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Estudio del Instituto Max Plank en Alemania

Dormir ayudaría a los bebés a distinguir entre palabras con significado y ruidos sin sentido

Actualizado el 15 de agosto de 2017 a las 10:55 pm

Este aprendizaje ya se ve en menores de seis a ocho meses

La segunda etapa del sueño parecen ser de mayor importancia en la formación de esta memoria lingüística

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Dormir ayudaría a los bebés a distinguir entre palabras con significado y ruidos sin sentido

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El sueño es de vital importancia para que los bebés asocien los sonidos a objetos o ideas concretas y así aprender a hablar. (Freeimages.com)

El cerebro en los bebés tiene procesos sumamente activos mientras el menor duerme. Y una de ellas está directamente ligada con el aprendizaje del lenguaje.

Un estudio del Instituto Max Plank en Alemania indicó que los bebés, incluso desde sus seis meses de vida, logran distinguir cuando un sonido sí es una palabra con significado y cuándo es un ruido sin sentido, y esta construcción se hace durante el sueño.

Hasta el momento, solo se creía que esto podría desarrollarse en niños después de los dos años, pero la investigación, publicada en la revista Current Biology, demostró lo contrario.

Para ello, los científicos inventaron dos palabras, "bofel" y "zuzer", pero a "bofel" le dieron un significado. Cada vez que el científico hablaba de "bofel", le enseñaba un objeto. No todos los "bofel" eran idénticos, pero sí tenían características similares.

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"Es como decir 'gato', no todos los gatos son iguales, tienen diferentes colores, tamaños y características, pero comparten muchas. Eso hicimos con los 'bofel', podían diferenciarse en tamaño o color, pero compartían muchas características", comentó en un comunicado de prensa Angela Friederici, una de las científicas a cargo.

"Creamos las palabras y nosotros mismos hicimos los objetos para asegurarnos que no hubiera información o conocimiento previo en los bebés. Si es una palabra que los padres usan mucho, es lógico que estén más familiarizados con ella que niños cuyos padres no usan tanto esa palabra, por eso creamos las nuestras", añadió.

Al principio, los niños no reconocían un "bofel" nuevo como un "bofel", les parecía que era un objeto completamente único y diferente, y daba lo mismo cuando oían la palabra "bofel" o "zuzer".

A mediodía, la mitad de los bebés tomó una siesta de entre 30 y 50 minutos y la otra mitad no. Al cabo de una hora, los científicos le mostraron el mismo objeto y les dijeron la palabra "bofel" y "zuzer". 

Quienes sí habían dormido sí podían diferenciar cuando un término era correcto e incorrecto, y, si les decían "bofel", volvían a ver al objeto con ese nombre. Los bebés que permanecieron despiertos no pudieron hacerlo. El aprendizaje del concepto se consolidó durante el sueño.

La duración de la siesta también influyó. Después de dormir media hora, los niños ya podían asociar un estímulo visual (el tener el objeto frente a sus ojos) con el estímulo auditivo (escuchar la palabra). Durante el sueño su cerebro logró filtrar y relacionar esa palabra con ese objeto.

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Quienes durmieron por 50 minutos, registraron una reacción cerebral que solo se creía posible en niños mayores y adultos. Se trata del llamado componente N400, que indica que también las palabras que no tenían significado alguno fueron procesadas por el cerebro e identificadas como "no correctas". De esta forma, cuando un científico tomaba un "bofel" y decía la palabra "zuzer", el menor ya identificaba que eso estaba incorrecto.

Los logros fueron demostrados por la actividad cerebral registrada en resonancia magnética.

Etapa esencial

De acuerdo con los científicos, lo sucedido en la etapa 2  del sueño son determinantes para la formación de esta memoria. En este momento, el sueño todavía es ligero, pero la actividad cerebral es sumamente amplia.

"Solamente durante el sueño, cuando el cerebro del niño se desconecta del mundo exterior, la mente puede concentrarse y guardar este tipo de relaciones entre palabra y objeto y crear un concepto. Solo durante esa interacción entre la exploración mientras está despierto y luego dormir para procesar esos conocimientos es que se pueden desarrollar bien las capacidades de los niños", manifestó a la prensa Manuela Friedrich, una de las investigadoras.

Los científicos indican que seguirán estudiando el tema, pero ya tienen visto cómo el cerebro trabaja de forma muy rápida en estas edades para formar nuevos conocimientos.

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Irene Rodríguez S.

irodriguez@nacion.com

Periodista

Periodista en la sección Aldea Global. Máster en Salud Pública con Énfasis en Gerencia de la Salud en la Universidad de Costa Rica. Escribe sobre salud, periodismo médico y educación. Ganó el Premio Nacional de Periodismo Científico del Conicit.

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