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Grupo Doga Costa Rica intenta popularizar actividad

Doga, el deleite de hacer yoga con su perro aunque lo vean raro

Actualizado el 17 de marzo de 2013 a las 12:00 am

Sin ladridos, pleitos o gruñidos, 12 canes y sus dueños mostraron cómo es esta práctica

Actividad persigue transmitir del humano al animal la relajación que emana del yoga

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Doga, el deleite de hacer yoga con su perro aunque lo vean raro

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Es el blanco perfecto para clavar las banderas de la burla, el estereotipo y la estrechez mental: hacer clase de yoga con su perro. De cerca, en cambio, tiene su lógica. Hasta parece grato y pica la curiosidad.

Ayer Doga Costa Rica , grupo que difunde esta actividad hace tres años en el país, exhibió la práctica en la Feria de Mascotas organizada por el Grupo Nación y que hoy cierra en el Centro Ferial Buscomi, en La Uruca.

Un equipo de este diario presenció 40 minutos de poses, estiramientos y la lucha por guardar el equilibrio de doce descalzos entusiastas junto a sus apacibles canes.

A las 11:17 a.m., Marcela Castro, la instructora, pidió a los humanos darle masaje en las orejas a sus canes. Dos minutos después, dan ganas de soltar la risa ante la imagen de una señora tratando de montarse en la cintura a su perro mientras ella inclina el torso.

O cuando, acostada sobre el suelo, una delgada joven trata de suspender en el aire con sus manos y pies a su perra rottweiler para hacer la postura de “el avioncito”.

Entonces, ya no da risa porque uno está ante lo inaudito: los perros lucen cómodos haciendo “el avioncito” y las demás posturas; algunos ya con los ojos medio cerrados de lo dormidos que están.

Uno descubre cómo, tras media hora de esto, ninguno ha ladrado ni gruñido. Fuera de varios educados movimientos de rabo, entre los animales nunca hubo estrés.

Al cierre, las personas se ponen de cuatro patas y así hacen “el gato enojado” (consiste encorvar la espalda) y luego el “perrito feliz” (rítmico movimiento de trasero de un lado a otro). Por último, un aplauso general y repartición de abrazos.

Estigma. Con un piercing en la nariz y el tatuaje de un colorido pez carpa en todo el hombro y parte del brazo, a la instructora nada le importa la burla que despierta el doga . Cómoda en su piel, Castro sí cree que se podría popularizar.

“Siempre explico su utilidad y algunas personas se animan pues sí mejora el vínculo entre dueños y mascotas”, explica la joven quien hace tres años, una vez al mes, da una clase de doga en el Parque Metropolitano de La Sabana.

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A juzgar por esta actividad, sí parece cierto que la calma y relajación del yoga es transmitida del dueño al perro. Además, dice la también instructora de yoga, se fortalece la confianza del animal.

“Vea a este perrito: lo saqué de la calle y siempre está todo ansioso. Hoy vino por primera vez y ahora mírelo”, dijo Dayana Arguedas, de San José, apuntando con su índice sobre la cabeza de Wasabi; bien sentado sin alterarse con la marea de olores, ruidos y perros a su alrededor en el campo ferial.

Arguedas lleva tres años haciendo doga y, ante el choteo, recomienda informarse más.

“El fin es mejorar el vínculo. Si más gente participara, se relacionarían mejor con los animales y quizás disminuiría el maltrato”, comentó la josefina.

“Fue mi primera vez con mi perra Akira y me encantó. Quien quiera mucho a su perro o haga yoga, debería intentarlo”, anotó a su vez Julia Bremner, de Desamparados junto a su rottweiler.

En Facebook, Doga Costa Rica, ayer tenía 1.276 “Me gusta”. Al cabo de unos meses, quizás sean más.

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Juan Fernando Lara S.

jlara@nacion.com

Periodista

Redactor en la sección Sociedad y Servicios. Periodista graduado en la Universidad de Costa Rica. Ganó el premio Redactor del año de La Nación (2012). Escribe sobre servicios públicos, tarifas y telecomunicaciones.

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