Terminó ‘Mad Men’ y quedan los recuerdos de un programa que cimentó el oro de la televisión actual a punta de una producción detallista, morosa y cautivante

Por: Dario Chinchilla U. 20 mayo, 2015
Final de Mad Men
Final de Mad Men

Tony Soprano reinventó la televisión. Su despedida en el 2007 –sucedida con los más enigmáticos y larguísimos segundos de pantalla negra en su episodio final– se presagiaba como la extinción de una especie única, de un fenómeno televisivo que se sospechaba irrepetible. (Claro, también existía The Wire , una serie igualmente compleja, pero que tocaba otras cuerdas emotivas en el televidente y que nunca tuvo la tracción suficiente para convertirse en un fenómeno de masas.)

El luto por Los Soprano duró apenas un mes y unos días.

Enigmático. Durante siete temporadas, Don Draper (interpretado por John Hamm) guardó secretos y vio su vida desmoronarse en varias ocasiones. Aunque sus días fueran un desastre, casi siempre logró proyectar la imagen de ganador. Frank Ockenfels 3/AMC para LN.
Enigmático. Durante siete temporadas, Don Draper (interpretado por John Hamm) guardó secretos y vio su vida desmoronarse en varias ocasiones. Aunque sus días fueran un desastre, casi siempre logró proyectar la imagen de ganador. Frank Ockenfels 3/AMC para LN.

Don Draper llegó aquel 2007 para consolarnos: el portento de la cultura popular que trajo consigo Tony no tenía por qué ser una especie única. Mad Men se presentó como una serie completamente diferente al drama mafioso, pero con una ética y una estética que bebía de las mismas fuentes de televisión que sabían cocinar con tiempo y con gusto.

La serie exhibió su último episodio el lunes en la señal de HBO de Latinoamérica, el cual se había transmitido el domingo en Estados Unidos en la señal de AMC, con una audiencia de 3,6 millones de televidentes.

Su protagonista fue genio creativo en la oficina y sexual en la cama. También lo vimos fracasar como esposo; fue un padre ausente que provocó decepciones irreversibles; fue niño traumado, alcohólico, mujeriego y ladrón de identidades. Aun con ese currículo, el personaje cautivó a su audiencia durante ocho años, con un carisma opaco y misterioso.

¿Qué hereda Don Draper?

Otro sabor de tele. El mundo de Mad Men fue el mismo que el del nacimiento de la publicidad moderna: Nueva York en los años 60. Hasta allá nos llevó la serie durante siete temporadas.

No obstante, el drama de los publicistas nunca se detuvo en la nostalgia sensiblera: más bien quiso abrirnos la ventana al mundo de poderosas compañías lideradas por hombres blancos, anglosajones y protestantes, cuya imagen agonizaba como paradigma del éxito en la imaginación popular de la época.

Mad Men muestra los últimos años de un orden social en el cual los hombres estadounidenses de clase media eran pequeños reyes: hipócritas, ansiosos, petulantes, apagados, pero reyes después de todo”, afirmaba el reseñista George Packer de The New Yorker en el 2009.

Hombres de oficina. Vicent Kartheiser interpreta al ambicioso ejecutivo venido a menos Pete Campbell; y John Slattery es el desparpajado y siempre simpático socio Roger Sterling, quien con Don (al centro) siempre tuvo una relación cercana, mas nunca de confianza. Frank Ockenfels 3/AMC para LN.
Hombres de oficina. Vicent Kartheiser interpreta al ambicioso ejecutivo venido a menos Pete Campbell; y John Slattery es el desparpajado y siempre simpático socio Roger Sterling, quien con Don (al centro) siempre tuvo una relación cercana, mas nunca de confianza. Frank Ockenfels 3/AMC para LN.

Esta también es una serie que nos acostumbró a mirar televisión por capas. En la más superficial se notaban las luchas de poder y de ego que siempre estuvieron presentes en donde se movía el dinero y el prestigio empresarial; por debajo, se vislumbraba un ambiente de racismo y sexismo pertinaz que empezaba a mostrar grietas en la vida cotidiana de sus protagonistas.

Ahora bien, tanto en el fondo como en la superficie de la historia está la lucha y la gran figura de Don Draper (interpretado guapa y magistralmente por Jon Hamm). Si nos pusiéramos místicos, diríamos que aquella fue una batalla por su alma; si nos pusiéramos existencialistas, diríamos que fue una búsqueda eterna por el significado de su vida.

“Para mí, Don es una representación de la sociedad estadounidense. Él está lleno de pecado, atormentado por su pasado, criado por animales, y tiene una oportunidad de rebelarse. Además, él no es capaz de detenerse a sí mismo”, explicó el creador de la serie, Matthew Weiner, en una entrevista con la revista The Atlantic .

Varios críticos han citado el género ejercitado por Weiner como una “megapelícula”, la cual tendría cualidades similares a las de la novela y se permite digresiones, atención a los detalles y varios arcos narrativos. No obstante, a pesar de las comparaciones, el creador ha dicho que no le interesa buscarle etiquetas ni símiles a su trabajo.

“Hasta cierto punto no suscribo eso porque es para hacer escarnio de la televisión. Es como decir: no es televisión estúpida, es como una película, lo cual es genial. O es como un libro, lo que lo hace valioso. Yo digo que (mi trabajo) es lo que es”, dijo Weiner en el 2009 a The New Yorker .

Las fuentes. Cuando decimos que los modos de Mad Men beben de Los Soprano , esta no es una revelación; más bien se convierte en obviedad cuando sabemos que Wiener fue productor ejecutivo y guionista del drama de la organización criminal de Nueva Jersey que creó el extravagante David Chase en 1999.

No obstante, a diferencia de aquella, distintamente a The Wire y en disonancia también con Breaking Bad , los personajes de Mad Men no son policías, criminales u oprimidos. La propuesta del nuevo drama era tan raro, que incluso HBO, por ejemplo, no compró esa idea de un televidente interesado en los ejecutivos y creativos de una agencia de publicidad ficticia en los 60.

Aunque Mad Men apareció en el 2007, Weiner tenía su piloto listo desde 1999, cuando trabajaba como guionista en la serie cómica Becker . El programa sería finalmente comprado por la cuasidesconocida frecuencia AMC, que, para mediados del decenio pasado, buscaba un programa gourmet que le sirviera para vestirse de prestigio, y así ser apetecible para que las compañías de cable lo ofrecieran en sus paquetes.

En casa. El núcleo familiar y de relaciones de pareja de Don Draper pasó de lo tradicional a lo complicado. Una de las grades revelaciones de la serie fue la actriz Kiernan Shipka, quien empezó a interpretar a la hija de Don, a los 6 años y hoy tiene 15. Frank Ockenfels 3/AMC para LN.
En casa. El núcleo familiar y de relaciones de pareja de Don Draper pasó de lo tradicional a lo complicado. Una de las grades revelaciones de la serie fue la actriz Kiernan Shipka, quien empezó a interpretar a la hija de Don, a los 6 años y hoy tiene 15. Frank Ockenfels 3/AMC para LN.

Se puede decir con seguridad que Mad Men apuntaló la imagen de un canal que adoptó el eslogan “La historia importa aquí”, y que posteriormente supo apuntar hacia el mismo camino con la producción de series de culto como The Killing , The Walking Dead y, por supuesto, Breaking Bad .

No obstante, aquella primera apuesta no fue fácil. El primer reto con el que se enfrentó el televidente que se acercó a Mad Men en su primera temporada, fue su adaptación a un ritmo moroso. Esta es una serie que supo amansar a su audiencia con una historia llena de silencios, y una atención cuidadosa en los detalles.

Está bien: aquí nunca se vio a un exprofesor de química deshacer varios cuerpos en estañones de ácido, como en Breaking Bad , o a un jefe mafioso disparándole en la cara a su primo con una escopeta, como en Los Soprano .

Sin embargo, sí recibimos otros golpes bajos (y ojo con el spoiler para el lector imaginario que empieza a ver la serie en Netflix, que tiene las seis primeras temporadas). Por ejemplo, tenemos la devastadora escena en la que Don Draper es atrapado siéndole infiel, con su vecina, a su nueva esposa. El golpe viene no porque lo sorprendiera su mujer, sino porque fue su hija (interpretada por la impresionante joven actriz Kiernan Shipka). Esa herida no es tan sensacional, pero sí provoca una hemorragia interna. El televidente no puede dejar de decir: “Ay, Don, acabás de perder la única inocencia de tu vida”.

Así se le termina hablando a Don Draper, en segunda persona, como a un conocido de ocho años, como a todos esos protagonistas de estos “megafilmes”.

La acción de Mad Men empezó en marzo de 1960 y terminó en noviembre de 1970. Se llora sin nostalgia por los tiempos idos.

Hoy no hay duelos: este drama del pasado supo asegurarnos que la televisión de su especie tiene su futuro.