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La crisis dispara las depresiones

Actualizado el 27 de octubre de 2012 a las 12:00 am

El desempleo y los desahucios están detrás del aumento de los problemas de salud mental

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Madrid, España (EL PAÍS). “La depresión, una crisis mundial”, asegura la Organización Mundial de la Salud (OMS) para conmemorar el día de la Salud Mental.

Un nuevo balance hecho público por la consejera andaluza de Salud, María Jesús Montero, revela que uno de cada diez andaluces ha consultado en el último año a su médico de cabecera por problemas de depresión o ansiedad.

“El desempleo, el empeoramiento de la situación económica, los desahucios o el endeudamiento pueden producir o precipitar problemas de salud mental si no se pone remedio”, sostiene Montero.

La crisis ha disparado en un 10% las consultas relacionadas con los problemas de salud mental, que están detrás del 6,7% de las bajas laborales que tramita el Servicio Andaluz de Salud (SAS).

De estas bajas, el 56,6% son por problemas de depresión o ansiedad, detalló la consejera.

Los últimos datos apuntan a que el impacto económico de los problemas de salud mental equivale ya a entre un 3 y un 4% del PIB de la UE. “El coste refleja, sobre todo, la complejidad del problema y su tratamiento”, advierte Montero.

La duración media de una baja laboral en Andalucía es de 41 días; cuando la causa es un problema relacionado con la salud mental, la media se eleva a 69 días. Si es por depresión, a 88, más del doble de la media.

En 2003, la OMS ya alertó de que en 2030 la depresión sería el principal problema de salud, por delante del cáncer, la diabetes o los problemas cardiovasculares. En los últimos meses, ha constatado una ecuación que también tiene en alerta a los médicos y las autoridades sanitarias: un incremento del 1% en la tasa de paro se traduce en un incremento del 0,8% en la tasa de suicidios.

En España, los datos que recoge el INE sobre suicidios no reflejan, al menos por ahora, esta tendencia, pero en países como Portugal y Grecia, sí. “Podríamos deducir que en España hay un colchón, una red, probablemente por su sistema sanitario y otros elementos sociales, que amortiguan las cifras de suicidios, aunque esto no significa que el futuro no pueda ocurrir”, afirmó la consejera andaluza, para quien las cifras que difunde la OMS son “un aviso” que hay que tener en cuenta.

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Uno de los objetivos de dedicar un día a la salud mental, es trasladar que, aunque el problema es grave, tiene tratamiento. Y en el caso de la depresión, casi siempre solución. En los últimos años se han abordado nuevas formas terapéuticas para evitar en la medida de lo posible la medicación, que debería dejarse solo para situaciones de depresión moderada o grave.

El director del II Plan Integral de Salud Mental de Andalucía, Rafael del Pino, defiende la importancia de los medicamentos como herramienta para el manejo de los trastornos mentales. Pero advierte de la necesidad de garantizar su buen uso. “El problema es cuando la medicación se plantea por parte del paciente como la única puerta de salida a sus problemas. Ahí es donde el sanitario tiene que garantizar que se utilice en su justa medida”, señala Del Pino.

Los servicios públicos de salud están explorando otras vías de tratamiento al margen de las tradicionales unidades de salud mental.

En Andalucía, los primeros resultados de los Grupos Socioeducativos de Atención Primaria (GRUSE), puestos en marcha el año pasado, avalan su eficiencia. En estos grupos, liderados por un trabajador social y compuestos por alrededor de 15 pacientes en los que se han detectado síntomas iniciales de problemas de salud mental, se desarrollan acciones de prevención y se fomentan habilidades personales para afrontar de la forma más saludable posible los problemas de la vida cotidiana. Se pusieron en marcha a finales de 2011 y hasta la fecha han pasado por ellos más de 2.000 mujeres.

Los grupos se han centrado en la población femenina porque el 75% de las personas tratadas por depresión o problemas similares en los centros de atención primaria son mujeres de edades comprendidas entre los 31 y los 50 años y con cargas familiares. Los resultados apuntan a que las pacientes han reducido su asistencia a la consulta del médico de familia y que ha bajado la necesidad de derivar a enfermos a las unidades de Salud Mental.

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