Protagonizó una serie televisiva que explotó las pantallas caseras; cuando la cancelaron derrapó en películas deplorables, hasta que intentó resucitar con una que más bien lo mató

 7 mayo, 2016

¡Aquí torre blanca! Se oía en el potrero mientras los mocosos se arrastraban con la panza pegada al tierrero; armados con palos de escoba como fusiles y convencidos de que estaban en Francia, en la tropa del sargento Chip Saunders.

Cada lunes, después del episodio domingueño de la teleserie Combate, todo niño que se preciara de tal era un soldado en potencia, de los que desembarcaron en Normandía en 1944, para liberar a Europa de los nazis en la Segunda Guerra Mundial.

A esa fiebre infantil contribuyó, durante 152 capítulos entre 1962 y 1967, un personaje que mascullaba órdenes a su pelotón, los guiaba a las misiones mortíferas y con su metralleta Thompson llenaba de plomo a los alemanes o los destripaba a bayonetazos.

El que a hierro mata, a hierro muere. Durante una filmación el actor Víctor Harry Vic Morrow –el entrañable sargento Saunders– murió decapitado por las hélices de un gigantesco helicóptero Bell UH-1B Huey.

Con Morrow fallecieron dos niñas vietnamitas que trabajaron como extras en un capítulo de En los límites de la realidad (1982), cinta que reunía a cuatro talentosos directores: Steven Spielberg, George Miller, Joe Dante y John Landis.

Vic pasaba por una mala racha personal y profesional; este filme era la promesa de abandonar las peliculuchas serie B, como las bazofias de Message from Space (1978) y Humanoides del abismo (1980).

Su idea era recalar otra vez en las obras de gran presupuesto cinematográfico, sentir el brillo de las focos y la dulce brisa de la popularidad.

Los padres del actor fueron unos inmigrantes judíos de Rusia, Jean Kress y Harry Morrow, que lo enlistaron en el mundo el Día de San Valentín de 1929 y lo llamaron Víctor Morozoff.

Creció en el Bronx, Nueva York, y a los 17 años dejó los estudios y se enroló en la Marina para conocer mundo. Al menos eso es lo que prometen a la carne de cañón.

Regresó a tierra y comenzó la carrera de derecho en la Universidad Estatal de La Florida; no la terminó y se marchó a la Gran Manzana, donde se matriculó en el Actor’s Workshop.

Sus primeros papeles lo encasillaron en el rol de delincuente juvenil; fue Artie West en Rebelión en la aulas , de 1955, y Shark, en El barrio contra mí , filme en que hizo pareja con Elvis Presley.

Por su experiencia militar lo contrataron en Combate , y durante cinco temporadas fue la serie bélica con más episodios en la historia de la televisión; en esos años, cada capítulo duraba 50 minutos, con diez anuncios comerciales.

Si bien filmó muchas películas de acción, a Morrow no le gustaban las armas y le hacía mala cara a las ofertas para disparar, aunque fueran balas de utilería.

En el cenit de la fama su mujer, Barbara Turner, lo abandonó. Con ella tuvo dos hijas: Carri Ann y Jennifer Leigh. Volvió a casarse con Gale Lester y a los cuatro años se divorciaron.

Además, la serie, de la cual fue director en algunos episodios, fue cancelada en 1967 y cayó en el alcoholismo; resucitó solo para poder filmar la última escena de su vida, la madrugada del 23 de julio de 1982.

Caído en acción

En el trágico filme, Vic encarnaba a William Bill Connors, racista intolerante que detestaba a los judíos, a los negros y a los asiáticos. Mediante un artilugio viaja a través del tiempo, es capturado por la SS alemanas; huye al futuro y cae en manos del Ku Klux Klan y, finalmente, es atrapado en la guerra de Vietnam.

A las 2 de la madrugada comenzó la filmación de la última escena de En los límites de la realidad en el Parque de Indian Dunes, en Los Ángeles.

El director Landis gritó “¡Acción!” y Morrow tomó en sus brazos a Renne Chen, de seis años, y también a Mica Dinh Le, de siete. Con ellas corrió por la orilla del río Santa Clara, mientras las cargas explosivas demolían un poblado a sus espaldas.

Con tal de darle más realismo al momento, Landis exigió que el helicóptero volara bien bajo; en la carrera, Vic soltó a Renee y, en ese instante, una carga explosiva alcanzó el aparato y se precipitó a tierra. Aplastó a la niña.

La hélice sigió girando y decapitó a Vic y a Mica; la cabeza del actor cayó al río.

El alboroto posterior fue descomunal. Las vietnamitas fueron contratadas ilegalmente, el set carecía de las medidas básicas de seguridad y a Landis lo acusaron de negligencia y homicidio involuntario. Steven Spielberg sacó el bulto y lo dejó solo ante la ley.

Durante mucho tiempo, los actores se negaron a actuar tan cerca de un helicóptero.

Al final, el cineasta fue absuelto y la toma fatal la borraron de la versión comercial. Los morbosos pueden apreciar la cruel escena en la Internet; el original comenzó a circular en el mercado negro como una versión genuina de snuff movie , en el video Death Scenes 2 .

La productora Warner Bros pagó $2 millones a las familias de las niñas y $900.000 a los herederos de Vic.

En el testamento, este le dejó todos sus bienes a su hija mayor, Carrie; a la menor, Jennifer –con quien no tuvo contactos por muchos años– le depositó $100.

Bajo la tierra de California, en una trinchera eterna, yace Vic Morrow y en su lápida debería de rezar: “¡Peón negro, aquí jaque a rey dos… Cambio y fuera!