Por: Natalia Díaz Zeledón 27 febrero, 2016

La única manera de dimensionar el imperio en el que se ha convertido la marca de Pokémon es compararla con Disney.

Pikachu, la cara más familiar de la franquicia japonesa, es una de las figuras animadas más reconocidas en la historia.

Mickey Mouse ha tenido casi 100 años para aferrarse a la memoria cultural. Pikachu tenía apenas tres años de mercadeo cuando ya era uno de los personajes más reconocibles de las series animadas.

La gran ironía es que Pikachu nunca fue uno de los protagonistas más grandes en la primera generación de videojuegos. En Rojo y Verde , los jugadores tenían la oportunidad de comenzar a jugar con tres Pokémon: Bulbasaur (un monstruo tipo planta), Squirtle (un monstruo de agua) y Charmander (un monstruo de fuego).

Pikachu fue escogido específicamente para ser un acompañante del personaje principal, el entrenador Ash Ketchum.

Los productores de la serie valoraron varios de los personajes incluidos en el juego y determinaron que con sus mejillas rojas y sus descargas eléctricas, Pikachu era el Pokémon con mayor oportunidad de gustarle a niños y niñas.

Invasión nipona. Cuando el animé de Pokémon llegó a Occidente entre 1998 y 1999 (Cartoon Network comenzó a transmitirlo doblado para Latinoamérica), la oferta de animación japonesa aún era pequeña y exclusiva para fans muy particulares del estilo de dibujo.

La generación que recibió a Pokémon como animé, no como videojuego, encontró una puerta secundaria para ingresar al universo de la franquicia y, además, un puerto de entrada para consumir otros productos culturales de Japón.

Antes de Pikachu, Japón tenía a Hello Kitty y al resto de las mascotas de la marca Sanrio.

Después de Pikachu, el país logró consolidar su imagen internacional por medio de series, animaciones, juegos y otras mercancías.

A la fecha, Pikachu ha aparecido en útiles escolares, ropa, electrónicos (como versiones especiales consolas, incluyendo una del Nintendo 3DS).

Las licencias de la marca incluyen 170 compañías diferentes y más de 5.000 de productos, asegura The Pokémon Company , empresa de Nintendo que administra la marca.

Entre finales del siglo XX y principios del siglo XXI, Japón consolidó su imagen internacional con un mercadeo focalizado en sacar provecho a la ternura y simpatía de Pokémon.

La aerolínea All Nippon Airways conduce desde 1998 una flota de aviones pintados con los personajes de la franquicia (aunque varios aviones han salido de servicio desde entonces). Para el Mundial del 2014, la selección japonesa presentó a Pikachu como la mascota oficial de su equipo.

Asimismo, la ciudad japonesa de Yokohoma ha celebrado durante dos años un festival en el que liberan a las calles cientos de bailarines disfrazados como Pikachu, con el único objetivo de celebrar al adorable personaje (ojo, el próximo será en agosto ).

No hay una razón lógica para determinar qué convierte a Pikachu un personaje tan memorable. Los psicólogos han determinado que su amarillo estridente y sus ojos enormes lo hacen llamativo; asociaciones religiosas y conservadoras han tomado los mismos adjetivos físicos para llamarlo satánico.

En el 2016, los fanáticos más aguerridos de Pokémon continúan siendo los mismos niños que jugaron a Pokémon en un Game Boy y que vieron en cines la primera película con Mew.

Sin embargo, el motor comercial de Pokémon –como el de Disney– ya no depende de esa primera generación. Si hay un Mickey Mouse para la generación posterior a los videojuegos, definitivamente es Pikachu.