13 julio, 2014
Imagen sin titulo - GN
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Esta semana se inició la migración de los ticos a su lugar de nacimiento... Partimos de la casa de los bahianos. Volveremos a un pequeño refugio donde hablamos la misma lengua, donde la comida usual se ha ido transformando del gallo pinto y el bollito de pan de a cinco al pollo frito de Calixto y a la pizza y los combos... Pero al fin y al cabo, a nuestra comida.

Esta semana se inició la migración de los ticos a su lugar de nacimiento... Partimos de la casa de los bahianos. Volveremos a un pequeño refugio donde hablamos la misma lengua, donde la comida usual se ha ido transformando del gallo pinto y el bollito de pan de a cinco al pollo frito de Calixto y a la pizza y los combos... Pero al fin y al cabo, a nuestra comida.

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Aquí llegamos de muchas .... algunos volaron hasta el sur y tuvieron que devolverse, otros vinimos haciendo escalas, alimentándonos con tapiocas y refrescándonos con caipiriñas

El plumaje migratorio era rojo, machos y hembras lucían el mismo color. No era época de celo, era el plumaje de guerra... Fue una migración para conquistar un nuevo reino, el más difícil, el más fiero.

Teníamos en cada coliseo a 11 representantes que luchaban contra 11 leones, los de melenas más largas –mitológicos, hijos de Zeus, Julio César y hasta vinieron los que protegen el Palacio de Buckingham, aunque los nuestros eran denominados “ zebras”, apodados así por los brasileños en su afán de recalcar que los David le costaríamos muy caros a los Goliat.

Los emigrantes llegamos a Brasil únicamente armados con nuestras voces, voces que salían del alma... vinimos en una migración como presas que al pasar por el Serengueti seríamos devoradas por fauces implacables.

También teníamos un canto, una “ misturanza” ... “Olé,Olé, Olé, Olé,... ticooos...ticooos.. Con este estribillo emprendíamos cada batalla.

Hablar de las victorias, de los triunfos de nuestras “Zebras” que se transformaron en los mejores gladiadores sería redundar en elogios para ellos. Hablar de los selfies que se “postearon”, o de las caras pintadas como apaches feroces, pero siempre sonrientes, sería devolver la memoria de nuestro disco duro Ver esas lágrimas en hombres y mujeres que a ninguno le dio pena derramar ante el mundo, sería evocar las fibras del corazón. Pero ciertamente, el alma de la migración fue otra... vinimos a buscarnos a nosotros mismos.

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En Costa Rica hemos ido perdiendo nuestra identidad nacional.Ya no vamos a misa, y los que los hacen cambiaron de Iglesia, Dios se ha vuelto un sustantivo trillado para cualquiera.

La última guerra fue la revolución de hace mas de 60 años. La nueva generación es mil veces más informada, menos machista ..pero menos política. Hemos perdido ese amor por la patria que tenían los padres y abuelos. Somos pacifistas, pero ya no labriegos sencillos; nos hemos vuelto presumidos... los celulares y las redes sociales son las prioridades en nuestras vidas.

¿Qué es ser tico? Los jóvenes son bilingües, en pocos años nuestra composición étnica será muy diferente. Pasamos de exportar café, cacao y banano a ser turistólogos, piñeros y expertos en call centers.

Ya no disfrutamos de sentarnos en un poyo en los parques, ni de ir a tanda de 7, cada vez leemos menos los periódicos... los niños ya no juegan a tocar timbres, ni las niñas hacen jarana jugando cromos. Nos debatimos haciendo igualdad entre géneros (diputado-diputada) y discutiendo si debe haber matrimonios gay . Al fin, todos somos iguales ante la Patria y ante Dios...

Nos hemos olvidado de decir “gracias” y les quitamos el “don” a los mayores. La palabra “maje” es para todos los compas y el emblema de una camiseta para los turistas se volvió nuestro eslogan: “Pura vida”.

Pero ¡cuidado! que tenemos grandes cosas. La educación y la salud son nuestro principal activo y tenemos una tierra bendita por Dios, donde le dimos valor a la naturaleza mientras los vecinos se desangraban con sus guerras. Y tenemos agua, que todavía nos permite poner nuestra mano en el tubo, saciar nuestra sed y refrescar nuestro corazón.

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Al final del periplo de la Sele en Brasil, volvimos a casa, donde nos esperaba juntarnos con la única tropa del planeta no constituida por un ejército armado, si no por una mole roja.

Después de muchos días, regresamos a casa. Con la ropa arrugada, la mayoría con varias “puestas’. En nuestras valijas (hoy llamadas maletas) vasos plásticos de cada juego, botellas de cachaza (en Brasil llamada pinga) y la coletilla de las entradas a los coliseos bien guardada. Volvimos sin voz pero con muchas plumas que les arrancamos a los rivales.

Aquí en Costa Rica, los viajeros mundialistas, asombrados, fuimos recibidos por una identidad que habíamos perdido, volvimos a ser todos iguales. Durante tres semanas nadie fue más importante por su auto XL, ni por su celular. El Presidente de la República volvió a sentarse en la gradería de sol ¡los ticos volvimos a ser todos iguales!

Como cuando jugábamos en los cafetales o buscábamos sátiros en la línea del tren para agarrarlos a pedradas... volvimos a oír al lechero en la mañana, aparecieron las pulperías del barrio, las señoras con hábito de la Virgen del Carmen salieron con un bandera al paso de las cazadoras.... Es que... es que... ¡los ticos volvimos a ser todos iguales en estas tres semanas!

Lo cierto es que regresamos en busca de nuestra identidad, pero al revisar en nuestras almas nos dimos cuenta de que nunca la habíamos perdido, la teníamos en el clóset: ¡VIVA COSTA RICA! gracias a la Sele , ese grupo de titanes que se trajo para Costa Rica mucho más que un heroico paso por Brasil 2014... ¡la Tricolor logró reencontrarnos con nosotros mismos!