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La vida después de someterse a un trasplante

Hábitos saludables son las ‘secuelas’ tras una donación

Actualizado el 01 de agosto de 2013 a las 12:00 am

Receptores y donantes de órganos aseguran llevar un día a día normal

Los tabúes y la falta de información son la gran preocupación de los pacientes

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Hábitos saludables son las ‘secuelas’ tras una donación

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Cuando una persona se enfrenta con un trasplante de órganos, la primera pregunta que se plantea es qué pasará.

Surge el miedo y el desconocimiento a las secuelas posteriores al paso por el quirófano.

Una vez superado el trance, la vida cambia, se abre un nuevo capítulo y se convierten en realidad los sueños que antes no se podían cumplir por la falta de salud. Entonces, poder volver a la rutina se convierte en un regalo.

Así se escribieron las historias de Jorge Chaves, que hace más de dos años donó un riñón a su hija Priscilla, y la de Andrea Montes de Oca, que ha recibido dos veces córnea en su ojo izquierdo.

Chaves, de 42 años y administrador de empresas, afrontó, junto con su esposa, las dificultades de un parto gemelar. Cuando parecía que los dos bebés iban a perecer, la pequeña Priscilla logró salvarse.

Este “milagro”, como lo calificó Chaves, no duró mucho tiempo. Con los años, la pequeña desarrolló insuficiencia renal crónica.

La única solución para dar una vida mejor a Priscilla era la donación y Chaves no lo dudó. Tiene cuatro hijas y haría todo lo que estuviera en sus manos por ellas.

A pesar de los miedos iniciales, se sometió a la prueba de compatibilidad necesarias para realizar una donación. La operación se programó en el Hospital de Niños, cuando Priscilla tenía seis años y su riñón solo funcionaba al 20%.

Primero, entró Chaves al quirófano para que le fuera extraído el riñón y, tras cuatro horas, llegó su hija para recibir el órgano.

¿Y qué pasó después de la cirugía? La ansiada normalidad.

“A las dos horas de operada, mi hija ya estaba orinando con su riñón nuevo y, tras tres meses de aislamiento, regresó a la escuela”, narró este donante, que no puede ocultar la sonrisa de ver sana a Priscilla, quien ya tiene nueve años.

La vida ha mejorado para esta familia tras acceder a la donación.

“Ha sido todo un cambio de mentalidad en la casa, de hábitos, de mayor higiene; todos hemos aprendido a comer menos sodio en la casa”, explicó Chaves.

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Precisamente, esas buenas costumbres son las que asegurarán el éxito del trasplante de Priscilla.

Su riñón funcionará con normalidad al menos 12 años.

Chaves calcula que su hija necesitará dos donaciones más en el futuro. Por suerte, su madre también es compatible con ella y cuenta con el apoyo de sus hermanas.

Además, los gastos de las operaciones están cubiertos por la Caja Costarricense de Seguro Social (CCSS).

Con nuevos ‘ojos’. La misma fortuna tuvo Andrea Montes de Oca, de 30 años y técnica de computadoras, que cuenta su historia entre lágrimas por la felicidad que le supone haber recuperado la vista.

Para esta joven todo comenzó cuando tenía 13 años y empezó a fracasar en el colegio. Sus compañeros de clase pensaban que no se esforzaba en estudiar, hasta que un médico le detectó queratocono (degeneración que se produce en la córnea por rascado continuo o por genética).

Montes de Oca empezó a tener dificultades para ver a larga distancia y a usar anteojos de “culo de botella”, según describió.

A los 21 años, su ojo no aguantó más. “El doctor me dijo que, si no me hacía el trasplante de córnea, a los seis meses me quedaría sin vista”, aseguró la joven.

En el 2004, recibió la primera córnea, pero en el 2008 tuvo que volver a someterse a la operación en la Clínica Oftalmológica de la CCSS porque su ojo la rechazó.

También enfrentó los comentarios de las personas que le decían que vería la vida del donante muerto a través de su ojo.

Un mito que juega en contra de la donación porque son pocos los que se atreven a donar este tejido.

A los cuatro meses de salir del quirófano, Montes de Oca pudo cumplir sus deseos de convertirse en técnico de soporte de computadoras, haciendo así oídos sordos a los que le desaconsejaron tal idea.

En la actualidad, tiene una hija y le gustaría poder dar las gracias a los familiares de sus donantes por regalarle una nueva vida.

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