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Marte (casi) posible

Actualizado el 18 de octubre de 2015 a las 12:00 am

Una película –y la novela en que se basa– ha propuesto una visión bastante realista sobre nuestras posibilidades de llegar a vivir, algún día, en Marte. La llave para conseguirlo reside en el trabajo de un costarricense

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Escena de la película The Martian. | FOTO: ROMALY PARA LN.

Mark Watney sabe que es la única persona en el planeta, pero no por ello pierde la buena cara. En sus manos tiene una papa. No una papa cualquiera, en cualquier caso: una papa que él sembró y cultivó en un planeta en el que nada crece. La ciencia le dio a Watney una papa milagrosa, en ausencia de un papa que le realice un milagro.

“—Dice que cuando uno cosecha siembras en un lugar, oficialmente has colonizado ese lugar. Así que, técnicamente, colonicé Marte –dice a una de las cámaras con las que ha guardado registro de sus cientos de días de soledad en un planeta cuya población total, en ese momento, asciende a 1. Toma una breve pausa y agrega: –En tu cara, Neil Armstrong”.

La aventura de Mark Watney no es real, por mucho que uno quisiera creerlo. En el 2011, su personaje vio la luz en las páginas de la novela The Martian , de Andy Weir. Este año, a principios de octubre, Mark Watney tomó el rostro y la voz de Matt Damon en la versión cinematográfica del libro, dirigida por Ridley Scott.

En dos platos –para quien no la haya visto o leído a estas alturas–, la trama de The Martian es esta: en el año 2030, la NASA cuenta con un programa espacial que visita Marte con regularidad y permite a sus astronautas vivir en el planeta rojo durante un limitado período de tiempo. No es una cuestión de ciudades mágicas ni de alienígenas, sino de un delicado estudio científico.

Durante una de esas misiones, Watney queda atrapado durante una tormenta de arena y sus compañeros, creyéndolo muerto, deben dejarlo atrás para salvarse. Watney, sin embargo, está vivo. En cambio, deberá valerse de su ingenio y de la ciencia para sobrevivir hasta que alguien pueda rescatarlo.

La cinta tuvo un paso fenomenal en las salas de cine de todo el mundo. De acuerdo con distintos medios que miden la venta de boletos para las películas, hasta el 11 de octubre, The Martian había recaudado $108,7 millones en Estados Unidos y $227,7 millones alrededor del mundo, lo cual duplica su presupuesto de $108 millones.

Escena de la película 'The Martian'.
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Escena de la película 'The Martian'. (Romaly para LN.)

Su éxito no se restringió a las cifras sino que se debió, sobre todo, a su calidad: la crítica especializada no mermó sus elogios; casi de forma unánime se aplaudió al filme y se le colocó como uno de los mejores –algunos críticos no dudaron en decir que era el mejor– en las carreras de Scott y Damon.

Uno de los ganchos principales de la cinta ha sido su delicado equilibrio entre humor y ciencia. No solo eso: ciencia certera. Es decir, que lo que muestra The Martian se apega a la realidad o, en su defecto, a lo que se prevé que podría suceder en determinadas circunstancias como, por decir algo, que un ser humano quede atrapado en Marte con provisiones limitadas para sobrevivir.

Science! Ese apego a la ciencia no es gratuito, sino una continuación del espíritu original con que Andy Weir escribió la novela en que se basa la cinta.

El debut de Weir tuvo una gestación vertiginosa: el autor, quien cuenta con estudios de computación y es hijo de un físico de partículas –es decir, y con el mayor aprecio posible: un ñoño por donde se le mire–, comenzó a escribir su ópera prima en el 2009. Dedicó buena parte de su tiempo al estudio de la astronomía, la mecánica orbital y la historia de los vuelos espaciales pilotados por seres humanos para que su narrativa se apegara, tanto como fuera posible, a la realidad.

Su manuscrito fue rechazado por todas las editoriales a las que tocó la puerta.

Sin dejarse agobiar por la frustración, tomó una medida radical: publicó la obra de forma gratuita, un capítulo a la vez, en su sitio web. Ahí, en la web, cosechó una fanaticada que pronto le pidió más: ante el pedido de su gente, decidió publicar una versión para el dispositivo Kindle, de Amazon, por un precio de 99 centavos, el más bajo que permite el sitio. Boom . En cuestión de tres meses, The Martian había vendido exorbitantes 35.000 copias. Puede suponerse, con cierta libertad, que todas y cada una de las editoriales que habían rechazado a Weir procedieron a tirarse de los pelos.

En el 2014, Weir finalmente vendió los derechos de publicación a la editorial Crown, con la cual debutó, el 2 de marzo del 2014, en la décimo segunda posición de los libros más vendidos del New York Times , cuando su obra llegó a librerías en su versión impresa.

“Creo que a la gente le gustó mucho la personalidad del protagonista. También les gustó el humor. Hay suficiente ciencia para que la historia fuera verosímil, así que eso también ayudó”, afirmó, hace unas semanas, el propio Weir a Sergio Morales, periodista del semanario El Financiero y colaborador de esta revista, cuando se le consultó acerca del éxito de su libro.

Agregó Weir: “Yo tenía que asegurarme que el lector entendiera un montón de ciencia. No quería que la información fuera aburrida y por eso tuve que tener mucho humor para llevar al lector a lo largo del libro”.

Ese “montón de ciencia” abarca, incluso, a Costa Rica o, cuando menos, el trabajo de un costarricense.

En The Martian , el motor que utilizan las naves para poder llegar a Marte se llama VASIMR, que significa motor de magnetoplasma de impulso específico variable y cuyo concepto ha sido desarrollado, desde 1977, por Franklin Chang Díaz y su empresa Ad Astra, con sedes en Houston y en Liberia (Guanacaste).

El desarrollo del VASIMR –el más completo motor de plasma en el mundo, aunque el propio Díaz admite que no son numerosos– es, hoy y en el futuro cercano, la opción más viable para un viaje a Marte, ubicado a unos 12 minutos luz de la Tierra.

“En comparación con el motor químico o el motor nuclear-termal, el motor nuclear-eléctrico tipo VASIMR habilita vuelos más rápidos”, dijo Díaz a Sergio Morales en otra entrevista.

La tecnología en la que el exastronauta costarricense y su equipo han trabajado durante años no pasó desapercibida en la investigación que realizó Weir para su novela; de hecho, toma un rol fundamental: sin el VASIMR, la NASA no podría siquiera soñar con el rescate de Mark Watney, el colono de Marte.

La pregunta para posteridad es cuándo una historia como esta podrá dejar las páginas de la ficción y entrará en las páginas de la historia. ¿Quién será nuestro Mark Watney? ¿Quién le restregará su hazaña en la cara a Neil Armstrong? ¿Debemos siquiera pensar en llegar al planeta vecino?

Al menos, Andy Weir piensa que sí: “Es importante tener una población humana estable y autosuficiente en algún lugar fuera de la Tierra. Eso hace que la extinción sea casi imposible. Después de 25 años como programador de computadoras, se cuan importante es hacer copias o respaldos”.

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Danny Brenes

danny.brenes@nacion.com

Periodista de entretenimiento

Se unió a Grupo Nación en el 2012. Escribe para la Revista Dominical desde principios del 2015. Trabajó en la revista Su Casa y en 89decibeles.com.

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