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Sentirse excluido en redes sociales causa frustración

Actualizado el 30 de mayo de 2015 a las 12:00 am

El término FOMO, construido por sus siglas en inglés, alude al miedo a perderse de algo y es la forma moderna con que se denomina el temor social más antiguo: la exclusión

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Expertos dicen que es un síndrome cada vez más habitual entre las personas. Imagen con fines ilustrativos | MELISSA FERNANDEZ/DISEÑO LN

Susana pierde la paz cada vez que entra a su cuenta de Facebook y observa fotos de sus amigos disfrutando de momentos divertidos con otras personas, en algún evento social al que no fue invitada, o conociendo lugares que ella nunca ha visitado.

“Es muy frustrante. ¡Siento que me estoy perdiendo de tantas cosas! Ellos están pasándola bien mientras yo estoy aquí solamente leyéndolos”, asegura la joven de 27 años, quien prefirió guardar su identidad en el anonimato.

El sentimiento de exclusión que experimenta Susana no es simple frustración ni tampoco envidia; de hecho, se denomina médicamente FOMO, por las siglas en inglés de Fear of Missing Something (miedo a perderse de algo).

Según los expertos, cada vez es un síndrome más habitual entre las personas, especialmente en los jóvenes, pero no solo ellos lo sufren.

Los especialistas explican que el uso masivo de teléfonos inteligentes y el fácil acceso y la inmediatez de las redes sociales, ha cambiado, significativamente, la forma de vivir cada momento y hasta de cómo comportarse en cada actividad.

Hoy, muchas personas hasta se pierden por completo de paisajes y escenarios naturales en paseos, porque están más preocupadas por tener carga suficiente en el celular para tomar la fotografía y, por supuesto, compartirla en redes sociales “para parecer interesante”.

La psicóloga y profesora de la Universidad Nacional (UNA) Gabriela Vindas lo interpreta así: “Quienes padecen de FOMO presentan un deseo de estar conectados permanentemente a lo que los demás están haciendo y, al descubrir que algunos la están pasando mejor que ellos, perciben sensaciones de ansiedad e inferioridad. Incluso, en algunos casos esto podría ser un detonante de la depresión, principalmente en personas que tienen alguna predisposición a trastornos psicológicos.

”El temor a ser excluido siempre ha existido, solo que ahora las redes sociales lo exponen más. La gente siempre ha tenido la necesidad de pertenecer a un grupo y todos nos sentimos extraños cuando nos perdemos de algo. Lo malo es cuando esa sensación nos empieza a afectar más allá de lo normal. En ese momento, lo más recomendable es buscar ayuda terapéutica”, dijo la psicóloga.

Estatus y popularidad. Otro factor que contribuye al aumento del FOMO es la obsesión por desarrollar una especie de “marca personal”, agregó Vindas.

“Quienes padecen este síndrome, se atormentan y preocupan por visitar los lugares de moda en los que todos se etiquetan y asisten a la mayor cantidad de eventos sociales, procurando que sus amigos los vean. Estas personas se preocupan además por mantener y mejorar su ranquin social, su número de seguidores en Twitter o la cantidad de “me gusta” en Facebook, y estos factores pueden hacerlos sentir más –o menos– excluidos”.

Susana reconoce sentirse abrumada por la cantidad de información que recibe en sus redes sociales y admite que a veces su necesidad de sentirse integrada la ha llevado a modificar sus planes.

“Recuerdo, por ejemplo, que el primer partido que la Selección jugó en el Mundial de Brasil yo lo vi en mi casa con mi familia, pero cuando empecé a ver en mi Facebook a amigos celebrando en bares con otra gente, perdí la paz. Y fue peor cuando ganamos y vi a todos en la fuente de la Hispanidad, mientras yo estaba aburrida en mi casa. Eso hizo que para el siguiente partido yo buscara, desesperadamente, a un grupo de amigos para verlo fuera de mi casa”, confesó , tras reconocer que tuvo una fuerte ansiedad.

Un estudio realizado por el científico estadounidense Andrew Przybylski explica estas reacciones.

Según él, la condición FOMO es más común en quienes tienen necesidades psicológicas insatisfechas, tales como querer ser amado y respetado. Es decir, este síndrome afecta especialmente a personas con baja autoestima.

El experto rescata como efecto beneficioso de este síndrome que puede animar a las personas a ser socialmente más activos y motivarlas a estar en contacto con amigos. “Nunca es tarde para reconectar con un antiguo amigo que vive cerca, o un viejo compañero de estudios y empezar a planificar actividades con él”, añadió la experta.

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