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Proyecto sustituye pinos y eucaliptos en todas las sedes de la Universidad

UCR reverdece su campus con árboles propios del país

Actualizado el 05 de noviembre de 2014 a las 12:00 am

Por cada árbol exótico que se extrae, la idea es sembrar tres de especies nativas

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Con el afán de reverdecer su campus, la Universidad de Costa Rica (UCR) está sustituyendo sus eucaliptos, casuarinas, cipreses y pinos por árboles como damas, ojoches, higuerones y vainillos.

Esta es una iniciativa de rearborización (como la que se ejecuta en el parque La Sabana ) y pretende que, por cada árbol exótico que se quite, se siembren tres nuevos de especies propias de Costa Rica.

Esto, porque las especies nativas se adaptan mejor a las condiciones ambientales del sitio y cumplen funciones ecológicas.

Este proyecto es liderado por la Comisión Institucional de Foresta Universitaria y cuenta con el apoyo de la Oficina de Servicios Generales (OSG). “El proyecto es para todas las sedes. Sin embargo, la sede central Rodrigo Facio (en San Pedro) es prioridad por el contexto urbano donde está. En las otras sedes no hay tanto árbol exótico”, detalló Jorge Rodríguez, coordinador del plan.

Tras un inventario realizado en el 2012, los expertos determinaron que el 40% de las especies de la sede central eran exóticas.

A la fecha, se han sembrado más de 70 árboles en la Ciudad Universitaria. Todos superan el metro de altura, pues este tamaño brinda más posibilidades de supervivencia.

Las plantas provienen de la Finca Experimental Santa Ana (FESA-UCR), el vivero de la Compañía Nacional de Fuerza y Luz (CNFL) y el vivero familiar El Guardián del Bosque, en Guápiles.

Los nuevos árboles están identificados con una placa con su nombre común y su nombre científico.

La madera de los sustituidos es reutilizada en el mismo proyecto para elaborar los encierros de protección, mientras que los residuos de hojas y ramas se llevan a compostar para generar abono.

Devolver ‘lo verde’. Las especies nativas plantadas en la UCR son propias del bosque premontano húmedo: damas, lagartillos, ronrones, urucas, targuás, higuerones, güitites y guachipelines.

El sotacaballo, por ejemplo, es útil para “amarrar” el suelo y por eso se está sembrando en las orillas de la quebrada Los Negritos.

En cambio, el vainillo con sus flores amarillas, y el cortés negro con sus lilas, cumplen funciones paisajísticas y por ello, se plantan cerca de los edificios.

Los frutos del ojoche, muñeco y cerezo sirven de alimento a aves y mamíferos pequeños. Lo mismo que el yos. De hecho, esta es una especie que abundaba en esa zona; de allí el nombre del barrio Los Yoses.

Al devolverle sus funciones ecológicas, el campus favorecerá la conectividad del paisaje.

La urbe constituye un obstáculo para los animales que se desplazan hacia áreas boscosas. Sin embargo, las zonas verdes en la ciudad son como “estaciones intermedias” que facilitan a la fauna cruzar de un lado a otro.

Además, los árboles en las ciudades proveen de refugio y alimento a aves, insectos y mamíferos pequeños, ayudan a regular la temperatura, infiltran el agua de lluvia, protegen los mantos acuíferos y evitan la erosión.

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Michelle Soto M.

msoto@nacion.com

Periodista

Periodista graduada en la Universidad de Costa Rica. Escribe sobre temas ambientales y científicos. Su trabajo ha sido reconocido con premios a nivel nacional e internacional.

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