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Ofrecer una nueva luz a los ojos pero con cuidado

Actualizado el 05 de abril de 2015 a las 12:00 am

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Ofrecer una nueva luz a los ojos pero con cuidado

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Los láseres se usan en la oftalmología desde 1963, y hoy se emplean en cirugías para tratar el glaucoma y cataratas, en trasplantes de córnea y más. El llamado láser Stroma es el primero con fines estéticos.

“La longitud de onda es lo que cambia entre un láser y otro, y a su vez eso varía el tipo de tejido que se ve afectado”, explicó el oftalmólogo José Alejandro Bolaños, quien no está ligado al estudio que lleva a cabo Stroma Medical.

“Por ejemplo, el láser excimer, que se usa en cirugía refractiva, afecta la córnea. Pero con el láser argón, el rayo atraviesa la córnea y afecta la retina, y a la córnea no le pasa nada”, detalló Bolaños.

La afectación dependerá de la transparencia, pigmentación y acuosidad del tejido y de la longitud de onda, potencia, duración y tamaño del haz del láser.

Bolaños señaló que toda nueva tecnología debe estudiarse de manera rigurosa antes de lanzarla al mercado.

“Año a año hay innovaciones. Y a veces se emplea un láser en un uso diferente o nuevo, porque se investigó y se sabe que de esa forma funciona bien. Es igual que con los medicamentos”, comentó.

Como en todo nuevo desarrollo médico, el Stroma láser no estuvo libre de cuestionamientos sobre su seguridad.

Los mismos científicos que crearon la técnica pidieron a un grupo de doctores que listaran las cosas que podrían salir mal con esta tecnología. Según explicó el médico que dirige la investigación en Costa Rica, la más importante de ellas era la posibilidad de que, al liberarse el pigmento, se bloquearan los conductos de fluidos en el ojo y así aumentara la presión intraocular. Esto pondría al paciente en peligro de sufrir glaucoma y perder la vista.

Durante los análisis, ese riesgo quedó descartado pronto y se descubrió que usando una frecuencia especial del láser se logra reducir el tamaño del iris y también la presión en el ojo, lo que más bien combate el glaucoma. Además, se halló que ayudaría a personas con heterocromía, anomalía en la que el iris tiene colores distintos.

A escala internacional, el procedimiento ha despertado el debate sobre el interés por realizarse cambios físicos radicales.

El desorden de dismorfia corporal se reconoce como un padecimiento real y lleva a muchos a practicarse tratamientos estéticos que no necesitan.

La Asociación Estadounidense de Psicología reporta que las personas sanas, pero disconformes con algún aspecto de su cuerpo, se sienten más felices en relación con él luego de hacerse el cambio que querían.

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