“La noción de que ciertas opiniones no pueden ser escuchadas está creciendo”, escribió George Orwell hace 71 años.

Por: Alessandro Solís Lerici 19 noviembre, 2016
Jóvenes protestaron en Estados Unidos hace una semana, en contra de la elección de Donald Trump. // Fotografía: Ana Venegas/AP.
Jóvenes protestaron en Estados Unidos hace una semana, en contra de la elección de Donald Trump. // Fotografía: Ana Venegas/AP.

Mis dos partes favoritas de ser periodista son cuando el trabajo es fuera de la oficina y cuando tengo la oportunidad de que alguien me deje callado. Nunca se pone mejor que eso.

En los cuatro años que tengo de trabajar para este medio he entrevistado y he escrito sobre muchas personas, algunas que dividen la opinión pública y que provocan el odio de gente cercana en la vida real o en el mundo virtual.

Desde hablar con Toledo hasta escribir sobre Melissa Mora, pasando por entrevistas con La Tocola, el Macho Pozuelo, Jonathan McDonald y los diputados cristianos de la Asamblea, entre otros, siempre he aprendido más de los “antihéroes” que de la “gente buena”.

Cada vez más trato de que cuando me le planto a un tema o a un personaje que me genera algún conflicto ideológico, el resultado sea un ejercicio por entender más que por adjetivizar para sentirme de alguna forma superior y mejor que aquello que no comparto.

Esto aplica para todo en la vida, pero es sumamente útil cuando uno forma parte de un gremio que tiende a dividir a la población, a crear bandos imaginarios y a hacerle daño a la sociedad en largo. Por eso, la prensa estadounidense tiene goma moral después de que ganase las elecciones el tipo al que atacó y sobreexpuso pero nunca entendió.

Ahora, todos los liberales o progresistas o el adjetivo que nos queramos poner estamos tristes porque ganó el lado contrario; ganaron losotros, a quienes señalamos su ignorancia con la misma violencia con la que sentimos que nos tratan por pensar diferente.

Estamos tristes porque creemos que tenemos razón, pero también porque las formas de comunicación que nos ofrece la modernidad nos encierran en círculos sociales en donde todos parecen pensar lo mismo que nosotros y en donde la única forma de hablar de losotros es con señalamientos.

Hace un año, el bloguero Fredrik deBoer escribió que no es posible luchar contra la injusticia y la desigualdad con una coalición de personas que usan los mismos eslogans, que escuchan la misma música y que publican los mismos emojis que nosotros.

Estamos tristes porque creemos que tenemos razón, pero también porque las formas de comunicación que nos ofrece la modernidad nos encierran en círculos sociales en donde todos parecen pensar lo mismo que nosotros

“Tenemos que reconstruir la distinción entre solidaridad y amistad”, dijo. “Debemos dejar de actuar como que el consumo cultural y el uso de lemas son indicadores significativos de conexión política. Debemos dejar de juzgar a las personas por sus debilidades sociales y disfrazar eso de crítica política. Tenemos que sacrificar nuestra curada actuación social y disponernos a trabajar con gente que no es como nosotros”.

Claramente, los hashtags y las oleadas de desprecio contra lo que nos parece que está mal le están haciendo un flaco favor a nuestras causas, y el triunfo de Donald Trump debería de obligarnos a buscar maneras más efectivas de combatir la injusticia, sin que ello signifique atacar también a quienes se dejan llevar por las emociones negativas y tristes que la injusticia les genera.

En la política no existe el yo, y la política lo abarca todo, desde escribir un tuit sobre Juan Diego Castro hasta ayudar a un anciano a cruzar la calle. El escritor George Orwell dijo que la libertad es relativa pues depende de la opinión pública, y si mandamos a cerrar noticiarios por transmitir noticias que nos molestan nada va a mejorar.

“La noción de que ciertas opiniones no pueden ser escuchadas está creciendo”, anotó Orwell. “Es la moneda de los intelectuales que confunden el asunto al no distinguir entre rebelión abierta y oposición democrática, y esto se ve reflejado en nuestra creciente indiferencia por la tiranía y la injusticia. Incluso aquellos que se declaran a favor de la libertad de opinión generalmente bajan la guardia cuando son sus adversarios los que están siendo perseguidos”.