección del Herbario Nacional que formaba parte del Instituto Físico-Geográfico Nacional.

Para ello, el botánico estudió preservación y curaduría de herbarios con el fin de asegurar la conservación de especies tropicales. En ese entonces laboraba como preparador del Museo Botánico de Lausana.

Actualmente, el Herbario Nacional resguarda 5.529 muestras colectadas por él, incluso estas todavía conservan las etiquetas con su caligrafía.

Adolphe Tonduz retratado por Rudd Painter en 1895. La imagen está en los archivos del Jardín Botánico de la Ville de Genève. | GREGORIO DAUPHIN

En los registros aparecen 1.050 epítetos de nombre tonduzii y 32 como tonduziana. También existe un género de la familia Apocynaceae que lleva el nombre de Tonduzia.

Exploró el golfo de Nicoya, Talamanca, las zonas indígenas de Térraba y Boruca, Copey de Dota y Turrialba.

No obstante, y según el libro de Dauphin, su trabajo habría sido minimizado por Pittier.

“La compleja labor de Tonduz como recolector y conservador del herbario no fue reconocida por su jefe y mentor, Henri Pittier. Esto se refleja en la exclusión del nombre de Tonduz como editor de las Primitae Florae Costaricenses. La exclusión de su nombre como recolector en las etiquetas de los duplicados enviados a Bruselas y vendidos a herbarios y especialistas en Europa obedeció al interés comercial de Pittier y Durand en la venta de dichos especímenes”, se lee en el libro.

De hecho, Tonduz solo describió una especie, Myroxylon sonsouatense, a pesar de haber recolectado miles.

Aquejado por el alcoholismo y tras la marcha de Pittier hacia Venezuela, en 1921, Tonduz aceptó un puesto en el Servicio de Agricultura en Guatemala. Ese año y en ese país, murió.

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Michelle Soto M.

msoto@nacion.com

Periodista

Periodista graduada en la Universidad de Costa Rica. Escribe sobre temas ambientales y científicos. Su trabajo ha sido reconocido con premios a nivel nacional e internacional.

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