Por: Fernando Chaves Espinach 20 febrero, 2016
AGENCIA EFE
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Entonces, ¿cuánto papa Francisco es demasiado papa Francisco? Cada excursión pontificia fuera del Vaticano reflota y rebota esta pregunta entre creyentes, ateos e indiferentes, atormenta a periodistas católicos, laicos y desinteresados, y con ellos, a un público con todo el arcoiris posible de opiniones sobre el máximo líder de la Iglesia Católica.

Con motivo de su reciente visita a América Latina, resurge la duda sobre cómo debe cubrirse una visita del jerarca religioso. Al vivir en un país como este, la pregunta parece ociosa o torpe; sin embargo, es justo por la aparente obviedad de ese éxtasis periodístico por la gira papal que urge revisarnos.

En un estado de Facebook, el comunicador Cristian Cambronero argumentó brevemente que al Papa no lo “cubren” como tema normal de agenda, sino que lo celebran. “Parece que el Papa no solo está por encima del bien y el mal, sino que está por encima del balance, el contexto, el factchecking , la rigurosidad”, escribió Cambronero.

Las pruebas están a la vista. Un mediodía de esta semana, en un canal costarricense, el periodista recitó, hora por hora, lo que haría el pontífice en México –¡en México!– esa tarde. ¿Valor periodístico de tal pormenorización? ¿Relevancia para el espectador tico?

Escaso rigor. La gira papal es un hecho digno de atención. En un medio generalista, ni la fe del periodista ni la que se presume en el público deben restringir la profundidad informativa

Entiéndase: una gira diplomática de un jefe de Estado prominente es materia de urgente y minuciosa atención. No obstante, cuando se trata del gobernante vaticano, pareciera difuminarse la necesidad de contextualización, contraste y crítica que amerita. Así, titula y celebra Telemundo : “Periodista Rogelio Mora llora durante cobertura papal”. ¿Celebra toda la audiencia?

No es que en México haya pasado inadvertido ese aspecto. Abundantes publicaciones en medios digitales e impresos han indagado en ese despliegue simbólico de Francisco, así como los vacíos y énfasis de sus discursos (como cuando Apple presenta un iPhone y el periodismo tecnológico se desmaya).

Un rudo análisis de la revista Proceso, por ejemplo, concluye: “Como bien dice el propio (Jorge Mario) Bergoglio, ‘con el diablo no se dialoga porque acabas perdiendo’. Hasta ahora el pontífice católico optó por dialogar y negociar con los ‘diablos’ mexicanos y solo confortar con generalidades y bendiciones a los más humildes”. Un análisis favorable al Papa sería válido también: enfoques posibles hay miles.

Más allá del contexto mexicano, lo cierto es que, si dependiésemos de cierta parte de la prensa costarricense y de CNN en Español, pensaríamos que el recorrido papal es tan suave como visita a casa de amigos. Pero como reza el dicho, el diablo está en los detalles.

Nadie, nadie en el mundo del periodismo sabe con absoluta certeza qué es aquello de la ética. Cada caso impone y rompe sus retos, sus límites, sus prejuicios, su entendimiento del mundo. Un buen periodista convierte esas dudas en terreno fértil: ese es su trabajo, cuestionar para informar mejor, apartado de uno u otro equipo. Amén.