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Según la OMS, el 2,3 % de la población mundial padece ataques de pánico

Si la ansiedad toca a su puerta, sepa cómo hacerle frente

Actualizado el 01 de septiembre de 2013 a las 12:00 am

A 40 millones se le ha diagnosticado ese tipo de problema en Estados Unidos

Las mujeres son las principales afectadas por este padecimiento

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Sensaciones como ganas de salir corriendo del lugar en el que se está, ahogo, sudoración y palpitaciones caracterizan los episodios de ansiedad extrema. | LUIS NAVARRO

Mareada, sudando frío, con nervios y taquicardia, Paula Quirós esperaba que llegara la hora de hacer su examen. Extraviada y con ganas de irse del lugar donde estaba, fue a la farmacia a revisarse pues pensó que tenía un “bajonazo de presión”, pero no era eso lo que le pasaba.

Tomó agua, trató de hablar con alguien para pensar en otra cosa y sacó fuerzas de donde pudo para hacer su prueba. Fue la primera vez que Paula se enfrentó con un ataque de pánico.

“Lo que más recuerdo de esas ocasiones es una sensación de impersonalidad, de no ser yo”, recordó Flores.

El incidente no fue aislado; con el tiempo, la joven de 17 años comenzó a notar que los episodios se repetían si ella se alejaba de su zona de confort.

“No podía salir de mi casa sola, no podía montarme al bus, porque sentía que me iba a dar algo ahí”, recuerda esta vecina de Alajuela.

Como Paula, hay miles de personas en el mundo que han experimentado en algún momento de su vida, esos episodios de miedo y ansiedad extrema. De hecho, según la Organización Mundial de la Salud, el 2,3% de la población mundial ha padecido ataques de pánico.

Este mal suele afectar más a las mujeres que a los hombres. El Instituto Nacional de Salud Mental de Estados Unidos así lo confirma, pues registra que de 40 millones de adultos a quienes se les ha diagnosticado ataques de ansiedad, el 60% son mujeres.

Sin embargo, los hombres no escapan a esta realidad. Tres años atrás, Dixon Flores tuvo una experiencia de estas, luego de volver de un paseo familiar.

“Estaba rasurándome. De un momento a otro sentí un calor que me subió, me vi en el espejo, tenía la cara roja, roja. Bajé corriendo donde mi esposa y le dije que me sentía mal y que me iba a morir. Esa es la sensación, sentís que te vas morir”, recordó.

Ese día Dixon fue a parar al hospital, y como padecía de jaquecas y había tomado pastillas para el dolor de cabeza, lo trataron como un caso de intoxicación.

Tiempo después tuvo nuevos episodios y también fue a parar a Emergencias. “Lo que más recuerdo de esas ocasiones es una sensación de impersonalidad, de no ser yo”, recordó Flores.

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Tras descartar que sus síntomas tuvieran un origen físico y discutir los síntomas con su esposa —que es psicóloga clínica— juntos encontraron que este vecino de Tres Ríos padecía episodios de ansiedad.

No todos los trastornos de ansiedad son iguales; de hecho, hay varios tipos: está el generalizado, el obsesivo compulsivo, el estrés pos traumático, la fobia social y hasta las fobias específicas.

Efectivamente, para que aparezcan ataques como los que Paula y Dixon sufrieron, es preciso que se combinen varios factores, explicó Silvia Araya, la psicóloga y autora del libro Confíe y viva sin pánico .

“Hay un componente genético que está presente. También las creencias que tiene la persona respecto a las enfermedades y la muerte y a eso se suman el estrés o las situaciones traumáticas que hayan sucedido en la vida”, comentó.

De la calma a la tormenta. Cuando una persona experimenta un episodio de ansiedad –que se extiende en promedio 10 minutos— no quiere decir que se esté “volviendo loca” , sino más bien que su organismo la está protegiendo de una amenaza, aunque esta no sea real.

Las investigaciones científicas aseguran que la amígdala (estructura en forma de nuez ubicada en el cerebro) y el hipotálamo tienen su peso en el tema de la ansiedad.

Mientras que la primera se encargará de identificar que un evento es una amenaza o es sinónimo de miedo, el hipotálamo notificará al resto del cuerpo y lo hará liberar adrenalina y noradrenalina. Es decir, lo pondrá en alerta.

Esto explicaría por qué durante este tipo de ataques la persona experimenta síntomas físicos como aceleración del ritmo cardíaco, sudoración, hiperventilación o náuseas, por ejemplo.

En el número de agosto de la revista Neuron , expertos del Instituto Tecnológico de Massachusetts publicaron una investigación efectuada con ratones.

En el estudio determinaron que la amígdala y el hipocampo (asociado con la memoria episódica) contribuían a disparar los niveles de ansiedad en estos animales.

Cuando los investigadores activaron la conexión entre las células de la amígdala y el hipocampo, los ratones pasaron más tiempo en los bordes de un recinto, actitud que sugería que estaban ansiosos.

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Mientras que cuando cortaron la conexión se volvían más aventureros y se mostraban más capaces de explorar espacios abiertos.

Tye Kay, profesor asistente de Ciencias Cognitivas y del Cerebro aseguró que este tipo de investigaciones pueden abrir el camino hacia la creación de mejores medicamentos tratar la ansiedad.

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Monserrath Vargas L.

movargas@nacion.com

Periodista de ciencia y tecnología

Redactora en la sección de Aldea Global de La Nación. Periodista graduada por la Universidad de Costa Rica. Escribe sobre ciencia y tecnología.

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