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Sin el vicio se mejora salud física y emocional

Actualizado el 31 de mayo de 2014 a las 12:00 am

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No es bonito. Es más, son terribles. Hablamos de los primeros días en los que un cuerpo acostumbrado al tabaco no siente más esta sustancia.

Cambios de humor, vómitos, flemas negras, dolor de cabeza, mareos, malestar general, insomnio, dificultad para concentrarse, sumado al incremento del apetito y los constantes fuertes deseos de fumar, son parte de los posibles síntomas.

“El cerebro llega a una dependencia en la que es necesaria la dosis de nicotina cada hora y media; cuando falta, el cerebro la reclama, y esto lleva a los síntomas”, explicó el psiquiatra especialista en adicciones Luis Eduardo Sandí.

Tania Palacios, trabajadora social del Instituto de Alcoholismo y Farmacodependencia (IAFA), indica que esta es una razón por las que la persona recae, pues el cigarrillo les da placer.

“Hay familiares que no ayudan. Hay casos en que la misma familia no soporta el proceso. Van, compran los cigarros y le dicen ‘a ver si acaso deja ya esas chichas’”, aseguró Palacios.

Mejoras. Los beneficios de dejar de fumar son mucho mayores que los malestares iniciales.

Esto empieza desde los primeros minutos, aunque podrían pasar inadvertidos por el síndrome de abstinencia.

A 20 minutos del último cigarrillo, se normalizan presión arterial, frecuencia cardíaca y temperatura de manos y pies.

A las ocho horas, se estabiliza el nivel de monóxido de carbono y de oxígeno. A las 24 horas baja el riesgo de muerte súbita.

A los dos días se normalizan los sentidos del gusto y olfato.

A las 72 horas la función respiratoria está mejor y al mes pasará lo mismo con pulmones.

A los tres meses, se tendrá más capacidad física y disminuye el cansancio.

A los nueve meses, mejora el drenaje bronquial y baja el riesgo de infecciones.

A los cinco años, se iguala el riesgo de padecer infarto y otras enfermedades cardiovasculares al de los no fumadores.

A los 15 años, se tendrá el mismo riesgo de un no fumador de padecer cáncer de pulmón y de morir por males respiratorios.

“Nunca es tarde para dejar de fumar, pero cuanto más temprano lo haga, menores los riesgos”, concluyó Sandí.

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Irene Rodríguez S.

irodriguez@nacion.com

Periodista

Periodista en la sección Aldea Global. Máster en Salud Pública con Énfasis en Gerencia de la Salud en la Universidad de Costa Rica. Escribe sobre salud, periodismo médico y educación. Ganó el Premio Nacional de Periodismo Científico del Conicit.

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