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¿Meta la panza? No, ¡relaje la panza!

Actualizado el 08 de marzo de 2014 a las 12:00 am

Experta en coaching

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¿Meta la panza? No, ¡relaje la panza!

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A muchas mujeres desde pequeñas se nos dice: ‘¡meta la panza!’ La respuesta a esa orden, normalmente, es una tensión muscular a la cual después nos acostumbramos.

La relajación del cuerpo o su tensión tiene una función importantísima en la salud mental, emocional y física, y, por supuesto, en la supervivencia frente a peligros reales del entorno.

Saber distinguir que el botón de la tensión está encendido, nos da la capacidad de tomar decisiones conscientes frente al peligro que nuestro cuerpo está percibiendo. Pero si andamos inconscientemente con el botón permanentemente encendido, perdemos esa capacidad de discernir entre el peligro presente y el pasado, y afectamos otras capacidades de nuestra mente y cuerpo.

En el New York Times , Daniel Goleman, psicólogo estadounidense, autor del concepto de inteligencia emocional, reveló los hallazgos de una investigación sobre la tensión muscular y los beneficios de la relajación.

Entre esos hallazgos, está la reducción del estrés mental y emocional, el fortalecimiento del sistema inmune, la apertura de vías respiratorias en cuadros asmáticos y la reducción del dolor.

En muchos hospitales se les da a los pacientes un programa de relajación con técnicas probadas. Más recientemente, los estudios de Bárbara Friedrickson encontraron una relación inversa entre el estrés y la capacidad de pensar creativamente. Las empresas modernas también están empezando a implementar programas de relajación para ayudar a sus trabajadores a pensar y trabajar mejor.

Parece, entonces, que cuando inducimos a nuestras niñas y niños y a nosotros mismos a tensar cuerpos en realidad estamos reduciendo nuestra capacidad de responder bien a la vida.

Por el contrario, cuando les enseñamos a identificar la tensión, entender lo que la está causando, relajarla y pensar más tranquilamente, estamos regalándoles salud mental y física.

Pero, ¡ojo! Somos los primeros en ser fuente de tensión o de relajamiento. Quienes son vistos como autoridad tienen un efecto “espejo” sobre los demás: si están tensos generan tensión y si están relajados, generan una respuesta inconsciente de relajación.

Cuando uno está cerca de un bebé es muy fácil darse cuenta de cuánto influye en que el bebé pueda calmarse, el hecho de que nosotros mismos estemos calmados.

Por eso, ¡a ser el primero en relajar la panza!

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