Se casó con un mito y el paraíso prometido se convirtió en purgatorio porque el marido era un controlador, dominante, preso de los vicios y las depresiones.

 30 mayo, 2015
Esta imagen representa la época dorada de la conquista de la pareja, cuando recién se conocieron. Ella tenía 16 años, el 26, y en ese momento el astro cumplía con el servicio militar en Alemania. LatinStock/Corbis para Teleguía
Esta imagen representa la época dorada de la conquista de la pareja, cuando recién se conocieron. Ella tenía 16 años, el 26, y en ese momento el astro cumplía con el servicio militar en Alemania. LatinStock/Corbis para Teleguía

Vivir con un dios debió ser muy difícil. Servirlo fue fácil, complacerlo… imposible. Él le escogía la ropa, el tinte del cabello y ella conservó su pureza virginal hasta que se casaron, en una boda de ensueño envidiada por las mujeres del planeta.

Él tenía 24 años cuando la conoció y era una leyenda viviente del rock . Que ella tuviera apenas 14 fue un detalle, dado que a los dioses les gustan nubiles, porque a burro viejo, pasto joven.

La desencarnación del monarca de las caderas sinuosas la liberó de su divino yugo y, gracias a sus descubiertas dotes de empresaria, hizo el milagro de los panes y los peces con la ya de por sí millonaria herencia recibida.

Hoy, desde la cima de sus 70 años, ve con nostalgia a aquella jovencita que fue la esposa del inmortal rey de reyes Elvis Presley y ella, su querida “Cilla”, mote cariñoso de Priscilla.

Desde afuera, quienes envidiaban su perra suerte, ni siquiera sabían que el paraíso de Graceland en realidad era un purgatorio, dados los vicios y depresiones que acogotaban a Elvis y planeaban sobre la pareja, como buitres hambrientos.

Así luce Priscilla Presley actualmente. La fotografía es del 26 de abril pasado, en Las Vegas, cuando asistió a un musical en honor a Elvis. Foto LatinStock/Corbis/
Así luce Priscilla Presley actualmente. La fotografía es del 26 de abril pasado, en Las Vegas, cuando asistió a un musical en honor a Elvis. Foto LatinStock/Corbis/

Dicen que el rey, cuando la conoció en 1959 –durante su servicio militar en Alemania–, abrió sus maravillosos ojos, sacudió su coqueto copetito y dijo con aquella boca soñada: ¡Parece un ángel!

Si Elvis decidiera volver a la Tierra –porque para sus fanáticos vive en un satélite de Júpiter– ya no diría lo mismo y solo Dios sabe si no sale despavorido, al contemplar lo que las cirugías estéticas hicieron en el rostro de su querubín.

Cuando Priscilla cumplió 62 años un presunto cirujano la convenció de inyectarse en los labios y pómulos una sustancia maravillosa, que le devolvería la juventud perdida y le dejaría la piel como un melocotón.

El taumaturgo le cobró $500 por cada inyección, pues eran mejor que el botox y tras varias sesiones la dejó peor que antes; la boca le quedó como un parche y las mejillas como un absceso gigante. Parecía a Tweety.

En el quirófano la remendaron con tal de que pudiera participar en el reality show Dancing with the Stars , en el 2008; pero ni su estilizada figura impidió que los espectadores enmudecieran con su acartonado rostro.

Durante las cinco semanas que estuvo sobre el escenario bailó –con su pareja Louis Van Amstel– foxtrot , mambo, tango, vals , rumba y al final perdió por votación popular.

Por ahora, y en su afán de mantener viva la memoria de Elvis, se involucró en el diseño de la nueva capilla que llevará el nombre de su marido, situada en la ciudad del pecado –Las Vegas– como parte del show Graceland Presenta Elvis: La exhibición – El espectáculo – La experiencia .

Alma gemela

Los maquillistas de imagen de Elvis le inventaron una vida de ensueño, parte de eso fue el noviazgo y boda con Priscilla.

En principio los dos se habrían conocido en el cielo y estaban destinados a encontrarse en la Tierra, de la manera más cursi: en una fiestecita de adolescentes.

El cantante cumplía con el servicio militar en Wiesbaden, Alemania, adonde lo siguió un batallón de periodistas y paparazzis, empeñados en contarle al mundo entero las naderías de la luminaria, desde los maitines hasta las completas.

¡Obvio! El semidios no llevaba la vida de un fraile, sino que una y otra noche salía de cacería; en una de esas conoció a una chiquilla de 14 años, quien vivía con sus padres: Anna Lillian Iversen y Paul Beaulieu, este era el segundo marido, un oficial de la Fuerza Aérea de los Estados Unidos.

“De pequeña era muy tímida. Sumado al hecho que cada año nos trasladábamos de ciudad en ciudad, me era muy difícil trabar amistades con las niñas de mi edad. Esto hizo que en mi adultez me costara conseguir amigos”, escribió Priscilla en Elvis and Me.

Hacía un año que la madre del rey del rock había muerto; la versión oficial asegura que falleció de un ataque cardíaco, otros más irreverentes afirman que fue a causa de las anfetaminas, porque se sentía gorda y deseaba adelgazar para no humillar con su fealdad a su hijo. Elvis la consideraba su “chica preferida” y los unía un afecto bastante extraño.

Priscilla y Elvis se casaron en 1967, en Las Vegas. Tenían 21 y 32 años, respectivamente. Archivo
Priscilla y Elvis se casaron en 1967, en Las Vegas. Tenían 21 y 32 años, respectivamente. Archivo

Esa noche, según confesaría la estrella, “supe que había encontrado a mi alma gemela”. Los dos comenzaron a verse con regularidad y encontraron apoyo mutuo en su soledad.

Elvis era una estrella mediática pero estaba en un país extraño, no hablaba ni jota de alemán, lejos de casa y sin su mami. Priscilla se convirtió en su amiga y confidente. Hasta aquí llega la versión edulcorada del flechazo entre ambos.

En Baby, juguemos a las casitas –de Alannah Nash– la autora señala que Presley no era un ermitaño, más bien estaba rodeado de una corte de aduladores que lo proveía de lo necesario, sobre todo jovencitas. Otro libro, Private Elvis , apunta que el recluta pasaba las noches en cabarets y se divertía sin tasa ni medida.

Aunque eran los años 60 y todo estaba patas arriba Elvis debía conservar una imagen de niño bien y por eso cayó de perlas Priscilla, quien encarnaba la pureza y respondía al estereotipo de futura esposa y madre abnegada. ¡Santa María!

Alannah, una prestigiosa periodista, desempolvó cientos de legajos judiciales y partió en dos la impoluta vida de la noviecita, quien no era la casta palomita sureña que vendieron los propagandistas de Elvis.

Como toda señorita sostuvo algunos romances, antes y después del cantante, era inquieta y rebelde, a tono con la época. Un tal Currie Grant presumió de sus escarceos sexuales con ella, a posteriori de presentársela a Elvis.

Priscilla lo demandó, le ganó el pleito y más bien pagó $15 mil a cambio de unas fotos que este tenía; lo obligó a que nunca más volviera a comentar nada de sus lances amorosos.

Al parecer el padrastro de la joven presionó al mánager del astro –el coronel Tom Parker– para mantener caliente la relación entre la pareja. La familia estuvo anuente a que la joven viviera en Graceland, a cambio de una promesa matrimonial.

Durante dos años Priscilla se aguantó los amoríos del roquero, si bien solían salir juntos y tomarse fotos para la prensa. En 1962 él le pidió que pasaran las vacaciones en Los Ángeles.

Recordemos que ella era menor de edad y Elvis le llevaba 10 años, vividos a todo tren. Fue difícil acostumbrarse a las giras de la estrella, a estar sola en Graceland, y a leer en la prensa las sonadas aventuras de Elvis con Ann-Magret, Natalie Wood, Tuesday Weld, Candice Bergen, Cybill Shepherd y hasta Nancy Sinatra.

Priscilla reconoció: “tenia un marido que era admirado por un montón de mujeres alrededor del mundo, siendo tan joven. ¡Fue muy difícil compartirlo! Estaba enamorada, quería estar con mi marido, pero la vida no era tan normal. Bueno… había que ser razonable: era ¡Elvis!”

Para terminar el cuento de hadas, antes de la Navidad de 1966 este le propuso casarse. Todo se mantuvo en secreto; la madre y el hermano de Priscilla se enteraron el día anterior a la boda, recordó ella en la revista Hello .

Love me tender

Las lenguas venenosas aseguraban que el romance con Anne-Margret fue incendiario, dado que la actriz era una belleza espectacular. Algunos aseguran que el affaire solo fue un truco publicitario para promocionar la película Viva las Vegas , en la que actuaron los dos.

El escritor Albert Goldman aseguró que el pobre de Elvis no quería casarse, al menos con Priscilla, y lo hizo porque ella lo amenazó con contarle a la prensa los entretelones de la vida en Graceland. El padre de la novia le recordó los alcances legales de vivir con una menor de edad y el coronel Parker le expuso la cláusula moral de su contrato con los estudios RCA.

La pareja tuvo una única hija, Lisa Marie, quien hoy tiene 46 años. Priscilla empezó a abusar de las cirugías plásticas cuando ni siquiera había llegado a los 40 años. Arriba, en una fotografía del año 2003. Archivo
La pareja tuvo una única hija, Lisa Marie, quien hoy tiene 46 años. Priscilla empezó a abusar de las cirugías plásticas cuando ni siquiera había llegado a los 40 años. Arriba, en una fotografía del año 2003. Archivo

Asi pudo más “el que dirán” y la chiquilla terminó por llevarse el gato al agua, tras casi cuatro años de convivir en estado de castidad.

Les bastaron ocho minutos a los contrayentes para jurarse amor eterno –que duró apenas seis años– en una ceremonia realizada el 1 de mayo de 1967. A la boda acudieron unos 100 invitados y la posteridad recuerda a los contrayentes cuando cortaban el queque nupcial de seis pisos. Ese día el novio le cantó Love Me Tender , para terminar de empalagarlos.

Tras la luna de miel la pareja se instaló en un rancho en Memphis, Tennessee. Ahí Priscilla se dedicó, como ella dijo, a “jugar a las casitas” y consentir a su maridito sin “empleadas domésticas o amas de casa que nos cuidan en exceso”. Ella fue buena esposa, cocinó, limpió y lavó los trapitos de Elvis.

Con precisión matemática a los nueve meses exactos de matrimonio, el 1 de febrero de 1968, nació Lisa-Marie y a partir de ahí la relación entró en picada. Elvis no sentía afecto por su mujer y esta buscó alivio a su pesar en los brazos de Mike Stone, un instructor de karate.

Al parecer el intérprete era un poco distante, no le apetecían las relaciones sexuales, solo le interesaba su carrera artística y Priscilla extrañaba “al hombre comprensivo y amable que amé”.

En 1973 ella y su hija, de cinco años, dejaron Graceland. El divorcio le costó al artista $725 mil en efectivo, el cinco por ciento de los ingresos de sus empresas editoras y la mitad del valor de su mansión en Beverly Hills.

Con los años ella tuvo más pretendientes. Entre ellos el modelo Mike Edwards, quien aseguró que Priscilla lo engañó con Richard Gere; el magnate del entretenimiento Nigel Lythgoe: el restaurador Richard Palmer y en los últimos años se le vinculó con el cantante australiano Barry Crocker. De 1984 a 2006 estuvo casada con el guionista Marco Garibaldi y nació su hijo Navarone.

La viudez le sentó de maravilla. Recuperó su vida, despertó sus talentos artísticos y su olfato para los negocios, para dejar de ser la niña ingenua que se casó con un mito que la cegó con su resplandor.