Por: Danny Brenes 21 octubre
¿Se ofendió?
¿Se ofendió?

¿Qué tan fácil se ofende usted? ¿Qué tan común es que una broma lo saque de sus casillas, que un programa de televisión le resulte inapropiado, que una canción o un meme o una película o un comentario choquen directamente contra sus pilares formativos?

Si la respuesta es 'poco común', entonces usted necesita escuchar a Dave Chappelle. Si la respuesta es 'bastante común', usted necesita escuchar a Dave Chappelle. Si la respuesta está en algún nivel intermedio, por favor, vaya escuche a Dave Chappelle.

El 21 de marzo de este año, Netflix estrenó dos shows de stand up comedy del legendario comediante, uno de los más importantes de todos los tiempos.

Durante dos horas –en total–, Chappelle lleva a sus espectadores por un recorrido brillante por muchos de los temas supuestamente prohibidos de la cultura pop de Estados Unidos, no solo la de recientes años pero la que todavía tiene réplicas en el entretenimiento gringo.

Chappelle llama a Bill Cosby “el Steph Curry de las violaciones”. Chappelle recuerda todas las veces que se encontró con O. J. Simpson, una de las figuras más polarizantes de la cultura negra en el país estadounidense. Chappelle no tiene temor de subrayar que su fama y su dinero lo protegen de los abusos de poder a los que la policía de Estados Unidos notoriamente somete a las personas de piel negra.

Chappelle es un maestro de la comedia ofensiva, que en el fondo es una muda más del comentario social y cultural en un contexto histórico en específico; pero también es más que eso.

Lo ofensivo es importante. Lo ofensivo es necesario. Lo ofensivo, como herramienta social y de crítica, es fundamental. No se trata de hacer una perorata sin fundamento; no se trata de hacer el papel en los comentarios de nacion.com (que, cuando intentan ser ofensivos, usualmente no pasan de ser patéticos).

Ofender es un arte, uno que requiere de mente ágil y veloz, y de un intelecto entrenado y despierto: ser ofensivo, como lo es Chappelle, no se limita a atacar a un par ni a señalar detalles nimios, como la apariencia; ser ofensivo es comprender sistemas de privilegio social, cultural, económico, racial, de género, entre otros, y atacar al sistema, no a sus víctimas.

Cuando Chappelle dice que Bill Cosby es el Steph Curry –jugador profesional de baloncesto que ha roto varios registros históricos de anotaciones de tres puntos– de la violación, no se está burlando de las víctimas de Cosby; está señalando un sistema de privilegio que le permitió a la otrora estrella de la televisión cometer crímenes sexuales durante tres décadas, sin mayores consecuencias.

¿Qué le ofende más, la broma de Chappelle o el sistema que defiende y protege a un hombre al que 54 mujeres han acusado de violación? ¿Qué le ofende más, que alguien se ría de un problema o que el problema exista?