Por: Alessandro Solís Lerici 6 febrero, 2016
Zapping: La guerra de los ‘bullies’: Uber vs. taxis
Zapping: La guerra de los ‘bullies’: Uber vs. taxis

Hay héroes y villanos en prácticamente todas las historias que nos fascinan, ya sea en el cine, en la literatura, en la historia o en la realidad. Nos encanta denominar a los lados de una disputa como buenos y malos, y nunca consideramos la opción de que solo haya traidores.

En la guerra entre Uber y taxistas no existen los héroes. Durante los seis meses en los que Uber ha operado en Costa Rica, la prensa y miles de consumidores han alimentado el espejismo de que Uber es bueno porque los taxistas han sido históricamente malos, pero tal superficialidad analítica no aporta nada a la discusión del problema de fondo.

Esta no es una historia de malos contra buenos; esta es una historia de infelices, por donde se le mire. Es una novela de bullies . Está el bully institucional, acostumbrado a su monopolio sobre el transporte público, quien se asusta apenas ve venir al bully extranjero, apadrinado por Wall Street, con la billetera gorda y con ropa más linda y fina.

Uber es el bully que se alza con poder en una escuela nueva en la que no conoce a nadie pero, de alguna forma, todos lo conocen a él. Es el bully cool , que se ha esmerado por crear una reputación de superioridad. Uber llega a clases sin el uniforme, no hace sus tareas y se ríe del director de la escuela cuando le dice que le va a bajar la nota de conducta por no cumplir con sus responsabilidades.

Nadie sabe explicarnos cómo es que Uber funciona en la ilegalidad pero igualmente sigue brindando su servicio en el país

El mal taxista ha sido bully toda su vida; la escuela es su territorio de maldad. Flexiona las reglas a placer, molesta a los profes, hace berrinche cada vez que no le gusta algo y deja en mal a todos sus pares. Por su lado, el director de la escuela no sabe ya ni qué hacer, y los demás estudiantes tienen que escoger a su favorito de los bullies , porque de todas formas deben convivir con ambos.

En las noticias, la situación se refleja colosalmente confusa. Nadie sabe explicarnos cómo es que Uber funciona en la ilegalidad pero igualmente sigue brindando su servicio en el país; lo mismo para todos los males del gremio de taxistas. Las discusiones nunca se centran en el futuro de nuestro sistema de transportes, sino que dejan abierta la puerta para que las partes se insulten.

Casi todos los medios titularon algo como “Uber desafía taxistas con viajes gratis hoy” , uniéndose a la campaña de publicidad de la aplicación. “Gracias a los taxistas llevo 40 mil” , le dijo a CRHoy.com un chofer de Uber. En Facebook, La Nación informó que habrá otra protesta de taxistas contra Uber, e ilustró con fotografía de taxistas tirando huevos a un colega.

AmeliaRueda.com difundió declaraciones del viceministro de Transportes, quien aseguró que si los taxistas dieran mejor servicio no habría problemas . Dijo que el transporte público en Japón es tan bueno que Uber no ha progresado. Nadie le preguntó si la deficiencia de la movilidad urbana en Costa Rica es 100% culpa de los taxistas, o en su defecto, ¿quién es responsable?

Siempre en Internet, miles de consumidores y medios le hicieron publicidad gratuita a Uber con su promoción de viajes gratis, y cuando la empresa dijo que sus viajes se incrementaron en 80% el día de la marcha y que quedaron con 1500% más de clientes , los medios publicaron sin cuestionar los datos que la empresa brindó para exaltarse.

Mientras tanto, la ciudadanía no se asume como tal, sino como un consumidor que piensa en función de lo que mejor le funciona, sin reparar en que todo esto es parte de un problema mayor que hemos de resolver cuanto antes: la inoperancia de nuestras calles.

Un día después de la marcha y los “viajes gratis”, el área metropolitana se paralizó por la caída de un poste en San Pedro, y en ningún momento conectamos que todo es parte de lo mismo; que todas las discusiones que tuvimos el día anterior tenían una raíz, y la raíz no era el tema polémico en boga (en este caso la entrada de Uber y el mal servicio de los taxis), sino el desorden del lugar en el que nos desenvolvemos.