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Mi hijo no quiere volver a clases, ¿qué puedo hacer?

Actualizado el 06 de febrero de 2016 a las 12:00 am

Además del ‘bullying’, existen otras razones para esta negativa

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Mi hijo no quiere volver a clases, ¿qué puedo hacer?

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El inicio del curso lectivo suele relacionarse con imágenes de niños correteando por los pasillos de los planteles educativos o adolescentes ilusionados por reunirse de nuevo con sus compañeros. Sin embargo, ¿qué pasa cuando los estudiantes se niegan a volver a la escuela o el colegio y se muestran apáticos, temerosos o hasta rebeldes?, ¿cómo se supone que deberían actuar los padres?

Antes de desatar una guerra familiar, expertos en educación recomiendan a los adultos mantener la calma y analizar las razones por las cuales el menor de edad experimenta ese rechazo. Restarles importancia a sus palabras o conductas no es conveniente, pues, aunque podrían obedecer a situaciones fáciles de solucionar, también existe la posibilidad de que ameriten atención especial, debido a su riesgo.

Hace unas semanas, la historia de Diego, un niño español de 11 años que decidió acabar con su vida, puso este tema en la palestra y sacudió las redes sociales. Antes de saltar por la ventana de un quinto piso, escribió una carta a sus padres donde decía que no quería volver al colegio y esa era la única manera de evitarlo. ¿Qué produjo ese fatal desenlace? Es algo que aún se investiga. Sin embargo, en su momento se habló de bullying.

Más allá de este caso, el hostigamiento escolar es una realidad en Costa Rica y, por lo tanto, debería ser uno de los motivos por considerar. Los datos hablan por sí solos. Durante el 2015, la Contraloría de Derechos Estudiantiles del Ministerio de Educación Pública (MEP) recibió 248 denuncias por matonismo, distribuidas en 157 quejas de acoso físico, 83 de tipo verbal y ocho por Internet, informó La Nación recientemente.

Otros detonantes. Pero el bullying no es la única causa que lleva a los niños a decir “no quiero ir a clases”. Maltrato o conflicto con algún profesor, resistencia a ciertas materias y miedo al fracaso por no haber obtenido buenas notas el año anterior, podrían ser otras. Así lo resalta Rocío Solís, psicóloga y presidenta de la Comisión Costarricense de Cooperación con la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco).

Según ella, los estudiantes que ingresan por primera vez a preescolar, a primer grado, a sétimo año o quienes cambiaron de institución, también pueden experimentar resistencia.

“En los adolescentes, el temor a lo desconocido, a enfrentarse con más materias y un mayor número de profesores, así como tener que acoplarse a un nuevo grupo de amigos, produce inestabilidad. Los niños pequeños, por su parte, suelen estar ansiosos por alejarse de su casa”, dice Solís.

Asimismo, es necesario indagar si el estudiante está enfrentando situaciones como baja autoestima, un cuadro depresivo o problemas familiares. “Los conflictos en los hogares están entre las causas de deserción escolar, ya sea por falta de recursos económicos o porque se vive en ambientes de violencia, abuso, abandono, negligencia, alcoholismo, drogadicción o prostitución”, advirtió Gabriela Madriz, psicóloga educativa.

Finalmente, se podría ver si la negativa obedece al deseo de extender las vacaciones y no tener que ajustarse a nuevos horarios.

De acuerdo con el Departamento de Análisis Estadístico del MEP, los porcentajes generales de deserción estudiantil de medio periodo del 2015 aumentaron entre 0,2 y 0,6% en los niveles de transición (preescolar), I y II ciclos (primaria), III ciclo y educación diversificada (secundaria).

En términos absolutos, esto significa que 2.350 colegiales más –en comparación con el 2014– no regresaron a las aulas después del descanso de julio, y lo mismo sucedió con 860 de primaria y 145 de preescolar. La deserción total del periodo fue de 20.173 niños y adolescentes.

¡Muy atentos! Las expertas insisten en que la comunicación es vital para detectar y manejar casos como los descritos. Por eso, recomiendan conversar con los niños y adolescentes, dejarlos expresar sus sentimientos, validarlos, y estar atentos a ciertas señales.

“Los padres deben poner especial atención cuando observan cambios en sus hijos ya sean paulatinos o repentinos: bajas significativas en el rendimiento académico, apatía hacia la institución, que hablen mal de sus educadores y compañeros, tengan mal humor, falten con las tareas, o se muestren descuidados o inapetentes”, insiste Madriz.

A su juicio, también se debe tener cuidado si presentan problemas para dormir o duermen demasiado, cuando no entregan los exámenes ya revisados o bien,cuando tiene numerosas llegadas tardía.

Una vez detectado el origen del comportamiento, se deben tomar acciones. Todo dependerá del caso, pero pueden ser: establecer estrategias de motivación y técnicas del estudio, potenciar las capacidades del menor para resolver conflictos, fortalecer su autoestima, solicitar la intervención de los docentes o recurrir a un profesional en el campo.

“Lo importante es buscar soluciones conjuntas entre educadores, hijos y padres”, puntualizó la psicóloga educativa.

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