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Quienes cometen ‘bullying’ sufren las consecuencias de sus agresiones

Como sus víctimas, menores matones sufren y necesitan ayuda

Actualizado el 11 de julio de 2013 a las 12:00 am

Jóvenes y niños ‘bullies’ suelen ver la agresión como algo normal al interactuar

Para combatir los ataques, expertas aconsejan fomentar más la empatía y la comunicación

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Características frecuentes de un matón. (Infografía GN)

Los ataques que Irene Sancho presenció en sus aulas de quinto y sexto grados durante dos décadas de docencia, la dejaron perpleja: individualmente, eran “chiquillos maravillosos”, pero cuando estaban juntos, las agresiones eran “impresionantes”.

La situación motivó a Sancho a dedicar los últimos siete años a estudiar Psicología y profundizar en el bullying : esa agresión recurrente entre alumnos, donde existe alguna relación de poder.

Sobre todo, quería comprender a quienes cometen el bullying , los bullies , pues la mayoría no eran “perversos” o “malos”, como se les suele estereotipar.

La investigación para su tesis les permitió a ella y a su compañera de estudios detectar elementos recurrentes entre los matones.

Parte de los chicos analizados tenía una gran frustración con el papel que creían que les correspondía dentro de su familia: el bebé de la familia, la oveja negra, etc. Con frecuencia, este rol se lo asignaban sus papás de manera inconsciente.

El otro patrón frecuente fue de jóvenes que aprendieron a considerar la agresión como una forma legítima de interactuar.

Sancho encontró que, contrario a lo que se piensa, el bullying ocurre tanto entre hombres como en mujeres y aparece entre los 13 y los 15 años, con la pubertad.

Los matones tienden a ser impulsivos, poco tolerantes a la frustración y con dificultades para identificar sus emociones, según explicó la psicóloga experta en agresividad, Ximena Pineda.

“Algunos niños acosadores se presentan prepotentes y dominantes como una manera de compensar los sentimientos de inferioridad y baja autoestima. En general, son poco empáticos ante el sufrimiento de los demás”, recalcó Pineda, aunque advirtió de que estas características también pueden ser compartidas con otro tipos de problemas.  

Tal es el caso de Mario (nombre ficticio), de 14 años, quien agredía a sus compañeros en sexto grado y sétimo año.

“Los compañeros me caían mal porque jugaban de chiquitos. Yo entraba a ser el ‘macho’, el grande, el que sí jugaba de hombre. Sentía que tenía poder y me gustaba”.

”Antes, no pensaba en cómo se podían sentir, pero con todo los procesos que he llevado, ahora uno se pone a pensar en eso”, añadió.

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Victimarios y víctimas. Aunque numerosos estudios han documentado el daño que los bullies le infligen a sus víctimas, cada vez hay más evidencia de que ellos también salen perjudicados.

“Son chiquillos que sufren muchísimo: son rechazados constantemente por la mayoría del grupo y también por los papás de otros chicos, que llegan prácticamente a pedir su cabeza”, manifestó Sancho.

Para Mario, era usual recibir amenazas de peleas, que él combatía con más agresiones.

Un estudio publicado en abril en Psychological Science reveló que el acto de excluir a otro por instrucción de un tercero, o por presión social, genera sentimientos de culpa, vergüenza y falta de autonomía.

Apoyo. Así como una víctima de matonismo requiere de apoyo, lo mismo ocurre en el caso del bully , quien necesita ayuda para romper con sus comportamientos.

“Si la escuela y padres han intervenido sin obtener buenos resultados, es importante pedir ayuda profesional”, aconsejó Pineda.

Una de las recomendaciones de las expertas es realizar actividades que fomenten la empatía y el diálogo, tanto en centros educativos como en hogares.

Sancho advirtió de que estos no pueden ser espacios tradicionales, donde un adulto imparte una lección, sino que deben facilitar el proceso con ejemplos cotidianos.

Lo mismo se recomienda para los padres, a quienes se les insta a enseñar con el ejemplo, promover la diversidad y motivar la reflexión sobre cómo se siente una persona víctima de acoso.

“Padres y maestros deben reaccionar oportunamente cuando se identifica el matonismo, manteniendo la calma y no mostrando enojo hacia el agresor y escuchando sin juzgar”, advirtió Pineda.

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