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Aumento en la cantidad de animales recargan económicamente a los centros de rescate

Actualizado el 20 de julio de 2013 a las 09:55 am

Atención veterinaria y mantenimiento de animales en cautiverio incrementan los costos.

Centros de rescate dependen de donaciones.

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"Todos los centros de rescate están colapsados". Con esas palabras, José Joaquín Calvo -gerente de Vida Silvestre del Sistema Nacional de Áreas de Conservación (Sinac)- dimensionó la realidad en que viven los 28 centros de rescate que existen en el país.

La cantidad cada vez mayor de animales que ingresan a estos centros recargan económicamente su operación, ya que la atención de vida silvestre no es sencilla.

Un nuevo ingreso requiere un examen físico y dependiendo de la condición en que llega, se necesitarán exámenes clínicos, biopsias y placas. La mayoría de los centros de rescate no cuentan con equipo para hacerlos, por lo que deben recurrir a laboratorios clínicos y veterinarias privadas.

Según Natalia Corrales, bióloga del Parque Marino del Pacífico, un examen de sangre para una tortuga marina puede costar ¢50.000 y una placa de rayos x unos ¢10.000 en Puntarenas. "Para monitorear la evolución del animal, esos exámenes tienen que ser periódicos", dijo Corrales quien destacó la buena voluntad de algunos laboratorios clínicos y veterinarias que les realizan descuento para ayudarles.

La veterinaria Marta Cordero alimenta a un pizote bebé. Con cada envase de fórmula se alimenta a unas cuatro crías y les dura una semana.
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La veterinaria Marta Cordero alimenta a un pizote bebé. Con cada envase de fórmula se alimenta a unas cuatro crías y les dura una semana. (Mayela López)
"Ahora, con mi visita al hospital veterinario de Georgia en EE. UU., la idea es capacitarme en análisis básicos de sangre con ayuda de tinciones y ya con la centrifuja que acabamos de comprar, por lo menos vamos a poder ver la evolución del animal en cuanto a conteos de glóbulos blancos y cosas básicas que puedan darnos parámetros de salud", manifestó Corrales.

Gracias a la experiencia que posee, Marta Cordero -veterinaria del centro de rescate Las Pumas- realiza algunas cirugías menores en la clínica que administra. Sin embargo, ella admite que hay casos que van más allá de sus posibilidades. Por ejemplo, recurre al veterinario del Parque Zoológico Simón Bolívar para realizar las cirugías de ortopedia.

A la atención veterinaria y medicinas hay que sumarle el costo de la "estadía hospitalaria". Cálculos realizados por Zoo Ave determinaron que rehabilitar un mono durante un año cuesta ¢2 millones, ese momento incluye alimentación, atención veterinaria y medicamentos. Otro ejemplo, atender un oso perezoso sale en ¢3 millones.

"La atención del oso hormiguero que nos llegó con heridas de machete, Cartaguito, nos salió en ¢3,2 millones", comentó Sergio González de Zoo Ave.

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Las crías, por ejemplo, requieren una alimentación especial. "Un mono congo lo que toma es leche Nan y cada tarro nos cuesta ¢10.000. Como no es solo para él, lo comparte con otras especies y entonces ese tarro dura solo una semana. En el caso de los felinos, la leche nos cuesta ¢6.000 y al mes son unos ¢50.000", declaró Cordero.

Ahora, los animales cuya estadía será permanente también tienen su rubro de costos. Entre más animales en cautiverio, más será la necesidad de jaulas. "Solo la división de la jaula de Tiggy (jaguar), nos costó un ¢1 millón", dijo Cordero. "Y la jaula nueva para los monos nos salió en ¢4 millones", agregó Maricarmen Mejía, educadora ambiental del centro de rescate Las Pumas.

"Mantener animales marinos es muy caro por el tema de alimentación y la infraestructura necesaria para tenerlos porque implica mucho volumen de agua que hay que mantener limpia por lo que se necesitan bombas. Además, en la costa, todo se deteriora más rápido", comentó Corrales.

El Sinac, por su parte, hizo cálculos para contar con un centro de rescate propio."La infraestructura mínima ronda los ¢500 millones, eso incluye una oficina pequeña, la clínica, área de cuarentena, jaulas para mantener a los animales y jaulas de preliberación. Solo la clínica va a necesitar instrumentos, incubadoras, centrífugas, medicinas, jeringas y agujas, por ejemplo. Falta calcular luz, agua y costos de alimentación, entre otros", detalló Calvo.

Asimismo, el funcionario de Sinac agregó: "A eso hay que añadir salarios del veterinario, el biólogo y cinco funcionarios para mantenimiento que es el equipo humano mínimo. Solo eso sería aproximadamente ¢10 millones".

En el Parque Marino del Pacífico, en Puntarenas, una niña observa a uno de los habitantes más populares: la tortuga Mario Fernando. Este parque, al igual que otros centros de rescate, depende de los ingresos del turismo para sufragar los gastos que implican el cuidado y rehabilitación de los animales.
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En el Parque Marino del Pacífico, en Puntarenas, una niña observa a uno de los habitantes más populares: la tortuga Mario Fernando. Este parque, al igual que otros centros de rescate, depende de los ingresos del turismo para sufragar los gastos que implican el cuidado y rehabilitación de los animales. (Mayela López)

Poco financiamiento. La mayoría de los centros de rescate dependen de donaciones para financiar su operación. Algunos han habilitado el área donde están los animales en cautiverio para poner en marcha un programa de educación ambiental que también les permita cobrar una entrada a los visitantes. Aún así, el dinero no alcanza.

En el 2012, la Asamblea Legislativa aprobó una nueva Ley de Vida Silvestre (N° 7317) -la cual dio al país una imagen de no cacería- que vino impulsada por la iniciativa popular que respaldó el proyecto de ley con 177.000 firmas.

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¿La nueva ley contempló algún mecanismo de financiamiento? "No y esa es una deficiencia. Se buscó tener una imagen internacional de no cacería pero eso implica una serie de acciones como mayor control, mayor cantidad de personal y fuera de hora, pero no nos dieron los recursos", declaró Calvo.

"Cuando estaba en discusión se iba a modificar el artículo 127, correspondiente al timbre de vida silvestre, pero por presiones para aprobarla en el momento pues se eliminó. Es que en proyectos de iniciativa popular no se puede legislar en materia de tributos y como era un timbre, no se pudo aunque algunos diputados argumentaron que no se estaba creando sino modificando, pero otros sugirieron mejor quitarlo para no meter ruido. Entonces nos dejaron con el presupuesto actual que es de ¢200 millones en el Fondo de Vida Silvestre y eso tiene que rendir para todo", agregó Calvo.

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Michelle Soto M.

msoto@nacion.com

Periodista de Ambiente

Redactora en la sección Aldea Global. Periodista graduada en la Universidad de Costa Rica. Escribe sobre temas ambientales. Recibió los premios Innovación para el Desarrollo Sostenible (2011) y Periodismo Agrícola y Desarrollo Rural (2012).

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