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Convierten información genética de especies en códigos de barras

Análisis del ADN saca del anonimato a mariposas de Costa Rica

Actualizado el 27 de junio de 2014 a las 12:00 am

Científico estima que podría haber 5.500 especies más de mariposas

Estudio identificó que individuos de aspecto distinto tienen el mismo ADN

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Esta imagen muestra a una pareja de polillas Eacles imperialis encontradas en la zona de Santa Rosa.

A simple vista, la polilla Eacles imperialis, que vive en el bosque seco de Guanacaste (Pacífico), es igual a la que habita en el bosque lluvioso, en la zona norte del país, (Caribe). Sin embargo, la información genética de ambas varía en al menos un 8%.

Así lo descubrió un proyecto que se desarrolla en el Área de Conservación Guanacaste (ACG), impulsado por Daniel Janzen y Winnie Hallwachs.

Esta pareja de investigadores se dedica a recolectar orugas y mariposas para, posteriormente, convertir una muestra de ADN mitocondrial (una pata de mariposa, por ejemplo) en un código de barras que será capaz de brindar un perfil mucho más detallado de las especies analizadas.

Isidro Chacón es entomólogo y uno de los curadores de la colección.
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Isidro Chacón es entomólogo y uno de los curadores de la colección.

Este trabajo tiene como aliados a cinco curadores del Instituto Nacional de Biodiversidad (INBio) y a 33 parataxónomos (adultos reclutados de la población rural y vecinos de la ACG), que poseen la destreza para identificar larvas y mariposas, criarlas y darles seguimiento.

Con la información obtenida, los científicos determinaron que la llamada polilla Eacles imperialis –caracterizada porque los machos muestran más manchas de color marrón y las hembras, un amarillo intenso– en realidad incluye a dos especies diferentes.

Además, descubrieron que existía una zona de contacto entre ambas, a pesar de que los dos ecosistemas donde habitan están divididos por la Cordillera de Guanacaste.

“Se da un flujo de genes de una especie a la otra, algo que sucede más comúnmente entre plantas”, explicó Janzen.

El investigador, radicado en Costa Rica, tiene la hipótesis de que la hembra sabe cuál es su ecosistema, “mientras que los machos copulan con cualquier hembra de una u otra especie y así pasan los genes de una a la otra. Pero, dado que las hembras siempre van a ‘su’ ecosistema, las dos especies quedan separadas”.

El proyecto con mariposas ha logrado que los investigadores identifiquen especies que tienen aspectos distintos aunque comparten la misma información genética.

“Nos dimos cuenta de que una misma mamá puede producir dos individuos diferentes, como decir un caballo negro y uno blanco”, afirmó Janzen.

En equipo. El proyecto empezó en el 2003, cuando Janzen y su esposa Winnie asistieron a un simposio en el que un científico canadiense llamado Paul Hebert, de la Universidad de Guelph, trataba de convencer a la comunidad científica de que “con un pedacito de individuo se podría identificar a la especie que se estaba investigando”.

Los investigadores pusieron a disposición del canadiense los “individuos” que habían recolectado hasta ese momento.

Los primeros cinco años enviaron orugas para el análisis, pero Hebert deseaba realizar el proceso de manera más rápida. Fue entonces cuando entró en escena el arduo trabajo de los parataxónomos.

Con el tiempo, han logrado aportar otros detalles que permiten perfilar mejor a las especies.

“El proyecto de criar las larvas involucra a más especies, además del adulto (mariposa). Nosotros podemos ofrecer más detalles sobre la oruga: ¿qué hojas come?, ¿qué tipo de parásitos tiene? Todo eso se puede revelar gracias al código de barras”, aseguró Winnie Hallwachs.

Janzen coincidó con ese criterio pues, antes de utilizar esta herramienta, estimaba que las especies de mariposas eran unas 9.500. “Hoy creo que hay 15.000, cosas que descubrimos gracias al barcoding (código de barras genético) ”, aseguró.

Aporte. El impacto que causa un proyecto de este tipo es mundial pues, según el canadiense Paul Hebert: “Janzen y sus compañeros en ACG han jugado un rol de liderazgo al mostrar cómo el código de barras puede arrojar luz sobre la biodiversidad tropical”.

Por su parte, Janzen ve en los resultados del proyecto una oportunidad para que las autoridades entiendan que, si se quiere trabajar en conservación, se debe hacer a la medida: “para los organismos y comunidades que rodean el lugar”. “Costa Rica es pequeña, pero eso tiene su ventaja pues se puede experimentar con cosas así”, dijo.

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Monserrath Vargas L.

movargas@nacion.com

Periodista de ciencia y tecnología

Redactora en la sección de Aldea Global de La Nación. Periodista graduada por la Universidad de Costa Rica. Escribe sobre ciencia y tecnología.

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