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Excavaciones en asentamiento precolombino Cantarero

Aldea de unos 1.500 años emerge en Puerto Jiménez

Actualizado el 01 de abril de 2016 a las 12:00 am

Vestigios indican que fue un centro político regional muy organizado

Oreros intentaron destruirlo, pero ahora lo cuidan como su mayor tesoro

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Aldea de unos 1.500 años emerge en Puerto Jiménez

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Hace unos 1.500 años, una sociedad organizada y poderosa habitó el territorio que actualmente ocupa el poblado de Boca Gallardo, en Puerto Jiménez de Golfito, Puntarenas.

El sitio arqueológico Cantarero atesora los vestigios de uno de los centros políticos más complejos y antiguos del sur de Costa Rica, y el primero para la península de Osa.

Enclavado en la selva de Puerto Jiménez y con el río Tigre como puerta de entrada, este yacimiento precolombino estuvo a punto de ser destruido por los mismos lugareños, en agosto pasado, cuando un grupo de oreros ingresó a buscar el valioso metal. La necesidad de hallar una fuente de ingresos y el desconocimiento sobre el valor histórico, cultural y hasta turístico del asentamiento, fue lo que llevó a estas personas a cavar túneles y revolver la tierra.

Siete meses después, y luego de un intenso trabajo con los pobladores, gestado por el Museo Nacional, Cantarero emerge como un tesoro en sí mismo, tan valioso como el oro que lo rodea.

Funcionarios de esa institución y vecinos de la comunidad colaboraron en la limpieza del sitio y en la creación de senderos. También se unieron para mantener un rol para labores de vigilancia.

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Excepcional. El arqueólogo del Museo Nacional, Francisco Corrales, encabezó la más reciente temporada de excavaciones en el lugar, entre el 1.° y el 30 de marzo.

“En este sitio funcionó una aldea principal, era un centro de poder (cacicazgo) y lugar en donde se realizaban ceremonias. Posiblemente, fue la capital de un territorio político regional”, destacó Corrales.

El investigador estima que estos pobladores, ancestros de los borucas, ocuparon Cantarero durante el último tracto del periodo denominado Aguas Buenas, es decir, entre 500 d. C. y 800 d. C.

“Para ser tan antiguo, tiene un alto nivel de complejidad. Además, se trata de un sitio unicomponente, es decir, solo fue habitado por ese grupo durante ese periodo, nadie más llegó después”, agregó el arqueólogo.

“En este sitio funcionó una aldea principal, era un centro de poder (cacicazgo) y lugar en donde se realizaban ceremonias. Posiblemente, fue la capital de un territorio político regional”, arqueólogo Francisco Corrales.

El asentamiento precolombino comprende una superficie de tres hectáreas y fue levantado estratégicamente sobre una loma donde confluyen el río Tigre y una pequeña quebrada.

Corrales confirmó que, hasta el momento, han descubierto ahí 15 estructuras de piedra: 12 motínculos y tres terrazas.

Los montículos son estructuras de forma circular, bordeadas por muros de piedra en donde se levantaban los “edificios” indígenas. Las terrazas son como muros de contención que se construían para estabilizar el terreno y crear plataformas más o menos planas donde poder cultivar.

Uno de los hallazgos más sorprendentes es la extraña forma del montículo central, identificado con el número 4. Sus dimensiones son de 24 metros de largo por 12 de ancho. “El montículo central tiene una forma nunca antes vista: no es circular, ni rectangular, ni ovalado. Parece más bien una estrella de cinco puntas o una estrella de mar. Le decimos el Patricio (en referencia a un personaje de la serie infantil animada Bob Esponja )”, dijo Corrales.

En el brazo suroeste del montúculo “estrella”, se realizó una excavación y se encontraron varios fragmentos de objetos. Entre ellos, el borde una vasija de cerámica del mismo periodo pero originaria de Guanacaste, es decir de entre 500 d. C y 800 d. C.

¿Qué hace ahí una pieza de una zona tan alejada? “Esto es un indicador de que existía intercambio entre grupos de Guanacaste y la zona sur. Lo que se cree es que se desplazaban desde el norte, vía marítima, hasta la isla del Caño que era como una especie de “depósito libre”, y de ahí se distribuía el material a toda la península de Osa”, explicó.

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Aldea de unos 1.500 años emerge en Puerto Jiménez

En otras zonas de Cantarero se hallaron más piezas, como una piedra que servía para afilar hachas. “Lo interesante es que también se encontraron dos hachas fragmentadas que se nota que fueron utilizadas y afiladas varias veces”.

Asimismo, se halló una rodaja de huso, un instrumento en forma de anillo utilizado para hilar algodón. Corrales aseguró que, pese a la acción de los oreros, Cantarero está prácticamente íntegro. “Calculamos que los daños son entre el 10% y 20% del sitio y ninguno de ellos es irreversible”.

Debido a su gran potencial, en el futuro se planea realizar más excavaciones en el sitio.

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