Por: Víctor Fernández G. 5 abril, 2014
Imagen sin titulo - GN
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La campaña electoral 2014 cierra, finalmente, este domingo 6 de abril, y pasa de una vez a la historia como la más pintoresca y diversa en sus mensajes desde la época del legendario G.W. Villalobos.

Y es que, más allá del nombre del ganador de la segunda vuelta, estas elecciones (al menos en su primera ronda) nos sacaron del bostezo y la indiferencia. Los señores candidatos y sus partidos entendieron –algunos más que otros– que había nuevos mecanismos de gran efectividad para difundir sus mensajes, los mismos que la población usó sin empacho para darles el espaldarazo o desbaratarlos a punta de chotas y críticas.

Ya con Youtube y Facebook entronados como dos de los principales canales de comunicación, fue en esos predios donde decenas de videos de naturaleza política circularon, ya fuera para pedir votos o bien, para evitarlos.

De todos los audiovisuales que circularon, el más viral no tuvo mucha ciencia o técnica detrás; se grabó con un celular y su acabado fue más que amateur . Sin embargo, nada de eso les importó a las decenas de miles de personas que vieron una y otra vez al candidato oficialista Johnny Araya batear, ante una consulta del periódico La Teja , los precios de una caja de leche y un casado.

¿Lo peor? Entre los peores anuncios de la campaña están los de Fernando Berrocal, por corrientes, y los de José Manuel Echandi, por aficionados.

En el caso de Araya, sus esfuerzos audiovisuales dejaron saldo negativo, a pesar de la evidente inversión del PLN. La mayoría de sus mensajes fueron muy en la línea tradicional del candidato grandilocuente que habla duro y se baña en aplausos, nada que no veamos cada cuatro años. Sin embargo, cuando el bando verdiblanco trató de mostrarse distinto (¿innovador?), el tiro salió por la culata, como fueron los casos del delatador video de las Caravanas de la Salud , o el aún infumable cuento que le hizo Geovanny Bulgarelli sobre un capullo roto y el “nunca había visto una tan grande”.

Otro caso que debería ser de análisis es el de Otto Guevara. El persistente excandidato libertario echó mano de chingos, chunches y dichos de compita en sus anuncios, pero al 2 de febrero llegó convertido en un meme, luego de que decenas de personas se dieran gusto modificando la foto que acompaña este texto.

De parte del Frente Amplio, uno de sus anuncios debe ser recordado por encima de todos, pues la agrupación de José María Villalta fue la primera en hacer visible a una pareja del mismo sexo en una pieza proselitista costarricense. No me cabe la menor duda que dicho video tendrá más valor histórico que todos los llamados a la defensa de la “familia tradicional” y los golpes en el pecho de parte de varios candidatos “conservadores”.

Entre lo que se hizo bien hay un esfuerzo que destaca, y que no salió de una agencia de publicidad sino de aulas universitarias: Nuestro nombre es Costa Rica fue una crítica abierta de parte de estudiantes de la Universidad de Costa Rica a los gobiernos de las últimas décadas. El video fue efectivo en polarizar posiciones e incluso provocó una respuesta en el mismo tono por parte de la juventud liberacionista, una en la que se reveló a Lea Netzer como referente verdiblanca de la que sin duda volveremos a oír.

En cuanto a Luis Guillermo Solís, su campaña en medios fue redonda y efectiva: la misión era dar a conocer al underdog , al que nadie veía venir, al del margen de error. Y vaya que se logró.