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Derrames cerebrales: A paso firme contra el enemigo silencioso

Actualizado el 22 de marzo de 2014 a las 12:00 am

Los llamados derrames cerebrales ocurren, en su mayoría, después de los 55 años.

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En 2012, 1.281 ticos murieron por derrames: una tasa de 2,8 muertes por cada 10.000 habitantes. (GN)

Los accidentes cerebrovasculares tienen que ver con la ruptura de una arteria que alimenta el cerebro (derrame) o la obstrucción del flujo sanguíneo (isquemia) y se asocian con el envejecimiento. La mayoría ocurre en personas que sobrepasan los 55 años.

Pero lo anterior no excluye a los menores. La tasa de apoplejías o derrames entre los adultos jóvenes está en aumento, posiblemente ligada a malos hábitos de vida; léase, falta de ejercicio y alto consumo de grasas nocivas.

Hasta aquí, tiene sentido. Evolutivamente hablando, el ejercicio es indispensable para el organismo humano.

Lo novedoso es que Michelle McDonnell, psicoterapeuta de la Universidad de Adelaide, Australia, especuló que, para evitar el riesgo de una apoplejía, a las mujeres les podría convenir más hacer ejercicio menos vigoroso, como caminar, en lugar de sudar copiosamente con ejercicio intenso.

En su reunión a comienzos de este año, la American Stroke Association (ASA) apoyó la teoría de McDonnell.

La ASA citó un estudio de Sophia Wang, del Beckman Research Institute, en California, el cual halló que, efectivamente, caminar rápidamente durante 30 minutos, cinco veces por semana, reduce en un 20% el riesgo de un derrame en las mujeres.

“Fue sorprendente descubrir que una actividad más agotadora, como trotar, no reduce más el riesgo. En este escenario, lo ideal entonces para las mujeres es una buena caminata”, dijo Wang a Medical News Today.

Una posible explicación es que las mujeres podrían ser más susceptibles a los excesos de estrés físico que el “cardio convencional” impone sobre el corazón.

Los hombres, en cambio, necesitan el ejercicio intensivo para bajar el riesgo de apoplejías, según apoyan varios estudios, uno de los cuales apareció en Neurology , en 2009.

Ejercicio bajo el sol. El otro estudio interesante es que el sol puede jugar un papel importante en la prevención de un accidente vascular cerebral (AVC).

El Journal of Investigative Dermatology , en Inglaterra, reporta en febrero pasado que exponerse a la luz del sol reduce la presión arterial alta porque altera el nivel de óxido nítrico (NO) en la piel, lo cual dilata los vasos sanguíneos.

Para conducir este estudio, se expuso a 24 voluntarios a sesiones de 20 minutos de luz ultravioleta, que emana del Sol.

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La revista indexada DermatoEndocrinology informó, en 2012, de que inducir óxido nítrico en el sistema ayuda a proteger la piel contra la radiación ultravioleta.

Esta es una conexión interesante y, según el estudio, inesperada. Además de ofrecer protección cardiovascular, el óxido nítrico promueve la curación de heridas, dice el doctor Dan Pardi, del Departamento de Ciencias del Comportamiento de la Universidad de Stanford.

“Todos esos beneficios son una razón más para hacer ejercicio bajo el sol. Idealmente, al mediodía”, agregó el especialista. Entre otras cosas, porque exponer la piel al sol también ayuda a optimizar el nivel de vitamina D.

Idealmente, según varias fuentes médicas, una persona necesita un nivel de 50-70 nanogramos por mililitro de vitamina D de forma sostenida.

Exponerse al sol con precaución puede ser más efectivo que una píldora. Y hacerlo mientras da una rápida caminata es barato, divertido y, para las mujeres, un escudo más contra el enemigo silencioso que constituye un accidente cerebrovascular.

Ángela Posada-Swafford escribe temas de ciencia desde Miami, EE.UU.

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