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Juegos potencian creatividad, habilidad social y emociones

Deje a su niño jugar y jugar... así aprende el arte de negociar

Actualizado el 07 de septiembre de 2013 a las 12:00 am

Actividades les obligan a aprender a respetar reglas para convivir en sociedad

Especialistas concuerdan en la necesidad de dejarle un espacio diario

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Noelia sabe que debe inspeccionar bien a sus pacientes antes de recetarles cualquier medicina, por eso es cuidadosa al revisar primero los ojos y luego el corazón.

A los seis años, Noelia no tiene idea de que deberá pasar estudiando un largo tiempo y que trasnochará muchas noches antes de ser doctora. Ni siquiera tiene necesidad de saberlo porque, en su juego, ella ya lo es.

Igual que ella, sus compañeritos y compañeritas del Jardín de Niños Juan Rafael Mora Porras, cerca del paseo Colón, San José, cuentan a gritos que les gusta jugar pulpería, fútbol, casita, luchas y con muñecos de acción.

En esos momentos de risas, en que los niños dejan volar la imaginación a través del juego, ellos están ejerciendo uno de sus derechos más importantes e indispensable para desarrollar sus habilidades sociales y emocionales.

“El juego es irremplazable”, afirma Marcela González, especialista temática en niñez de la Fundación Paniamor”.

El sistema educativo formal y los padres lo asumen como una extra, que si juegan bien, pero que si no sucede está bien también, pero es necesario para su desarrollo”, sostiene.

González resalta la importancia que tiene el juego libre, aquel en donde el niño es protagonista, tiene libertad inventiva y mantiene el control de lo que sucede. Esto sucede, por ejemplo, cuando simula ser un astronauta, juega casita o se inventa historias con muñecos o con los recursos a mano.

Ian Bermúdez y Tiffany Campos  juegan efusivamente durante el recreo del Jardín de Niños Juan Rafael Mora Porras, ubicado cerca del paseo Colón, en San José. | GESLINE ANRANGO
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Ian Bermúdez y Tiffany Campos juegan efusivamente durante el recreo del Jardín de Niños Juan Rafael Mora Porras, ubicado cerca del paseo Colón, en San José. | GESLINE ANRANGO

“En estos juegos el pequeño ensaya roles sociales y, al ensayarlos, aprende cómo debería comportarse en sociedad, cómo negociar con las otras personas. Ensaya valores y potencia su creatividad”, explica la especialista.

Mónica Berrocal, psicóloga de niños y adolescentes, agrega: “El simple hecho de tener que liderar, seguir o llegar a consenso con respecto a qué jugar, a las reglas del juego, a cómo se acomodan las cosas y qué va a pasar, implica el desarrollo del manejo de la frustración, de la negociación, de la comunicación asertiva, la expresión adecuada de emociones (...). todas destrezas sociales importantes”.

Más libertad. A diferencia del juego libre, en el juego estructurado el niño participa de una dinámica que ha sido definida para él. Es un actor en un guion establecido.

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Para Manuel Martínez, director de posgrado de Psicología en la Universidad de Costa Rica (UCR), es válido estructurar algunos juegos para casos en que se desea desarrollar habilidades específicas o conocimientos, según el propósito que se tenga.

Sin embargo, mantiene que “se debería dejar un marco a la espontaneidad y la creación”.

“Los altos déficit de atención se han asociado a casos en los cuales el niño solo tiene juegos muy estructurados”, advierte González.

Pero además de este riesgo, la falta de juego libre también está ligada a situaciones de ansiedad, depresión, estrés y disminución del pensamiento creativo y empatía.

Así que la próxima vez que su hijo invente que quiere salvar al mundo disfrazado de Batman, tómese la libertad de convertirse en Robin y jugar un poco también.

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