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La columna:

El bienestar bajo nuestro control

Actualizado el 05 de abril de 2014 a las 12:00 am

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El bienestar bajo nuestro control

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María Mercedes de la Fuente

Expertaen coaching

“Que este problema se resuelva, que esta persona cambie, que no pase esto, que este resultado se logre, que esta sea una buena semana…”, y también… “que no haya pobres y haya paz en el mundo…”

Lo que tienen en común estas frases es que implican una expectativa de que las cosas pasen porque alguien o algo externo a nosotros las haga pasar. Puede ser Dios, el universo, otras personas, nuestro entorno o la suerte. Investigadores como Rotter, Levenson y Reiner llamaron a esta forma de pensar el “ locus de control externo”. Locus es el latín de “lugar”, por lo que “ locus de control externo” se refiere a pensar que nuestro bienestar está fuera de nuestro control, depende de los demás, de nuestro entorno, e inclusive de cosas que sentimos que no controlamos como el estado de salud o la personalidad.

Una de mis colegas coaches Elsa Rangel me comentaba –y coincido– que para sus clientes adultos, es una perspectiva que podríamos tender a escoger, más veces de las que nos damos cuenta. La limitación de esta es que nos lleva a sentirnos impotentes, enojados o con miedo de no controlar lo que nos hace estar bien. Tendemos a estresarnos por lo que hacen los otros, los cambios en nuestro entorno o en nuestro propio cuerpo.

Estudios posteriores a Rotter demostraron que quienes viven desde el “ locus de control externo”, tienden más al estrés y la depresión. Lo contrario de esta perspectiva, son las personas que viven desde el “ locus de control interno”, que enfocan su atención en lo que sí está en sus manos.

No debe confundirse con la idea de poder controlarlo o cambiarlo todo… Más bien, se refiere a la claridad para distinguir lo que se puede o no hacer por sí mismo para enfocar la energía en lo primero. No es una sorpresa que se haya encontrado que esta perspectiva hace a las personas más eficaces en el trabajo, estudios, salud y relaciones.

“Te lo pedimos Señor. No que cambiés lo que está afuera o a los demás o al mundo, sino a mí. No te pedimos que no haya pobres, sino que yo haga cosas para reducir la pobreza que me rodea… No que cambiés a esta persona, sino que yo cambie mi actitud frente a ella... no que esta sea una buena semana, sino que yo haga de esta una gran semana”.

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