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En Río de Janeiro, mapa de riesgo climático ataca clientelismo en sector de la construcción

Actualizado el 21 de enero de 2013 a las 12:00 am

Una ley, a estudio del parlamento del estado de Río de Janeiro en Brasil, prohibirá a las alcaldías desarrollar obras de infraestructura que faciliten asentamientos en zonas expuestas a desastres naturales.

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                         Las favelas de Río de Janeiro se ubican en zonas que resultan riesgosas en casos de fuertes lluvias. | FABIOLA ORTIZ/IPS
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Las favelas de Río de Janeiro se ubican en zonas que resultan riesgosas en casos de fuertes lluvias. | FABIOLA ORTIZ/IPS

Río de Janeiro (Tierramérica). Para romper la inercia de tragedias que traen anualmente las lluvias, las autoridades del estado brasileño de Río de Janeiro pretenden que sus alcaldías incluyan un mapa de riesgo ambiental en sus obras de infraestructura, para así impedir construcciones en áreas vulnerables.

La iniciativa, promovida por la Secretaría de Estado de Ambiente y que deberá  ser aprobada por la Asamblea Legislativa de Río de Janeiro (Alerj), fue anunciada en medio de una nueva catástrofe climática en este distrito.

Desde que comenzó  el año, la estación de las lluvias del verano austral ya ocasionó  al menos tres muertos, mientras miles de personas quedaron sin techo por derrumbes e inundaciones, según la Defensa Civil.

“Decidimos enviar este proyecto de ley a la Alerj para contener el ‘populismo’ suicida de algunos alcaldes, que ignoran los mapas de áreas de riesgo”, dijo a Tierramérica el secretario de Ambiente de Río de Janeiro, Carlos Minc.

“Ya vi alcaldes construyendo calles e instalando servicios para la población en lugares apuntados por los estudios como vulnerables a los desastres naturales, con riesgo de muerte inminente”, argumentó.

Los mapas de riesgo se convertirán en documentos públicos oficiales y “las alcaldías estarán obligadas a incorporar sus determinaciones y restricciones a sus planes rectores y a las leyes de uso de suelo”, añadió.

Un estudio del Servicio Geológico estadual, divulgado el 7 de enero del 2013 por el diario O Globo , reveló que en Río de Janeiro hay áreas de riesgo en 67 de sus 92 municipios, donde residen unas 36.000 personas.

En entrevista con Tierramérica, el ingeniero geotécnico Willy Lacerda lo atribuyó a que la mayoría de esos municipios está en áreas montañosas y que por su “morfología y geomorfología” son susceptibles a deslizamientos ante lluvias abundantes.

Lacerda, profesor de los posgrados en ingeniería de la Universidad Federal de Río de Janeiro, indicó que la lluvia es determinante para diversas formas de las catástrofes.

Una es la de la continua y lenta saturación del suelo. “Si la profundidad de este frente de saturación fuera adecuada, puede haber deslizamientos de tierra dispersos”, explicó.

Si se produce una lluvia intensa, después de un período de precipitaciones continuas, puede incrementarse el caudal de agua en los ríos y las laderas y removerse los suelos, ya con su resistencia reducida debido a la saturación.

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“En este caso los deslizamientos son generalizados”, observó.

Fue lo que ocurrió  en 2011 en Teresópolis y Nova Friburgo, en la región serrana de Río de Janeiro, donde los derrumbes y desbordamientos fluviales provocaron más de 900 muertos y  dejaron a unas 25.000 personas sin hogar, según datos del gobierno del estado de Río de Janeiro.

Una tercera variable es la de lluvias con una intensidad superior a 60 milímetros por hora, como la que acaeció en 1996 en la localidad de Jacarepaguá, capaz de derrumbar cuestas muy empinadas y provocar deslizamientos generalizados.

La cartografía de las zonas de riesgo serviría para evitar o por lo menos minimizar tragedias climáticas, destacó Lacerda. En algunos casos promovería la evacuación de las áreas vulnerables y en otras la construcción de obras estructurales de ingeniería, por ejemplo, para reforzar las laderas.

Este ingeniero, quien participa en la elaboración de los mapas, explicó que ellos deben tomar como base parámetros como la geología, la forma del terreno (inclinación y concavidad), la espesura y la resistencia del suelo, y el tipo de vegetación.

“Se definen así las áreas donde la probabilidad de deslizamientos es mayor o menor, y a partir de eso se pueden determinar las viviendas más susceptibles a deslizamientos”, dentro de una escala de riesgo muy alto, medio y bajo, sostuvo.

Igualmente, se puede calificar el riesgo de inundaciones a partir de la hidrología local y de los índices de lluvia máximos y promedio esperados.

Todo ello, sin embargo, no prevendría los efectos de una tromba de agua como la que afectó a Vale de Cuibá, en el distrito de Itaipava, en 2011, ni a Xerém, en Duque de Caxias, a comienzos de enero y que arrastró casas, puentes y automóviles “como un tsunami”. Pero sí podría aliviar el impacto, dijo el experto.

El mapa de riesgo permitiría también determinar las áreas en que pueden construirse viviendas o complejos habitaciones para los evacuados de zonas de riesgo.

La alcaldía de Río de Janeiro, capital del estado, instaló sirenas en barrios ubicados en zonas de riesgo como alguna de sus “favelas” (barrios pobres y hacinados), que se activan con seis horas de anticipación a la llegada de fuertes lluvias.

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Por su parte, el gobierno nacional anunció que destinará unos $175 millones para obras de contención de laderas.

El estado de Río de Janeiro ya destinó recursos para este tipo de obras, pero en algunos municipios fueron desviados de ese fin por la denunciada corrupción de sus alcaldes.

Asimismo, en Xerém, la recolección de basura antes de la tromba de este mes había sido interrumpida por el cambio del gobierno municipal e irregularidades denunciadas sobre el contrato con la empresa de aseo urbano.

La acumulación de residuos, según Lacerda, no causó la tromba de agua, pero sí agravó su impacto, porque dificultó el drenaje y propagó enfermedades.

El teólogo y activista ambiental brasileño Leonardo Boff, en una columna divulgada el 4 de enero del 2013, calificó al “tsunami” de Xerém como “un crimen de lesa humanidad”, igual que otras catástrofes socioambientales que se repiten cada vez con mayor frecuencia.

Boff propuso “una ley nacional de responsabilidad socioambiental (') con pesadas penas para quienes no la respeten”.

“Somos irresponsables ante la naturaleza cuando deforestamos, arrojamos miles de millones de litros de agrotóxicos en el suelo, lanzamos a la atmósfera, anualmente, cerca de 30.000 millones de toneladas de gases de efecto invernadero, contaminamos las aguas, destruimos los bosques ribereños”, sintetizó el teólogo.

Además, “no respetamos el declive de las montañas que pueden desmoronarse y matar personas, ni consideramos los márgenes que necesitan los ríos para que las inundaciones no arrastren todo con ellas”, añadió.

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