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Iniciativa en península de Osa busca concientizar sobre importancia de la biodiversidad

Árboles inspiran a los niños para confeccionar faroles

Actualizado el 14 de septiembre de 2016 a las 03:44 pm

Chiquitos decoraron sus creaciones en honor a nueve especies forestales como ceiba, caoba y nazareno

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Árboles inspiran a los niños para confeccionar faroles

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Marco Hidalgo (izquierda) y Luis Poveda (derecha) supervisaron los faroles forestales en bahía Chal. (Cortesía de Juan José Jiménez)

La Ceiba, el árbol sagrado y mágico de los indígenas, brillará con luz propia este miércoles cuando Melany Fernández lo lleve al desfile de faroles en bahía Chal, en península de Osa.

Este año, los niños de las comunidades Alto San Juan, bahía Chal y San Juan aprovecharon las celebraciones patrias para educar sobre la flora con la que conviven diariamente y muchas veces pasa desapercibida.

Por ello, sus faroles están decorados en honor a nueve especies forestales como ceiba, caoba, cornizuelo y nazareno.

Geisel Ríos, niña de 12 años de bahía Chal, elaboró un guapinol con materiales de reciclaje. (Cortesía de Juan José Jiménez)

Las creaciones constituyen una iniciativa de la Reserva Forestal Golfo Dulce con apoyo de Fundación Neotrópica. "Queríamos desarrollar una actividad que fuese divertida, útil y generara un aprendizaje significativo", comentó Juan José Jiménez, administrador de esta reserva que pertenece al Sistema Nacional de Áreas de Conservación (Sinac).

Los funcionarios del Sinac y Neotrópica visitaron las escuelas públicas de estas tres comunidades y explicaron las características de las especies y sus usos medicinales o alimentarios. Al final de la charla, retaron a los estudiantes a elaborar un farol inspirado en esos árboles.

Y la motivación rindió frutos. 29 niños respondieron al llamado y, en conjunto con sus familias, se dieron a la tarea de investigar sobre dichas especies. "Eso hizo que las apreciaran", dijo Jiménez.

Valery Fernández, niña de 12 años de bahía Chal, escogió el cedro como motivo de su farol forestal. (Cortesía de Juan José Jiménez)

"¡Viera qué lindo! Los papás, las mamás y las abuelitas terminaron ayudándoles a los niños a hacer los faroles. Utilizaron materiales reciclados, pintaron el árbol y pusieron hojitas a los lados, incluso pedacitos de ramas viejas. Aparte del árbol, los niños pintaron animales e insectos relacionados con esa especie", manifestó Luis Poveda, destacado etnobotánico costarricense, quien sirvió de juez durante la premiación que se realizó en cada escuela.

De hecho, en uno de los faroles, los niños destacaron las figuras de Poveda y Reinaldo Aguilar, quienes han dedicado su vida a investigar la flora de la península.

Conocer para cuidar. Los faroles forestales se enmarcan en el proyecto de consolidación del Arboretum de la Reserva Forestal Golfo Dulce, el cual se financia con fondos del I Canje de Deuda por Naturaleza entre Costa Rica y Estados Unidos.

Los niños de bahía Chal expusieron sus faroles forestales, los cuales fueron juzgados por el etnobotánico Luis Poveda. (Cortesía de Juan José Jiménez)

"Uno de los objetivos que persigue este proyecto es incrementar el conocimiento y capacidades de las familias de Alto de San Juan, Bahía Chal y San Juan para que desarrollen buenas prácticas en el Arboretum, las cuales favorezcan la conservación de los bosques del entorno, por medio de actividades productivas generadoras de ingreso, para que luego puedan aplicar estas mismas prácticas en sus propios bosques y fincas", explicó Jiménez.

Por esa razón, y según Jiménez, el interés del Sinac es que las familias de esas tres comunidades puedan identificar y reproducir esas especies en viveros. "Por eso necesitamos que las familias reconozcan en el campo a estas especies y además conozcan parte de su historia natural", agregó Jiménez.

En flora, la biodiversidad de la península de Osa alcanza las 3.000 especies de plantas y 800 de árboles. De estos últimos, 32 son especies endémicas, es decir, solo se encuentran en este lugar. Lamentablemente, unos 40 tipos de árboles están amenazados.

El árbol de ceiba es uno de los más altos que se encuentran en Costa Rica y este farol no solo muestra su tronco y copa sino que también su fruto y hojas. (Cortesía de Juan José Jiménez)

"Esta zona de la península de Osa es un relicto (herencia) de bosque amazónico donde hay miles de especies de plantas y cientos de árboles. Una de las poblaciones más importantes del árbol nazareno está aquí y es una especie que solo está en Costa Rica.

"Otro ejemplo es una herbácea perenne que se llama Costus stenophyllus. Aparte de ser bellísima, tiene propiedades medicinales. Resulta que alguien se la llevó a los países asiáticos y allá una matita cuesta como $15, se usa con fines ornamentales", comentó Poveda.

Para el etnobotánico, esta península siempre lo sorprende con especies nuevas o usos novedosos de plantas ya conocidas. Esa biodiversidad ha atraído a investigadores de la Universidad de Costa Rica, Universidad Nacional y Laboratorio CENIBiot en busca de flora que posea propiedades que eventualmente sean útiles para desarrollar productos con fines farmacéuticos y alimentarios.

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