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Entrevista

Papás y mamás no deben ser ni alcahuetes ni policías

Actualizado el 29 de octubre de 2013 a las 12:00 am

¿Quién dijo que ser papá o mamá era fácil? Mucho menos cuando los hijos están en la etapa de la adolescencia y plantean, un día sí y otro también, enormes retos para sus progenitores. Recientemente, las fiestas intercolegiales se han unido a esa larga lista de encrucijadas familiares por los riesgos que algunas de ellas pueden representar para los menores. ¿Cómo manejar estas situaciones? Una especialista del IAFA le da algunas guías.

Paula Picado Psicóloga del IAFA

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Papás y mamás no deben ser ni alcahuetes ni policías

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 JORGE NAVARRO
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JORGE NAVARRO

Entrar en el mundo de los adolescentes, conocerlo, comprenderlo y salir airoso, es un reto para cualquier padre o madre de familia.

La psicóloga clínica Paula Picado, supervisora técnica del Centro para Personas Menores del Instituto sobre Alcoholismo y Farmacodependencia (IAFA), conversó con La Nación sobre algunas preguntas que rondan a los padres de familia, a raíz de situaciones de peligro como las fiestas intercolegiales.

Picado aclaró que es muy difícil establecer un manual para padres sobre este tema, pues cada hogar es un mundo que funciona bajo su propio código de valores y sistema de reglas.

Si mi hijo(a) me pide permiso para ir a una de estas fiestas, ¿lo dejo ir o no?

La decisión es más compleja que decir sí o no. Hay que tomar en cuenta varios factores como el sistema de valores del hogar y la definición de límites. Es fundamental conocer a su hijo(a), saber cuáles son su intereses, con quiénes se relaciona y qué tipo de ambientes frecuenta con esas personas.

”Como adolescentes, ellos van a querer ir a las fiestas por divertirse, pero además porque hay mucha presión de ser aceptado en el grupo. Sobre los padres pesa la responsabilidad de prever si el chico está en riesgo. El adulto responsable debe estar muy bien informado antes de tomar una decisión”.

¿Hay que convertirse en policía de los hijos?

Ninguna posición extrema es recomendable, pues se va a generar un efecto adverso. Si actuamos como policías, el muchacho va a intentar liberarse de esa opresión a toda costa.

”Pero tampoco se le debe dejar que actúe por la libre, sin ninguna supervisión, pues el adolescente está apenas aprendiendo a tomar sus propias decisiones.

”Lo ideal es mantener una comunicación asertiva: conversar con él o ella sobre el panorama general de lo que podría ser la fiesta y analizar los posibles riesgos. Si lo deja ir hay que definir, claramente, las condiciones y advertirle de que debe cumplirlas”.

¿Hasta dónde deben llegar los padres al intentar controlar a sus hijos? ¿Deben registrar su cuarto, su bulto, sus pertenencias?

Los padres deben estar alerta y controlar las conductas de sus hijos, pero no con el estilo de un criminólogo.

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”Por ejemplo, si uno nota que anda con un par de tenis, o un iPod que no se le compró en la casa, hay que sentarse a conversar con él y preguntarle cómo lo consiguió y a cambio de qué, ¿de dinero?, ¿de algún favor? Recordemos que no hay almuerzo gratis y en esta vida todo tiene un costo.

¿De qué forma se debe ejercer ese control?

Lo recomendable es un tipo de control sistemático y estratégico; es decir, que los padres estén siempre pendientes, pero de forma disimulada pues los muchachos no deben sentir jamás que los están espiando ni que se desconfía de ellos.

”Por ejemplo, si mi hijo me dice que va ir a hacer un trabajo del colegio con sus compañeros, es mejor invitarlos a la casa para conocerlos y compartir con ellos. No es que nos vamos a sentar con ellos a hacer las tareas, pero si uno anda por ahí le puede poner atención a sus comportamientos, escuchar el lenguaje que usan y hasta entablar una conversación con ellos.

¿Cuál es la diferencia entre ser autoritario y tener autoridad?

La figura parental es eso, precisamente, pero la forma en que ejerce su función es lo que hace la diferencia. La comunicación debe ser reflexiva: hay que dialogar con los hijos, dejarlos que expongan su posición, escucharlos, luego pedirles que escuchen nuestra posición y si cometieron un error, hacérselos ver. El padre o a madre que pega cuatro gritos y da un portazo no está cumpliendo bien su papel.

¿Cuál es el mejor momento para hablar y cómo hacerlo?

La comunicación y la supervisión de los hijos comienza desde la más temprana infancia, no hay que esperarse hasta la adolescencia para venir a conocerlos. El acercamiento va a depender de la dinámica de cada familia.

”Es recomendable que las conversaciones sean en lugares neutros, como una sala o una terraza. Hay que evitar los temas polémicos o desagradables durante la hora de comida, pues ese es un espacio para compartir”.

¿Deben ser los padres los que den el primer paso?

Si la iniciativa viene del muchacho o muchacha, hay que dejar lo que se está haciendo y prestarle atención, porque si nosotros no lo hacemos, entonces, va a buscar a otras personas que quizá no le pueden dar un buen consejo.

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¿En qué se debe fijar un padre para saber si algo anda mal?

Las crisis emocionales son normales entre los adolescentes; sin embargo, si ocurre un cambio muy radical en el comportamiento –como pasar de ser un chico tranquilo y obediente que sacaba buenas calificaciones a un joven agresivo y desobediente–, hay que preguntarse y preguntarle qué fue lo que pasó.

¿Y si ya el muchacho está fuera de control?

En ese caso, se recomienda la intervención de un especialista, pues no es una tarea fácil.

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