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Obama planea cortarle las alas a la NASA

Actualizado el 01 de febrero de 2010 a las 12:00 am

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Obama planea cortarle las alas a la NASA

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Washington (DPA). Todavía no está seguro al cien por ciento, ya que en el Congreso estadounidense se empieza a formar una fuerte oposición. Pero si el presidente Barack Obama consigue imponer su voluntad, la Luna no recibirá en 2020 nuevas visitas de astronautas norteamericanos.

Ello descartaría también el plan de construir una estación en el suelo del satélite natural de la Tierra, que funcione más adelante para una misión a Marte. Con su actual posición, Obama sigue las conclusiones de una comisión creada por él, según las cuales la agencia espacial NASA no puede permitirse económicamente nuevas misiones con seres humanos más allá de la órbita de la Tierra.

El sueño a largo plazo se terminaría y eso sería, sin lugar a dudas, un duro golpe para la NASA. La agencia esperaba ratificar de nuevo su liderazgo en el diseño de aeronaves y en la "conquista del espacio" con el programa Constelación, que debía desarrollar un nuevo cohete espacial.

Los planes actuales prevén en cambio que sean empresas privadas las que desarrollen con ayuda de la NASA nuevas naves espaciales, que sirvan para afrontar la principal tarea del momento: asegurar el transporte seguro de los astronautas a la estación espacial ISS, para que la NASA no tenga que depender de las cápsulas Soyuz rusas para los viajes al espacio tras la salida de servicio de sus actuales transbordadores.

Ello implica, sin embargo, que la NASA no contará en el futuro con vehículos propios, sino sólo con una especie de "taxis". Ello sería en efecto un cambio radical en la forma en la que la agencia operaba hasta ahora. En lugar de crear y construir por cuenta propia, de decidir prácticamente a detalle sobre cada tornillo y cada pieza, tendría en el futuro únicamente un papel de observadora.

Las primera reacciones fueron furibundas y duras. El ex jefe de la NASA Michael Griffin, que puede permitirse ahora hablar sin tapujos, hablaba presumiblemente por muchos cuando dijo: "Estados Unidos ha decidido no ser un actor importante en el ámbito del espacio en el futuro próximo".

También varios parlamentarios republicanos, sobre todo de los distritos electorales donde se han creado empleos con el programa Constelación, anunciaron su oposición en el Congreso. Y hablaron de una medida a corto plazo y de un futuro sombrío para la NASA si Obama consigue sacar adelante el proyecto. "Exhorto con premura al presidente a desistir del intento de recortar la importancia de los viajes tripulados al espacio de la NASA", dijo el parlamentario de Texas Peter Olson.

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Con su reciente iniciativa, Obama sigue conceptos básicos de la industria privada y espera alcanzar resultados máximos y dinamismo con alicientes financieros, la competencia y la cooperación internacional.

Aunque la idea tenga sentido, es justamente el sector aeroespacial el que necesita de otro tipo de impulsos: visiones y el mantener viva la curiosidad científica, el entusiasmo y el espíritu pionero. Y en ello, los vuelos regulares de transbordadores a la ISS y las caminatas espaciales para el montaje de nuevas piezas ya apenas si despiertan la curiosidad de los ciudadanos.

Cuando George W.Bush puso en marcha el Constelación no se trataba sólo de conseguir los sustitutos necesarios para los transbordadores. También se intentaba crear un nuevo espíritu, de comenzar algo nuevo tras la catástrofe del transbordador Columbia en 2003. Era volver a dar un "salto a las estrellas" como antídoto para superar el desánimo, una nueva consigna para demostrar que se seguía siendo alguien importante en el espacio.

Obama frena ahora ese ímpetu, pese a que él mismo se ha declarado un ferviente seguidor de los viajes fuera de la Tierra. El presidente busca medidas pragmáticas.

Sin embargo, la NASA ha gastado ya 9.000 millones de dólares en el Constelación y el primer viaje de prueba del nuevo cohete, el Ares, se realizó con éxito hace poco. Todo ello hará a Obama aún más difícil sacar adelante sus planes.

Más allá de toda necesidad de ahorro y sus diferencias políticas, los parlamentarios estadounidenses suelen estar de acuerdo cuando se trata del orgullo nacional. Y el cortarle las alas a la NASA significa meterse con toda una institución en Estados Unidos.

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