La maquinaria del celuloide tritura y desecha con rapidez a los niños; son pocos los que sobreviven y Judith fue una de esas víctimas, sacrificadas al dios Moloch.

 9 septiembre
Página Negra: Judith Barsi, más allá del Valle Encantado
Página Negra: Judith Barsi, más allá del Valle Encantado

Edad: 10 años. Estatura: 1,12 m. Peso: 50 libras. Nombre: Judith Barsi. Su padre –Joseph– la levantó del cuello; le puso la punta de un cuchillo en la garganta y le advirtió: “¡Si no vuelves, te encontraré y te mataré!”

Volvió. Un año después, el 27 de julio de 1988, Joseph entró a la habitación de Judith y –mientras dormía– le pegó un tiro en la cabeza. En el pasillo encontró a la madre –María– y le disparó al corazón.

Durmió dos noches con los cadáveres. Al segundo día los bañó con gasolina y los incendió. Abrumado por los remordimientos y al calor del fuego se voló la tapa de los sesos.

Así acabó la prometedora carrera artística de Judith, que en menos de cuatro años filmó 70 anuncios, tres telefilmes y cinco películas, las más conocida de ellas fue Tiburón: la venganza , en 1987.

Esa cinta fue la gota que colmó la escasa paciencia de Joseph, porque la niña insistió en desobedecerlo y se marchó, con su mamá, a Bahamas pues era una estrella en ciernes.

Vale aclarar que Judith llegó a ganar $100 mil anuales, con lo que sus padres compraron una amplia casa en el lujoso residencial de West Hill, en Los Ángeles, ciudad donde nació el 6 de junio de 1977.

La pequeña actriz pagaba con su trabajo las facturas familiares. Eso para nada le hacía gracia a Joseph, un alcohólico violento y abusivo, que abandonó Hungría en busca del sueño americano.

Pero dejemos –por un instante– al homicida, para contar cómo fue que un cazatalentos descubrió a Judith, cuando ella frisaba los cinco años. Una tarde fue a patinar con su madre; su dulzura y encanto capturaron a un productor de anuncios televisivos, que de inmediato le consiguió un contrato con una cadena de comidas rápidas.

Así llegaron más clientes: jugueterías, alimentos, mantequilla de maní y uno de sopa de tomates, que la dejó empachada.

Como era muy menudita aparentaba menos edad y eso la hacía lucir más tierna y natural. De los avisos pasó a la televisión en los años 80, en series como Cheers , Cagney & Lacey y en algunos episodios de Punky Brewster .

El despegue cinematográfico ocurrió con la saga de Tiburón ; le dieron un pequeño papel, pero mostró un talento precoz; todos le auguraban una carrera meteórica hacia el estrellato.

La pequeña promesa fílmica padecía de un mal congénito que afectaba especialmente a la hormona del crecimiento, lo que retrasó su desarrollo. A los diez años comenzó a recibir tratamiento médico contra ese padecimiento.

Durante las sesiones médicas la niña empezó a revelar cambios en su estado de ánimo: frecuentes ataques de histeria, aumentó de peso, se arrancó las cejas, el pelo y las pestañas; se mordía las uñas hasta la piel y un día le cortó los bigotes a uno de sus cinco gatitos.

Crecer duele. La invasión soviética a Hungría, en 1956, expulsó a muchas personas. Entre ellas a Joseph Barsi, quien llegó a California – a los 24 años– con un violín a cuestas. Encontró trabajo de fontanero y conoció en un restaurante a María Virovacz, una vivaz camarera bastante pizpireta.

Era un sol de hombre, con un pasado oscuro. En su tierra natal dejó a una esposa y a dos hijos, pero trajo en la mochila su adicción al licor y una ira acumulada, que desataba con frecuencia.

Le costó acomodarse al estilo de vida americano, sobre todo porque su fuerte acento húngaro y toscas maneras ocasionaban las burlas de sus conocidos.

Intentó evadir la depresión en la cantina y más bien desarrolló una personalidad paranoica, que con los años se acentuó. Creía que todos estaban en contra suya.

Con la primera familia se portó posesivo con sus dos retoños; abusó de ellos y los maltrató. Uno, Barna, degeneró en un alcohólico y se colgó de un puente en Arizona. La anterior mujer huyó de la casa cuando intentó romperle la cabeza con una sartén.

De nuevo solo, y en un país extraño, decidió probar suerte en California. Ahí conoció a María, congeniaron de inmediato porque los dos eran húngaros y compartían las mismas nostalgias por el terruño. Apenas nació Judith el idilio se transformó en infierno.

Lo que más endiablaba a Barsi era que la niña ganara más dinero que él; así incubó un odio negro contra ella y la madre, quien estimuló el talento de la pequeña y la impulsó a sobresalir en la actuación.

Un día no aguantó más y le estampó un puñetazo en la cara a María e intentó estrangularla. Ella denunció la agresión; hubo un juicio rápido y, por falta de pruebas, lo absolvieron.

A partir de ese momento comenzó a fraguar la muerte de Judith y de la madre, antes de que las dos lo abandonaran.

Durante una audición Judith se desplomó por los constantes ataques físicos y mentales de su padre; intervino el Servicio de Protección a Menores y se abrió una investigación.

La madre aceptó iniciar los trámites de divorcio y alquilar un apartamento, pero el miedo a las represalias del marido le impidió huir y salvarse.

La mañana del crimen los vecinos vieron a Judith pasear por la acera en bicicleta y jugar en el jardín.

En la noche Eunice Daly –una vecina– escuchó un estallido, se asomó por la ventana y vio otro destello. No le dio importancia. Al segundo día notó humo en la casa. Llamó a los bomberos.

Los equipos de emergencia hallaron a Judith y a María a medio quemar y en fase de descomposición; Joseph yacía en el garaje.

Sobre la lápida de Judith grabaron: “A nuestro ángel”.


Trágico final

Página Negra: Judith Barsi, más allá del Valle Encantado
Página Negra: Judith Barsi, más allá del Valle Encantado

La mayoría de los niños recuerdan a Bastian, personaje de La historia sin fin. Este era encarnado por Jonathan Brandis.

También interpretó a Bill, un jovencito acosado por el satánico payaso Pennywise, en la película It.

Sus ojos azules, mirada inocente y calidad interpretativa le abrieron los pasillos de la fama en Hollywood. Luego, creció.

Deprimido por la falta de contratos cayó en el alcoholismo; decidió ahorcarse en su departamento de Los Ángeles en el 2003. Tenía solo 27 años.