Por: Alessandro Solís Lerici 2 abril, 2016
Randall Salazar, Nancy Dobles e Ignacio Santos durante un corte de ‘Buen día’. // Fotografía: Albert Marín/Archivo.
Randall Salazar, Nancy Dobles e Ignacio Santos durante un corte de ‘Buen día’. // Fotografía: Albert Marín/Archivo.

Para Randall Salazar, director del programa Buen día de canal 7, una buena revista matutina “tiene que ser un producto divertido y entretenido que le ayude a la gente a resolver los problemas cotidianos”. Partiendo de su definición del formato, Buen día cumple con la función que Salazar se propone: desde una uniformidad ideológica, el producto apela a su audiencia con secciones sobre belleza, sexualidad y salud.

Para quienes no somos el público meta del programa, saber cómo comunicarse con el ángel de la guardia o si es adulterio encontrarse a la pareja tomando café con otro son asuntos que no nos interesan, y por esa sencilla razón no lo vemos. Nos damos cuenta de Buen día cuando lo ponen en una sala de espera o cuando estalla una polémica, pero hay otro público que siempre está ahí, fiel.

Esta semana, cuando Salazar lideró una entrevista acerca de las cosas que hacen las mujeres que espantan a los hombres, una fracción del público en redes sociales alzó la voz, defraudada por el contenido machista en las declaraciones del panel de invitados, que entre otras cosas defendieron la sumisión de la mujer y su papel como acompañante del hombre, basados en escrituras bíblicas.

Nuevamente, como ha pasado muchas otras veces en el programa, se trataba de un panel homogéneo, en el que no hubo representación alguna de puntos de vista que no escuden el patriarcado tradicional de la sociedad costarricense, cada vez más cuestionado por un sector de la población que busca desatarse de los demonios del machismo.

En su mayoría, el enfado que provocó la discusión vino de personas que no acostumbramos a ver Buen día , de quienes somos parte de ese sector de la sociedad que todavía no tiene un megáfono en los medios tradicionales. Más que el contenido del programa, el problema mayor es que la entrevista fue una muestra más de la casi nula pluralidad de voces en nuestra prensa.

Existe probablemente una intención a la hora de escoger a los invitados de estas entrevistas, y es evidente que hay un afán por mantener en pie esa uniformidad ideológica tan palpable de Buen día

Pero nunca antes se disparó una polémica en el programa tan voluminosa como la de esta semana y quizá, como no consumimos el programa, no sabemos si ha habido cosas igual o peores. Nos dimos cuenta porque alguien lo vio y lo comentó en redes sociales y era tan creciente el enojo de las demás personas que tuvimos que darle play desde el sitio web de Teletica.

Pero, por poner un ejemplo, hace unas semanas, el periodista de Buen día Gustavo López se pasó de la raya cuando básicamente aprovechó una entrevista con Amelia Valverde (entrenadora de la Selección Femenina de Futbol) para echarle el cuento a la deportista, espetando piropos a los ojos de Valverde y preguntándole por su estado civil, algo que de interés público tiene muy poco. Esa vez, el ruido del enojo no se escuchó tanto ni tan vehemente como ahora.

Esto responde a que Buen día ha seguido un patrón de uniformidad ideológica desde hace muchos años, desde antes de su renacimiento en febrero pasado, cuando entraron nuevos conductores y Salazar asumió la dirección del programa. El año pasado, desde esta columna critiqué un panel que se hizo sobre el consumo de marihuana, al que los invitados llegaron con argumentos vacíos y en el que los periodistas habían tomado partido desde antes de transmitir: es parte de lo mismo.

Existe probablemente una intención a la hora de escoger a los invitados de estas entrevistas, y es evidente que hay un afán por mantener en pie esa uniformidad ideológica tan palpable de Buen día. Cuando la conversación es sobre aplicaciones de celular o esmaltes de uña, el público que ve el programa todos los días está contento con el producto que recibe en su televisor.

Pero cuando el programa trata temas tan sensibles como el de esta semana, los que no entramos en su angosta cosmovisión nos enojamos y pedimos disculpas y cambios. Ellos están en todo su derecho de preservar esa costumbre, pues sus ratings no los obligan a cambiar de dirección: lo que Buen día da es lo que su público quiere.

El periodismo, la veracidad y hasta la justicia son adornos que a veces les sirven, especialmente cuando no se entrometen con el cometido de producir una revista divertida que hable sobre asuntos cotidianos.