Fulgurante estrella de la NBA, leyenda viva de los Chicago Bulls, su vida fuera de las canchas es un absoluto despapaye, acorde con su personalidad estrafalaria.

 10 septiembre, 2016
Página Negra: Dennis Rodman fue tan malo como pudo ser
Página Negra: Dennis Rodman fue tan malo como pudo ser

¡Adiviná quién viene esta noche! Un gusano enorme, con cabello de colores, cuerpo tatuado hasta las pestañas, piercings en orejas, nariz, trompa y en la rabadilla. En fin, una criatura de lo más detestable. ¡Uuuhhaaggg!

Su fama se la debe a sus impresionantes estadísticas en 14 temporadas basquetbolísticas en la NBA, sus romances de locura con Carmen Electra o Madonna, sus estúpidas películas y sus descacharrantes vestuarios.

Hasta los 20 años era un enano de 1,68 metros, que aspiraba a la absurda idea de ser una estrella en un deporte de atlantes, y solo el diablo sabe qué se tomó, pero, en cuestión de un año, se estiró 30 centímetros y pudo competir con jugadores de verdad.

Con 34 años se unió a los Chicago Bulls y conformó la más grande trinidad que ojos humanos contemplaron: Michael Jordan, Scottie Pippen y nuestro despreciable anélido, Dennis Keith Rodman.

Página Negra: Dennis Rodman fue tan malo como pudo ser
Página Negra: Dennis Rodman fue tan malo como pudo ser

¿A cuenta de qué basurear al rey de los rebotes, la defensa tenaz y estrella en Detroit Pistons, San Antonio Spurs, Chicago Bulls, Angeles Lakers y Dallas Mavericks?

Tal vez por irreverente y porque hace lo que le viene en gana, como la vez que se vistió de novia. ¡Imaginen ese negrote descomunal en traje blanco!

Es un contestatario; como Mefistófeles que respondió al Dr. Fausto: “Soy el espíritu que siempre niega”.

Al final de su carrera, entre finales del siglo XX y principios del XXI, se dedicó a las actividades más sui géneris: desde luchar con Hulk Hogan hasta reunirse con su más célebre fan, el dictador norcoreano Kim Jong-un.

La última ocurrencia data de este año cuando anunció: “Hola, soy Dennis Rodman. Deja que te explique tres formas de romperte el pene”. Un video que se volvió viral –como dicen ahora– y que resume los distintos escenarios para tan dolorosa experiencia: un yate, un juego de básquetbol y con una enfermera ninfómana en Nueva York.

En medio de tanto enredo olvidó pagarle la pensión a Michelle Moyer, su tercera esposa, y a sus dos hijos. Por eso, un juzgado de California lo sentenció a cancelar más de $800.000 y hacer 104 horas de servicio comunitario; otro juez lo condenó a tres años de prisión y quedó en libertad condicional. Cuatro cortes diferentes lo culparon por desacato y negar el sustento a su mujer e hijos.

Su asesora financiera, Peggy Williams, defendió a Rodman con el manido argumento de que el infeliz era alcohólico, estaba en bancarrota y no tenía ni medio dólar para las demandas maritales.

Double team

El padre del gusano, Philander Rodman, fue un semental empeñado en poblar él solo el planeta. Con su mujer, Shirley, engendró a Dennis, que encalló en el mundo el 13 de mayo de 1961 en Trenton, Nueva Jersey. La familia la completaban Debra y Kim.

Philander era piloto de la Fuerza Aérea y veterano de Vietnam; cuando Dennis era un jovencito los abandonó y se marchó a Filipinas. Dicen que ahí dejó regados entre 26 y 28 hijos más. Hay hombres que más vale perderlos que encontrarlos.

Sola y con tres niños, Shirley tuvo hasta cuatro empleos al día para sacarlos adelante; de ahí el odio de Dennis hacia Philander, al cual perdonó 42 años después cuando se lo encontró en Manila, luego de un partido de exhibición entre figuras legendarias de aquella isla y Estados Unidos.

Los Rodman, pobres como ratas, crecieron en Oak Cliff, considerado el barrio más peligroso de Dallas, Texas. Las privaciones forjaron en Dennis un gran apego hacia la madre y sus hermanas, pero estas lo abrumaban.

En su juventud era muy tímido; no le gustaba su figura deshuesada, al punto de que le daba vergüenza salir con mujeres y llegó a tener fama de “mariquita”.

La futura estrella de la NBA fue a la secundaria y apenas llamó la atención como atleta; era incapaz de hacer una canasta en el básquet y pronto pasó a reforzar la banca en los campeonatos estudiantiles.

Con apenas 1,68 metros de estatura, sus posibilidades de éxito eran mínimas; al acabar el colegio consiguió trabajo como conserje en el Aeropuerto de Dallas y en los descansos practicaba el baloncesto.

Sin saber cómo se estiró y un amigo lo recomendó al entrenador en jefe de la Universidad del condado de Cooke, en Gainesville, Texas.

Arrancó con buen suceso y en un solo semestre marcó 17.6 puntos y 13.3 rebotes. De ahí pasó a otros centros universitarios; mejoró todavía más sus promedios de encestes y recuperaciones.

Así atrajo la atención del visor Bryne Rich y los dos forjaron una profunda amistad. Rich invitó a Rodman a su casa y, al principio lo marginaron porque era negro, pero trabó amistad con uno de los hijos de los Rich y eso les ablandó el corazón.

Con 21 años lo adoptaron y cambió la vida de la ciudad por “manejar un tractor y arrear vacas”. Los Rich fueron la familia sustituta de Rodman y le ayudaron a ingresar a la Universidad.

Nadie duda del talento deportivo de Rodman, pero fuera de las canchas era un patán, un exhibicionista y un desmadrado. Se casó en Las Vegas, en 1998, con Carmen Electra –otra descocada– y el matrimonio duró nueve días.

Según Dennis, la boda fue una reacción emocional ante la muerte de la madre y de la hermana en el mismo año.

También filmó varias películas deplorables y actuó en algunas series de televisión, pero todo es desperdicio.

Picante, saleroso, deslenguado, Dennis Rodman es un tótem deportivo, el resto de su vida… material de colchón.