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En Brasil, la moda sostenible nace en la periferia

Actualizado el 21 de noviembre de 2012 a las 12:00 am

Un proyecto inserto en la pacificación de las favelas de Río de Janeiro rescata el estilo de los suburbios y materiales desaprovechados para crear una moda sustentable.

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En Brasil, la moda sostenible nace en la periferia

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                         En primer plano, materiales rescatados y detrás, las estudiantes de moda en acción. | FABIANA FRAYSSINET / IPS
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En primer plano, materiales rescatados y detrás, las estudiantes de moda en acción. | FABIANA FRAYSSINET / IPS

Río de Janeiro (Tierramérica). Un diseñador brasileño llevó la moda de la exclusividad de las pasarelas a la realidad de una “favela” para demostrar que estilo, tendencia y comportamiento nacen también de esos barrios pobres de ciudades como Río de Janeiro.

La favela de Mangueira, en la que viven unas 18.000 personas, no se parece a Milán ni a París.

Hasta hace poco atravesada por la violencia del narcotráfico y hoy en proceso de pacificación –como parte de una estrategia de represión e inversión social del gobierno–, pocas calles están pavimentadas, la mayoría de las casas no tienen revoque y el vestuario de moda entre las mujeres es un pequeño short o un pantalón ajustado.

“Nosotros somos las que hacemos moda; todo lo que usamos aquí en el 'morro' (cerro donde se asienta la favela) a la semana siguiente ya hay alguien usándolo allí afuera”, dice a Tierramérica una de sus habitantes, Vanesa de Oliveira.

Una trenza diferente, un estilo de zapato, un detalle de bordado en la blusa o cualquier idea que nazca un buen día de una mujer del morro, todo va a parar al otro lado del mundo, el “allí afuera” de Oliveira.

Ese detalle se propaga rápidamente por la ciudad, porque “el pueblo del morro tiene mucha creatividad; no tenemos miedo de ser osadas; no nos importa lo que va a decir el otro. Si una se pone algo, se mira al espejo y se siente bonita, no importa nada más”.

Sus conceptos parecen opuestos a los de la Semana de la Moda, que tiene lugar en Río en la primavera austral, aterrizando en un calor de más de 30 grados sus colores y texturas del crudo invierno europeo.

“Hay varias luchas políticas, y una es construir nuestra identidad. ¿Vamos a usar las telas de otras culturas, pensando en otras geografías y temperaturas? ¿Cuál es la industria textil que queremos?”, se pregunta el diseñador brasileño Almir França, en entrevista con Tierramérica.

França busca respuestas en el proyecto EcoModa, que coordina en Mangueira. En la comunidad donde nació la famosa “escola de samba” homónima del Carnaval carioca, la iniciativa lleva clases de corte y confección, modelaje, bordado y diseño a 150 estudiantes.

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“La idea es reconocer que la moda de Brasil nace en la periferia, en los suburbios”, explica França.

“Al contrario de lo que se cree –que es una cosa muy elitista, una visión parisiense, una cosa inventada en Europa–, en Brasil moda y comportamiento los establece la mayoría de la población”, asegura.

La entrevista se desenvuelve en la misma sede del curso, que cuenta con apoyo de la Secretaría del Ambiente del gobierno del estado de Río de Janeiro.

Una pared está tapizada con papel reciclado de los camarotes de la escola de samba. Y el verde y el rosa, colores del alma y del corazón de ese símbolo del carnaval carioca, cubre otro muro lleno de flores.

Los sillones, rescatados de basureros, ahora reviven con fundas recuperadas de las sobras de alguna empresa textil.

Oliveira es una de las alumnas de costura. Aprovecha el curso para confeccionar un vestido que su hija usará en una presentación en la escuela.

Otras estudiantes toman clases de diseño, costura y modelaje, bordado y estampado. El concepto en común es reutilizar materiales y causar el menor impacto posible al ambiente.

Se intenta “colocar en la cabeza de los alumnos que es posible reciclar y que la creación no surge siempre de algo nuevo; que la moda no tiene que ser consumismo, que es posible transformar”, explica a Tierramérica la directora administrativa de EcoModa, Vanesa Melo.

La industria textil entraña un derroche muy grande de materiales. Para elaborar una camisa, por ejemplo, se desaprovecha 20% de la tela.

EcoModa trabaja con esos materiales descartados por la industria, y con las lentejuelas y plumas que sobran del carnaval, botellas y vasos plásticos y hasta carteles de telas de exposiciones.

“La gran lucha del ser humano hoy es la supervivencia, y las cuestiones ambientales están vinculadas a ella”, teoriza França.

“Nuestro trabajo es recuperar todo lo perdido”, añade Melo.

Y entre lo perdido también está la autoestima de las mujeres de las favelas, marcadas por el estigma de lo sucio, lo pobre, lo violento.

Sin embargo, muchas puntadas y cortes de tijeras de las grandes piezas de confección que desfilan las modelos “top” se hicieron en modestas mesas de trabajo de costureras de las favelas.

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“Quienes construyen de verdad la moda son estas costureras. Por eso en la construcción de nuestra identidad también buscamos una moda que, además de un proceso creativo, comprenda lo ambiental y la inclusión social”, apunta França.

El curso de EcoModa le “cayó del cielo” a Andrea Ferrancini, cuando más necesitaba una nueva fuente de ingresos. Ella se entusiasma con la posibilidad de formar una cooperativa, siguiendo los principios de la economía solidaria.

“La nuestra es una moda de la resistencia, de la visibilidad, de una concepción que nace de la estética como cambio social”, comenta França.

EcoModa busca también marcar distancia con la industria mundial de la moda, que utiliza mano de obra barata o inclusive semiesclava para abaratar costos.

“En otros lugares se esclaviza a las personas o se las convierte en meros apretadores de tornillos. Nosotros queremos hacer partícipes a las personas de todo el proceso de creación, producción y obtención de ganancias”, sostiene Ingrid Geromilich, gerente de territorialidad y ciudadanía de la Secretaría de Medio Ambiente.

“No queremos crear un sello verde solidario para explotar mano de obra barata, sino que estas personas sean protagonistas de su propia historia”, dice a Tierramérica.

Janice Lima quiere ser parte de ese proceso. Revendedora de cosméticos a domicilio, toma las clases para “tener la oportunidad de una profesión”.

Las mujeres apenas levantan las cabezas de las máquinas de coser, los papeles con dibujos y diseños, las tijeras y los retazos.

El producto final lo lucirán jóvenes modelos del morro en un desfile organizado por la unidad policial que trabaja en acciones de pacificación en Mangueira. Será la primera vez que la pasarela no esté en París, Milán o la exclusiva zona costera de la ciudad.

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