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Son el 75% de las especies presentes en las líneas de pesca abandonadas dentro del parque

Atunes de Isla del Coco son gancho para la pesca ilegal

Actualizado el 04 de mayo de 2014 a las 12:00 am

Los pescadores buscan estos peces por el alto valor de su carne en el mercado

Tiburones dejaron de ser el objetivo predilecto de pesca , aunque aún se cazan

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Atunes de Isla del Coco son gancho para la pesca ilegal

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El tiempo es clave para la sobrevivencia de los animales. Por eso, el nuevo equipo permitirá a los guardaparques acortar los tiempos para liberar más pronto a las especies atrapadas en las líneas de pesca. | CORTESÍA DE GÉINER GOLFÍN

Los pescadores ilegales que merodean el Parque Nacional Isla del Coco (PNIC) dejaron de perseguir tiburones y ahora dirigen sus redes a su nueva especie preferida: el atún, sobre todo aleta amarilla.

Estos atunes representan el 75% de las variedades encontradas en las líneas de pesca que son abandonadas dentro de los límites del área marina del Parque.

En junio y julio del 2012, meses con mayores hallazgos reportados, por cada 1.000 anzuelos hubo 113 atunes. Es decir, por cada ocho anzuelos, uno tenía enganchado un atún aleta amarilla ( T. albacares ).

Estos son los resultados de un proyecto de investigación de los guardaparques del PNIC junto con los biólogos de la organización Misión Tiburón . La iniciativa contó con financiamiento de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco).

Con este estudio se busca caracterizar la pesca ilegal que ocurre alrededor de la isla. Más adelante, esto permitirá calcular el daño ambiental que esta actividad provoca en este sitio declarado patrimonio natural de la humanidad en 1997.

De tiburones a atunes. Guardaparques y biólogos aprovecharon los patrullajes de control y vigilancia para tomar datos (longitud, sexo y estadío reproductivo) de las especies capturadas por las líneas de pesca dejadas a la deriva.

Entre noviembre de 2011 y setiembre de 2012, se realizaron 164 patrullajes en los cuales se encontraron 205,8 km de línea, para un total de 4.986 anzuelos.

La mayoría de estas líneas estaban al noroeste de la isla, donde existen montes submarinos que propician que las corrientes hagan remolinos ricos en nutrientes. Esto atrae a especies dada la disponibilidad de alimento. Por eso, también es sitio de interés para la pesca.

En total, se contabilizaron 130 individuos atrapados en las líneas de pesca. La mayoría eran atún aleta amarilla (75%), seguido por atún negro (7,7%), tiburón zorro (4,6%) y tortuga verde (3,8%).

Esa predilección por el atún ya venía siendo observada por los guardaparques. En un análisis anterior de las actas de hallazgos tomadas por ellos entre 2005 y 2011, el 60% de lo capturado eran atunes y el 26% eran tiburones.

No siempre fue así. Años atrás, los tiburones eran el objetivo de la pesca ilegal. En 2007, en los patrullajes de la Comisión Tripartita (integrada por guardaparques, guardacostas y personal de Fundación MarViva), se hallaron 193 especímenes en las líneas de pesca.

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La mayoría de los animales eran tiburones (48,4%), seguidos por atunes (46,8%), peces picudos como vela y marlin (1,6%) y tortugas marinas (1,1%).

Ese año se decomisaron alrededor de 540 km de línea, así como 6.674 anzuelos.

Para Andrés López, investigador de Misión Tiburón, esa predilección por el atún aleta amarilla puede deberse al alto valor comercial que tiene en el mercado.

“El alto precio del atún posiblemente incrementará la presión en el área marina de la isla”, coincidió Géiner Golfín, guardaparque y administrador del PNIC.

En buen estado de conservación, el mercado podría pagar entre ¢6.000 y ¢7.000 por kilo de atún.

La eventual ganancia queda en evidencia al tomar en cuenta que los atunes encontrados en la isla pesaban entre 80 y 100 kilos y medían hasta 1,80 metros, dijo López.

El palangre o   longline  es la forma de pesca más común en la Isla del Coco y alrededores. Consiste en una línea madre que mide entre 1,5 y 4 km de largo, la cual está dividida por boyas. Entre cada boya hay un reinal que se coloca a unos 40 metros de profundidad y de este guindan los chilillos con los anzuelos. Este arte de pesca permite capturar especies como tiburones, atunes, dorados y peces picudos como el vela y el marlin.  | CORTESÍA DE GÉINER GOLFÍN
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El palangre o longline es la forma de pesca más común en la Isla del Coco y alrededores. Consiste en una línea madre que mide entre 1,5 y 4 km de largo, la cual está dividida por boyas. Entre cada boya hay un reinal que se coloca a unos 40 metros de profundidad y de este guindan los chilillos con los anzuelos. Este arte de pesca permite capturar especies como tiburones, atunes, dorados y peces picudos como el vela y el marlin. | CORTESÍA DE GÉINER GOLFÍN

Siguiente etapa. Para Golfín, aún se requiere conocer más de la población de atunes aleta amarilla en aguas del parque, su biología y movimientos migratorios para así diseñar una estrategia que prevenga la pesca ilegal en el lugar.

En este sentido, el proyecto ya cuenta con una segunda etapa que suma fondos de la Fundación Amigos de la Isla del Coco (Faico) y del proyecto Biomarcc-Sinac-GIZ .

Gracias a este dinero, los guardaparques ahora tienen dos recogedores de línea que se colocarán en las patrulleras, con lo cual se podrán acortar tiempos y aumentar las posibilidades de supervivencia de los animales atrapados.

También se adquirieron equipos de liberación para no herir a los especímenes (‘desanzueladores’), e instrumentos para tomar datos biológicos, como pinzas y guantes especiales, además de marcas para rastrear a los peces.

Con parte de los fondos se contratará un consultor que apoye a los guardaparques en la identificación de especies y en la recolección y análisis de datos.

“Es importante la generación constante de información científica sobre los efectos de la pesca ilegal en el PNIC, lo que permitirá, poco a poco, crear y generar nuevas acciones para mitigar una de las problemáticas más grandes que tiene esta área de conservación”, destacó Alejandra Villalobos, directora de Faico.

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Michelle Soto M.

msoto@nacion.com

Periodista de Ambiente

Redactora en la sección Aldea Global. Periodista graduada en la Universidad de Costa Rica. Escribe sobre temas ambientales. Recibió los premios Innovación para el Desarrollo Sostenible (2011) y Periodismo Agrícola y Desarrollo Rural (2012).

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