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Canas en movimiento

Actualizado el 12 de abril de 2014 a las 12:00 am

Pasar de los 60 años, lejos de ser un límite, debería ser un incentivo para no dejar de mover el cuerpo. Está comprobado que la actividad física rejuvenece

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Practican taichi: Jetty Gutiérrez, Haydeé Jiménez y María Eugenia Anchía. Instructora de taichi: Ligia Salazar. Locación: Centro Tai Chi Bambú Dorado, taichicr@gmail.com Producción: Jairo Barrantes. Fotografía: Ana Lucía Rodríguez.

Hace ocho años, un infarto cambió radicalmente la vida de Yolanda Hernández, una activa mujer que asistía a clases de manualidades y llevaba una década practicando gimnasia.

Ahora, con 72 años, se siente más llena de vida que nunca gracias a la práctica del taichi.

“Cuando me topo con personas como yo, aunque no tengan problemas del corazón, les digo que con esto uno se siente completamente en equilibrio”, cuenta Yolanda, quien lleva siete años de practicar este arte marcial chino.

A sus 79 años, Midey Madrigal no puede imaginar su vida sin la natación. Aún recuerda cuando, hace 24 años, el médico le recomendó esta disciplina para aliviar sus dolores de espalda.

Yolanda y Midey han desechado la idea de que el deporte está reservado para los jóvenes.

Estas dos mujeres son parte del grupo que asiste a las clases organizadas por la Asociación Gerontológica Costarricense (Ageco), una institución que ofrece opciones para que los adultos mayores no pierdan –o adopten– el saludable hábito de realizar actividad física.

El ejercicio físico tiene múltiples beneficios para la salud. Por ejemplo, puede retrasar el paso de los años y ayuda a pasarles de lado a las complicaciones de varias enfermedades.

“La actividad física tiene muchísimos beneficios: hace que la sangre circule bien, y, por eso, mejora la condición del corazón; también mejora el sistema óseo, aumenta el apetito y la digestión”, explica Ana Matilde Ordeñana, educadora física de Ageco.

Además, Ordeñana señala que el ejercicio mejora el autoestima del adulto mayor ya que puede sentirse más independente. También mejora la calidad del sueño, al reducir el insomnio y proveer más energía durante el día.

Varios estudios enumeran las ventajas del ejercicio para los adultos mayores.

Un artículo publicado en la revista Biogerontology en enero de este año, reveló que el deporte de moderada intensidad en personas mayores es capaz de retardar el proceso de envejecimiento, ya que reduce hasta un 15% el estrés oxidativo de las células.

Investigadores del Centro de Neurobiología en Aprendizaje y Memoria en Irvine, California, EE. UU., hallaron que tan solo 15 minutos de ejercicio cardiovascular diario fortalece la memoria los adultos mayores.

Cura. Según el Censo del 2011, la población mayor de 65 años es de 311.712; y ese número va en aumento en todo el país: el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INEC) proyecta que habrá más de medio millón de adultos mayores para el 2025.

Se calcula que alrededor del 59% de las personas mayores padecen de presión arterial alta y una cifra igual tiene elevados los niveles de colesterol –hipercolesterolemia–; también, el 22% son diabéticos.

Ante este escenario, los investigadores insisten en la necesidad de realizar deportes que mejoren las condiciones de salud y eviten la aparición y progreso de enfermedades crónicas.

El médico especialista en gerontología Fernando Coto Yglesias considera la actividad física como parte del tratamiento de males crónicos.

“Ayuda a conseguir más fácilmente las metas que acordamos médicos y pacientes sobre el nivel de presión, azúcar o colesterol óptimo en cada uno”, indica.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda que los adultos mayores realicen 150 minutos semanales de actividad física moderada en lapsos de, al menos, 10 minutos.

No obstante, el tipo de ejercicio y la intensidad de las rutinas dependen del nivel funcional de cada persona; es decir, de su capacidad para realizar por su cuenta tareas de la vida cotidiana.

Las personas con mayor autonomía podrán alcanzar la meta de 30 a 40 minutos cinco veces por semana. En cambio, a quienes dependen más de la ayuda de otros para funcionar, se les recomienda de 10 a 15 minutos de ejercicios pasivos, asistidos por un terapeuta o familiar capacitado.

Es importante que el ejercicio se realice, al menos, tres veces por semana y que se aumente el tiempo y la intensidad conforme pasa el tiempo. Puede efectuarse una en una sola sesión de 30 a 40 minutos o varias veces al día en periodos de 10 minutos.

“Cada persona es distinta y con la edad se van acumulando cambios que nos hacen más únicos, por lo que antes de iniciar cualquier tipo de ejercicio después de los 60 años de edad, se debería realizar una valoración geriátrica integral”, sugiere Coto.

Por suerte, la oferta es variada y, según los gustos y capacidades, el adulto mayor es quien decide si quiere ponerse las tenis, el traje de baño o el mat de yoga. La vejez no es una excusa para ignorar la actividad física y, más bien, es una llave para mejorar la salud.

“Yo les digo a todos que hagan algo. El remedio más grande es hacer ejercicio, correr, nadar… ¡el que sea!”, concluye Midey.

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