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Entrevista

Elizabeth Bunster de Proyecto Esperanza: ‘Una mujer que aborta es dos veces víctima’

Actualizado el 22 de septiembre de 2013 a las 12:00 am

Es trabajadora social y máster en psicología. Desde hace más de 10 años trabaja con mujeres con problemas emocionales tras un aborto, ya sea espontáneo o provocado. Su trabajo consiste en acompañarlas, trabajar a su lado y ver que ellas puedan tener una vida normal y luego ayudar a otras mujeres con la misma situación. Ella visitó el país para formar a personas que puedan hacer este mismo trabajo en Costa Rica.

Elizabeth Bunster Proyecto Esperanza

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Elizabeth Bunster de Proyecto Esperanza: ‘Una mujer que aborta es dos veces víctima’

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“Un niño que es abortado es víctima, pero una mujer que aborta es víctima dos veces. Por un lado es víctima de circunstancias, nadie aborta porque lo quiere así porque sí. Por otro lado, es víctima de una sociedad que, por una parte la empuja a eso, y por otra parte después la condena cuando lo hace”.

Con estas palabras, la chilena Elizabeth Bunster, trabajadora social y máster en psicología, comenzó a hablar de su trabajo diario: acompañar y dar apoyo a mujeres que tienen problemas emocionales después de un aborto, ya sea espontáneo o provocado.

Ella estuvo de visita en el país junto con Adriana Avendaño, quien también da acompañamiento a estas mujeres. Ambas estuvieron capacitando a personas para que puedan trabajar con este tipo de mujeres aquí.

La Nación habló con ellas. Este es un extracto de la conversación con Bunster.

 ALEX CARAVACA
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ALEX CARAVACA

¿Cómo comenzó el trabajo con estas mujeres?

Trabajábamos con mujeres embarazadas que buscaban ayuda para no abortar, y poco a poco comenzamos a ver que llegaban mujeres que habían abortado y buscaban ese apoyo emocional.

“Vimos tanto mujeres que tuvieron un aborto espontáneo como mujeres que tuvieron uno que fue provocado”.

¿Cómo se manifiestan esos síntomas que ustedes veían?

“En ninguna mujer es igual, todas son diferentes. Hay distintas intensidades según la mujer, la relación con su familia, la relación con la pareja, el apoyo a su alrededor. Incluso algunas pasan muchos años sin manifestaciones.

”Sin embargo, en las mujeres que hemos atendido sí vemos mucho llanto, pesadillas, culpa, autocastigo, cambios en la relación con su familia, con su pareja y con ellas mismas”.

¿Las manifestaciones se dan por igual en una mujer con aborto espontáneo que en una con aborto provocado?

Hay muchos síntomas que se repiten, pero sí es diferente.

”Hay mujeres con aborto espontáneo que se sienten indirectamente culpables porque creen que algo de lo que hicieron, como algún esfuerzo físico o algo que comieron, ocasionó la pérdida del bebé.

”En ellas también se da algo, y es que muchas personas tratan de decirles cosas como ‘no es nada, ya podrás tener otro bebé’, o ‘todavía estás muy joven y vas a tener más hijos’. Ellas sienten que las personas a su alrededor minimizan su dolor y su queja es: ‘es que no perdí un embarazo, perdí un hijo antes de nacer’.

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“En el caso de quienes vivieron un aborto provocado, el sentimiento de culpa es mayor, aunque hayan sido obligadas por sus padres o por su pareja”.

¿Qué encuentran las mujeres que llegan a buscarlas?

Es abierto a cualquier persona, incluso hombres que hayan perdido un hijo tras un aborto.

“Mucho del apoyo que damos es espiritual y trabajamos desde la Iglesia Católica, sin embargo, recibimos personas creyentes de cualquier fe y no creyentes.

“En el caso de las mujeres con aborto espontáneo, ellas necesitan sentirse comprendidas, acogidas. Hay que darle sentido a la vida de ese niño, que aunque no naciera, tuvo su misión y vino a llenar la vida de esa familia de algún modo.

“En quienes vivieron un aborto provocado, se trabaja la parte de la culpa. Las impulsamos a ver que su hijo las ha perdonado y a trabajar su perdón hacia ellas mismas. Luego, ese dolor puede reasignarse en una misión y las formamos para trabajar con embarazadas o con otras mujeres que han vivido un aborto.

”No podemos condenarlas; ya suficientes dedos las condenan, incluyendo los de ellas mismas. El juzgar, condenar y recriminar no sirven de nada”.

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Irene Rodríguez S.

irodriguez@nacion.com

Periodista

Periodista en la sección Aldea Global. Máster en Salud Pública con Énfasis en Gerencia de la Salud en la Universidad de Costa Rica. Escribe sobre salud, periodismo médico y educación. Ganó el Premio Nacional de Periodismo Científico del Conicit.

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