La serie sobre el principal narcotraficante de México se estrenará este viernes en Netflix, con la promesa de un relato plagado de sangre y corrupción

Por: Gloriana Corrales 11 junio

No ha podido volver a huir, sigue tras los barrotes, pero Joaquín el Chapo Guzmán sigue causando estragos, esta vez desde la pantalla chica.

Su vida es motivo de morbo y de interés histórico: el Chapo quería ser grande y lo logró; se convirtió en el narcotraficante más importante de México.

Para muestra de la magnitud de su imperio, basta con mirar el primer episodio de la serie El Chapo , coproducción entre Univision Story House Entertainment y Netflix, que se estrenará este viernes 16 de junio en la plataforma de streaming .

La serie, que constará de tres partes, mostrará un periodo de tres décadas que inician en 1985, cuando Guzmán (encarnado por Marco de la O) era un miembro de bajo nivel del Cártel de Guadalajara. En posteriores temporadas se podrá ver su ascenso al poder y su caída final.

El primer capítulo de El Chapo comienza con los reportes noticiosos reales de la recaptura del 2016 de quien llegó a ser el líder del Cártel de Sinaloa: desde las informaciones del Noticiero Univisión y de la cadena CNN, hasta los de otros medios de Francia, Reino Unido, España y Japón.

“No hay medio del mundo que no esté en este hangar de la PGR del Aeropuerto de la Ciudad de México”, asevera una reportera de Univisión, mientras se ve al verdadero Chapo bajar de un helicóptero.

El primero de los siete episodios de esta temporada pone la atención sobre la movida clave que colocó al Chapo en el olimpo de los narcotraficantes: su primer negocio con el colombiano Pablo Escobar.

Asimismo, muestra los comienzos de la construcción de los túneles subterráneos que el contrabandista utilizó en numerosas ocasiones para burlar a las autoridades policiales y que dejaron una estela de sangre entre sus constructores, debido al interés del Chapo por deshacerse de todos los testigos.

“Nos basamos en eventos periodísticos, de cómo este personaje surgió y llegó a ser el rey del narcotráfico, así como de su caída con la extradición. Siempre hemos querido contar más ese aspecto de la historia que el lado personal, por respeto. Nadie sabe realmente lo que le pasaba en privado. Hay cosas que han sido ficcionadas solo cuando era necesario para la historia. Esa es una diferencia con la narconovela”, explicó a El Comercio Silvana Aguirre, la creadora.

Fuerte proceso

Meterse en la piel del principal narcotraficante mexicano dejó varias secuelas emocionales en el actor Marco De la O, quien con El Chapo logró su primer papel protagónico.

“Al final de la primera temporada, yo tenía casi cuatro meses sin ver a mi esposa y a mi hija; entonces, cuando llegué a casa como que todavía tenía el mood de la cárcel, porque estaba grabando casi un mes en el set de una cárcel y me modificó mucho. Yo llegué como histérico, con los nervios de punta”, confesó a Univisión.

“Venía de estar grabando 12 horas encerrado en los acolchonados. Se llama así porque es un cuarto lleno de colchones para que no se golpeen y se vuelvan locos durante un mes, entonces estaba yo muy estresado y me desquité con mi familia”, relató. “Al tercer día me empezó a entrar como un pánico, empecé a llorar y me sentía muy mal, estaba como mezclando la ficción con la realidad, pero no, gracias a Dios estamos entrenados y tengo una familia maravillosa que me hace volver a la realidad”.

Para generar parecido con el personaje, De la O tuvo que someterse a una dieta de 5.000 calorías diarias, con la finalidad de aumentar 10 kilos.

Pese a todo, el intérprete aceptó el rol para una segunda temporada, la cual ya se encuentra en proceso de grabación y se estrenará en Univisión en setiembre.

Aunque la trama se sitúa entre Sinaloa, Guadalajara y la frontera de México con Estados Unidos, la serie fue filmada en su totalidad en Colombia, pues el país natal del protagonista no ofrecía garantías de seguridad a la producción, de acuerdo con la agencia de noticias The Associated Press.

De hecho, Álvaro Cueva, crítico de televisión de Univisión, destacó la valentía de la producción.

“Lo más fuerte de la serie El Chapo no es el Chapo; son los expresidentes, el retrato abierto de la relación que existe entre los políticos y el crimen organizado”, afirmó. “Ellos todavía están vivos, todavía tienen poder y también podrían tomar represalias, de cualquier tipo, en contra de la gente que está detrás de esta emisión”.

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