Las paredes oyen es lo que le quedaba por hacer a un periodista que ya lo había hecho todo. Édgar Silva le da rienda suelta al entrevistador que habita en él en el nuevo programa de Teletica, uno que bien podría ser la apuesta más personal de El Flaco.

Por: Víctor Fernández G. 26 abril, 2014
Imagen sin titulo - GN
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“Me veo como un excelente entrevistador. El mejor”. La cita es de Édgar Silva Loáiciga y data del 2006, cuando el dueño del rostro más conocido de la televisión costarricense profetizaba qué sería de su carrera a 10 años plazo. Sin embargo, el cálculo del liberiano fue incorrecto.

Ocho años han pasado desde la anterior ocasión en que Édgar Arturo fue portada de Teleguía e hizo aquel pronóstico. Hoy vuelve a estar en la tapa de esta revista, precisamente porque el entrevistador que habita dentro del presentador finalmente recibió luz verde y a partir de esta semana correrá libre, haciendo lo que le place más.

Édgar no lo dice abiertamente pero lo cierto es que toda su vida se ha preparado para esto. Cuando el martes 29 de abril se emita, a las 8 p. m., el primer capítulo de Las paredes oyen, el flaco abrirá un nuevo ciclo en sus más de 20 años en Teletica, uno que nada (y a la vez todo) tiene que ver con toros, festivales de la luz y chinameros gritones.

Un programa de entrevistas, íntimas, de frente, a calzón quitado. Ese es el tipo de espacio en el que mucha gente veía metido a Silva, después de años de sacar colmillo en el oficio de extraer historias desde los sillones de su amado Buen Día . La idea estaba en el aire, Édgar lo admite, pero materializarla no le quitaba el sueño, al punto que si hoy Las paredes oyen es una realidad es más por insistencia de otros dentro de la televisora de La Sabana que de él mismo.

Sin embargo, al hablar de su nuevo hijo es fácil notarle la emoción. “ Las paredes oyen posiblemente es mi proyecto más personal... una aspiración que fue creciendo con el tiempo”, explica, dejando claro un vínculo casi genético con el estreno, muy distinto a anteriores iniciativas del canal de las cuales él fue conductor como El Chinamo o Bailando por un sueño .

Una embarcada de las buenas

Édgar se tiene, sin falsa modestia, como un buen entrevistador. Y sí, efectivamente su trabajo al frente de Buen Día le ha abierto la puerta para interrogar a todo tipo de personajes, con buenos resultados en la mayoría de los casos.

¿Errores? Sin duda. En julio del 2013 una entrevista que parecía inofensiva con un psicólogo sobre el tema de los tatuajes se salió de control debido a las posiciones extremas y estereotipadas del invitado. Recordar el episodio le borra a Silva la sonrisa del rostro mientras admite que el cuestionamiento hecho desde redes sociales e incluso a lo interno de su equipo aún hoy lo hace preguntarse si su actuación fue la correcta.

Sin embargo, las experiencias positivas son las más. Édgar dice que la posibilidad de producir su propio espacio exclusivo de entrevistas “se la creyó” después de sostener un intercambio con el más internacional de los salseros.

“Si bien siempre era una aspiración, a veces uno no tiene el grado de confianza de decir ‘estoy listo’. Voy a entrevistar a Marc Anthony, las preguntas no estaban tan mal y cuando termina la entrevista me dice ‘esta es una de las mejores en mi historia’. Para mí eso fue señal divina”.

Finalmente, mientras mataban la espera en un aeropuerto, Silva le contó a Mario Nájera, productor en Teletica, su interés en eventualmente desarrollar un programa de entrevistas. Para el periodista el tema quedó ahí... pero no para el productor.

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“Mario me llama una noche y me dice ‘mae, ¿te acordás que me habías comentado del programa aquel de entrevistas? Es que se lo ofrecí a la gerencia y me pidieron un piloto’”. Después de un par de segundos de risa nerviosa Édgar no se hizo de rogar y con un “diay, entrémosle” empezó a mediados del 2013 lo que ahora es una apuesta fuerte de parte de Teletica, al punto de asignarle a Las paredes oyen un horario estelar un día entre semana y a las 8 p. m., justo después de Telenoticias , buscando el rating que a esa hora es monopolio de la competencia, gracias a los tallados y talladas jóvenes de Combate .

“Todo el mundo tiene una historia que contar... hay que saber llegarle”, dice Édgar. La receta es sencilla: Édgar de un lado de la mesa, el invitado del otro, dos micrófonos (“los Maserati de los micrófonos, lo captan todo”, asegura) de por medio y el periodista interviniendo apenas lo necesario. “Más que contar cronológicamente la vida del personaje, la gente se conecta con las emociones. La tristeza, la alegría generan vínculos”, explica Silva. Y sí, basta con ver unos cuantos minutos de cualquiera de las entrevistas de Las paredes oyen para tener claro que la gasolina del programa son las emociones, tanto del protagonista como de la audiencia, con relatos de esos que provocan tragar grueso, del tipo que le aflojan los sentimientos hasta al más plantado.

Por ahí va la procesión.

En la primera temporada de Las paredes oyen el público tendrá una puerta abierta a las vidas del músico Jaime Gamboa, quien reflexiona a profundidad sobre la muerte y evoca a su hermano Fidel; el escritor Alberto Cañas, y figuras internacionales de la música, como los veteranos vocalistas Jairo y Juan Bau.

El caso de Cañas es especialmente significativo para Silva, pues entrevistarlo era un gran pendiente para él. “A don Beto lo he invitado en muchas ocasiones a Buen Día pero siempre me ha advertido que él antes de las 10 de la mañana no sale de la casa”.

El programa piloto tomó forma, a las cabezas de Teletica les entusiasmó y las entrevistas se multiplicaron: el comediante mexicano Adal Ramones con los ojos llenos de agua al recordar cuando su vida estuvo en manos del hampa; la folclorista María Mayela Padilla inyectándole buena vibra a la plática; el otrora mediático sacerdote Minor Calvo desnudando los errores del clero; Floribeth Mora desgranando el milagro de Juan Pablo II, y la que vendría a ser la última entrevista televisiva del polémico y locuaz empresario italiano Matteo Quintavalle, grabada apenas unas semanas antes de su súbita muerte.

En un giro que nadie vio venir, Édgar se encontró a pocos días del estreno con oro en las manos, pues como si aquella última plática de Quintavalle no fuera algo enorme, Silva también había producido ya una entrevista con el narrador deportivo Manuel Antonio Pilo Obando, cuya muerte esta semana puso a llorar al país entero, más allá del gusto futbolero.

Si bien la identidad del invitado del programa inaugural se ha reservado, en el 7 sí tienen claro que por respeto no empezarán con Pilo ni Quintavalle. Eso sí, nadie duda de que sus episodios tienen todo para ser tremendos batazos.

La lista de deseos

Todos los periodistas tienen su lista de deseos, esos entrevistados que bien podrían parecer utópicos pero con los que igual se añora el intercambio de preguntas por respuestas. Édgar Silva tiene su listica también y no oculta las ganas de pasarla del dicho al hecho, más ahora que cuenta con la plataforma propicia.

De primera entrada se tira a lo grande, con nombres de talla planetaria como Luis Miguel, Diego Armando Maradona y el Papa Francisco. Sin embargo, al aterrizar en el terruño hay personajes para los que ya tiene listos los cuestionarios.

“Me gustaría Lobo, cómo construyó su valentía”, asegura en referencia a José Antonio Lobo, el exdirectivo del ICE que fue testigo clave en el juicio ICE-Alcatel. Igualmente la exnadadora y medallista olímpica Claudia Poll –apartada del ojo público desde su sanción por dopaje– es una entrevistada a la que Silva admite haber “pulseado” sin éxito aún desde mucho antes de que Las paredes oyen fuera una realidad.

El periodista cuenta que otro esfuerzo frustrado fue con una mujer que años atrás, siendo una adolescente, asesinó a sus padres y hermano menor, en uno de los crímenes más sonados de la historia judicial del país. Silva logró dar con ella, ya libre tras descontar su pena de cárcel, más no logró que accediera darle la entrevista. “La llamé y me dijo que no porque se había cambiado de barrio y donde vive ahora nadie sabía quién era”.

¿Puede una persona no famosa, el típico hijo de vecino, ser un entrevistado potencial? Silva no lo duda, siempre y cuando tenga una historia para desarrollar.

Por eso, en la lista de pendientes está convencer a un señor, un desconocido para el gran público, que pasó por la experiencia de estar en coma, en una cama de hospital, sin poder comunicarse ni moverse aunque nunca perdió la conciencia. El relato de aquel hombre que oyó con desesperación a los médicos discutir si se le debía retirar la asistencia de máquinas para mantenerle con vida es un tesoro que Édgar espera, algún día, revelar en su nuevo programa.

“Lo común entre todos es que tienen un buen verbo, que saben hablar bien, que se sepan explicar porque ellos llevan el peso del programa”. Édgar ha llevado la premisa de darle el protagonismo al entrevistado a tal punto que el programa se graba simultáneamente con cinco cámaras y sin cortes. Así, algunas de las pláticas, como la de Quintavalle y Ramones, se extendieron por casi dos horas.

Ser Édgar Silva

Sin que aún se emita un minuto de Las paredes oyen , el papá ya está listo para que le critiquen al chiquito. Puede ser que no ocurra así, pero todo el trabajo de Édgar es de dominio público y, como tal, susceptible al escrutinio de cualquiera que eche mano de un control remoto de televisión.

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Así ha sido desde que ingresó, en la década de los 90 a Teletica, canal que ha sido su casa desde entonces casi que de modo ininterrumpido (descontando un fugaz paso por Repretel del que ya nadie se acuerda).

Los sueños universitarios de volver a su Guanacaste para generar un programa radiofónico los intercambió por la pantalla chica, primero en el Canal 15 como parte del equipo fundador de esa inagotable incubadora de comunicadores que es Música X Inclusión , y, tras migrar para La Sabana con En vivo a las 5 ; Telenoticias ; la hoy distante Revista matutina de Telenoticias y que se transformó en Buen Día , el programa con el que todas las mañanas entra a miles de hogares.

De modo paralelo llegaron las oportunidades como conductor de espacios de entretenimiento y variedades: programas de concursos, las corridas de toros, El Chinamo , Cantando y Bailando por un sueño ; Miss Costa Rica; el Festival de la Luz; el tope de Palmares... la lista es extensa y por mucho tiempo pareció que Édgar Silva era imprescindible para el éxito de cualquier nuevo esfuerzo de parte de Televisora de Costa Rica.

Él le resta créditos a esa supuesta “edgardependencia” y remata diciendo que se siente orgulloso de su participación en todos esos proyectos. Recientemente, René Picado, presidente de la televisora, lo llamó a su oficina y le encomendó la dirección de +Q Noticias , el joven informativo de corte positivista que dejó montado Pilar Cisneros antes de su salida del canal.

Y sí, tantísima exposición hace de él una persona famosa, con todo lo que eso implica.

Difícilmente hay alguien en este país que no sepa quién sos vos. ¿te pesa ser Édgar Silva?

Yo no he dejado de hacer nada por ser o no ser. Posiblemente lo único que no haría es irme a sentar a una gradería de sol pero fuera de eso hago lo que sea, voy al súper y en Liberia ando en chancletas.

No estoy en esto por lo que la televisión da. Yo estudié esto, estoy por el oficio, me gusta hacer una entrevista, un reportaje. Lo que viene por añadidura ya sé que pesa y es duro cuando vienen épocas de pedradas, es duro equivocarse y cuando una entrevista no sale y genera una reacción contraria da cólera, da vergüenza y posiblemente ese fin de semana prefiera ver películas en mi casa y no ir al cine o a un mall.

Pero igual la gente siempre espera de vos una sonrisa, verte accesible...

Sé que cuando voy en el carro y alguien se me atraviesa no le puedo decir ‘¡hijueputa!’, es algo que no debería suceder. El otro día fui a una comunidad que me invitaron a un tope y me dejaron esperando con los caballos como una hora, el caballo estaba arisco y me “putié”. En eso llegó una señora a pedirme una foto y me la tomé pero cuando llegó la segunda le tuve que decir ‘qué pena señora, estoy bravo, no estoy de ánimo’.

Como decía Matteo Quintavalle, ‘hay muchas cosas que suceden porque soy Quintavalle’ y me puedo identificar con la expresión.

Es bien sabido que no te da por andar en actividades de farándula. ¿Es por el horario mañanero?

No soy farandulero: el horario es una buena excusa pero hay una convicción de que no quiero ser visto así. Cuando voy a algo es a un concierto o a alguna actividad para la que hay interés del canal o mío. Maricruz Leiva me pasa reclamando que nunca voy a nada pero no, yo no estoy aquí por eso, se los puedo garantizar.

Una vez leía la entrevista a una modelito y la estúpida decía que ir a un supermercado era difícil para ella. Mentira, la gente en este país es muy respetuosa, la gente te saluda, ocasionalmente hay que tomarse una foto pero el que diga lo contrario está rajando, están dándose ínfulas que no son ciertas. Yo puedo hacer aquí lo que me da la gana.

¿Hubo una vez en que sentiste que la fama se te fue a la cabeza?

Alguna gente lo malinterpreta cuando te pide una foto y no estás de ánimo o cuando la atendés con menos calidez porque de manera impertinente te interrumpe cuando estás comiendo, pero son las menos de las veces. Que yo recuerde momentos feos que alguien se comportara de manera agresiva en los veintipico de años que tengo de hacer esto solo dos, y ambos estaban borrachos. Eso es un muy buen promedio.

¿Estás consciente de la credibilidad que tenés a ojos de la gente?

Te lo cuento con una anécdota: un día dijimos en el programa que la flor de Jamaica ayuda a reducir los índices de colesterol. La nota me recordó el asunto pues hubo una época en que tuve el colesterol alto y el sábado me voy al supermercado y no hay flor de Jamaica. Le pregunto al muchacho si es que la cambiaron de lugar y me dice “no, ustedes sacaron una nota y se nos agotó”. Ahí, en esos momentos es donde uno se da cuenta que pesa pero no es algo en lo que pase pensando de manera permanente o constante.

De la misma forma, creértela afecta. Mi ejercicio personal, lo digo de corazón, es que la crítica positiva y la negativa tienen que pesar lo mismo, porque si no te vas para alguno de los dos lados: o te volvés inseguro por la negativa o un prepotente por la positiva.

Tanto reconocimiento incide en que muchas personas bien puedan verte como el mejor periodista del país. ¿Sentís que el gremio periodístico te percibe igual? ¿Los colegas son justos con vos?

No lo sé; la verdad es que me he dejado de mezclar con el gremio. Obviamente leo los disparos que me hacen desde La Teja o de Intrusos pero hago el ejercicio de caminar con mi horizonte, y que las cosas caigan por su peso. Yo me tengo que preocupar por Buen día , por +Q Noticias , pero igualmente trato de sobrevolar porque sino le entregás tu felicidad y estabilidad a otras personas.

Cuando me la pelo, apechugo, cuando algo genera buena reacción, igual. La gente se enferma por las críticas y yo he visto acá (en Teletica) mucha gente que se enferma.

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¿Alguna vez te han dado ganas de llamar a alguien después de leer algo que escribió sobre tu trabajo?

Sí, claro. Antes lo hacía más. Antes era más impetuoso, ahora no.

Regularmente leo, ocasionalmente contesto a un televidente, me tomo el ratito cuando estimo que algo se debe aclarar. No es que me he vuelto “valeverguista” pero a veces uno hace un barreal. Por ejemplo el Twitter: alguien me copia de su comentario y se raja, se llama Perico de los Palotes y tiene 25 seguidores. ¿Vos crees que le voy a prestar los 53.000 seguidores míos?

Al inicio, cuando me despedazaban en la prensa era un mes mal. Y al inicio dolía un mes, luego tres semanas, ahora duele horas y se olvida. Eso me demuestra que he madurado como individuo.

Desde la época de colegio sé qué es caerle bien y mal a alguien. Ahora eso se potencializó pero como ya lo sé he aprendido a darle su justa dimensión para no enfermarme.

¿Pero no deja de ser raro caerle mal a un desconocido solo porque sí?

Me critican porque salgo en todo o porque dicen que soy un sabiondo, eso me genera risa. La gente que te odia te va a señalar por lo que sea, ¿qué voy a hacer? En la calle uno ya lo detecta. Uno desarrolla la habilidad de leer la mirada y cuando te quitan la cara ya se sabe.

¿Te ves retomando en algún momento tu proyecto universitario de hacer radio en Guanacaste?

Queda la espina pero más como un proyecto social para la comunidad. Ya descubrí que lo que quería hacer allá lo puedo hacer aquí con el eco de Teletica.

Yo no tengo ningún problema en volver a tener una vida simple de pueblo, es más, lo añoro. Liberia ya tiene bancos, buenas librerías.... antes mi mamá venía a San José a comprarme los cuadernos y el uniforme. En cambio, ahora hay amigos que me dicen que tienen como dos años de no venir a San José.

¿Y te ves retirado?

Tal vez pensionado sí, pero en este momento no. Aquí (en Teletica) estoy muy bien. Si uno no valora lo que tiene en el momento de verdad que peca de malagradecido, de idiota. Una vez entrevisté a un monje tibetano y me dijo que la persona que pasa aspirando a lo que no tiene es permanentemente infeliz.

¿Consideraste en algún momento irte a trabajar al extranjero?

Sí, tal vez al arranque de la carrera me habría gustado ejercer el periodismo en BBC... y una vez estuve cerca de lograrlo (fue entrevistado pero perdió la plaza frente a un boliviano).

Te juro, con todo respeto de los colegas que sueñan con trabajar en México, ¿a quién se le ocurre irse a vivir al DF? Es un tema de calidad de vida.

¿Fue Pilar Cisneros tu maestra?

A Pilar yo le agradezco la oportunidad y la confianza. Las veces que llegué ahuevado me dijo ‘usted sea usted, no se preocupe por lo que la gente diga, defienda su personalidad’.

¿Por qué vemos tanto a Édgar Silva dentro de la programación de Canal 7?

La gente me puede decir, ‘es que sale en todo’. Sin embargo, yo no soy pachuco, no soy malcriado con el público, creo que tengo un léxico aceptable que me puede ayudar a salir de cualquier apuro. Yo hago el ejercicio de a quién le voy a hablar. Si El Chinamo es para vacilar, vamos a vacilar y en los cortes estaba bailando con la gente para que al volver estuviéramos en un punto alto e igual uno tiene que saber en qué momento va a entrevistar al cebollero de Santa Ana y a la presidenta de la República.

De la universidad uno sale tan intoxicado que nos da miedo desfigurar la imagen de periodista serio, sesudo, para ponerte en contacto con tu entrevistado. ¿Cómo hago para salir en todo? Pues me preparo, no me paro a hablar paja.

Si el programa fuera un fracaso te juro que no estaría en ninguno de los proyectos y todos han funcionado bien. ¿Por qué me voy a echar para atrás por lo que la gente diga? No quiero, me divierto y no le voy a depositar a nadie mi felicidad en sus manos. La decido yo.