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Un ambicioso montaje logrado con recurso local

Actualizado el 12 de febrero de 2017 a las 12:00 am

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La museografía, el conjunto de técnicas y prácticas relativas al funcionamiento de un museo, es un área poco explorada en Costa Rica.

Por esa razón, cuando es necesario emprender un montaje de ese tipo, la mayoría de las veces, los trabajos son asumidos por firmas extranjeras dedicadas a esta actividad.

Sin embargo, en esta ocasión fue distinto, asegura Rónald Quesada, museógrafo, quien coordinó el ensamblaje de la nueva Sala de Historia del Museo Nacional.

“Lo más importante del proceso es que ha sido una sala que se hizo con recursos nacionales, desde materiales hasta humanos”, explicó.

Según el especialista, cuya carrera de cabecera es la Arquitectura, se trató de una propuesta ambiciosa que, según considera, fue exitosa.

“Con el diseño que se desarrolló y con la empresa que se ‘apuntó’ con el proyecto se logró algo muy bien trabajado. Se hizo toda una investigación en grandes museos como el Smithsonian, en Washington, y el Metropolitano, en Nueva York. La meta fue recrear una sala de primer mundo, digna de estar en cualquiera de ellos”, explicó el experto.

Las obras las desarrolló Rodríguez Constructores y Asociados (ROCA).

Todo un concepto. Pero, ¿cómo se planea el montaje de una sala de museo? Como la mayoría de obras de arte, requiere un guión, el cual fue concebido por la curadora del Museo Nacional, Gabriela Villalobos.

Una vez que la curadora determina cuál es la historia que se va a contar, vienen importantes detalles como la cantidad de bienes que se exhibirán y su disposición dentro del espacio existente.

A esto se suman consideraciones como el tipo de iluminación y el acceso universal a las instalaciones.

En el caso de la nueva Sala de Historia, esta cuenta con rampas para personas con discapacidad, así como objetos que pueden ser tocados y hasta el sonido de una carreta, en el área donde se representan los símbolos nacionales.

Una de las particularidades es que los textos para guiar a los visitantes no están adheridos directamente a la pared, sino a una capa de vidrio pegada a los muros, lo que protege la estructura del edificio donde habita el museo.

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