Por: Fernando Chaves Espinach 12 septiembre, 2015
Zapping: ¿Qué hacer ante una imagen del sufrimiento?
Zapping: ¿Qué hacer ante una imagen del sufrimiento?

¿Es posible sentir compasión hoy en día? Me refiero a la compasión honda, estremecedora, que conlleva a la acción altruista y al sacrificio. ¿Es posible, en un mundo saturado de imágenes –violentas, placenteras y dudosas – que una fotografía cambie algo realmente?

La semana pasada, las imágenes de un niño ahogado en una playa turca circularon en el huracán informativo que, 24/7, vibra en el bolsillo del pantalón y catapulta sonidos, recuerdos, palabras y evidencias de todo lo que ocurre en el mundo. Qué significa toda esa bulla es lo que todavía estamos aprendiendo.

La foto es insoportable, pero tras tanta repetición, puede adormecer. Tras la reacción inicial de compasión, el ruido que nos abruma puede vaciarla de su significado, hacerla “una más” de tantas. Me estremeció ver un “top 10” de imágenes de “niños que cambiaron la historia”: el sufrimiento, listo para consumir en 5 minutitos.

“Mae, ¿vio qué gacho lo del chiquito en la playa?” suele ser el límite de nuestra compasión: reacción instintiva, no reflexiva. No está “mal”, pero podemos comprender estas cosas de mejor manera. En otras palabras, repetida hasta el cansancio, la foto de Aylan Kurdi, el niño sirio fallecido en camino a Europa, puede ser lo que uno quiera, descontextualizada de su historia. Puede convertirse en un rastro de nada.

El espectador requiere ayuda para comprender tales sucesos en su contexto global, en la historia que se derrumba hasta condensarse en la imagen de un niño muerto en la playa.

La prensa debe educar. La repetición constante de imágenes puede arrancarles su significado. En un mundo saturado de información, los medios son responsables de explicarlas y darles su valor.

Es responsabilidad de los medios de comunicación, en los que, por costumbre, desidia o ignorancia, no siempre pasamos de repetir noticias extranjeras sin analizarlas, en vez de explicar y decir por qué nos interesan. Deben nombrar lo innombrable (debate para otro día: ¿podemos hacerlo?).

Un acercamiento parece pequeño, pero nutre: en la edición del miércoles 9 de Telenoticias , la psicóloga María Esther Flores explicó los efectos de conflictos y violencia en niños, acompañada por imágenes de la actual crisis de refugiados sirios. Si bien el enfoque era otro (violencia doméstica en Costa Rica), este tipo de acercamientos puede tender puentes entre lo incomprensible, lo lejano, y lo que vivimos cada día.

¿Qué es un refugiado? ¿Hay refugiados en Costa Rica? ¿De dónde vienen? ¿Cómo podemos ayudarlos? Aparte de estas dudas que no siempre se responden, vemos que el lenguaje para informar sobre estas crisis no siempre se discute: ni sus implicaciones ni sus acentos locales son tema de debate.

En Facebook, el novelista y fotógrafo Teju Cole confrontaba la polémica de cómo nombrar a los sirios que entran a Europa: ¿migrantes o refugiados? Queda implícita la idea, al distinguirlos, que sí deberíamos aceptar a los refugiados, pero limitar a los migrantes.

Por el contrario, Cole reclama el derecho y el deber de abrazarlos a todos: “Yo digo refugiado, yo digo migrante, yo digo vecino, yo digo amigo, porque todos somos merecedores de dignidad”. Sentirse mal por una foto no basta: hay que comprenderla en su profunda humanidad. Tomemos el control de las imágenes que miramos.

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