Los cinco dragones empresariales de la versión inglesa de Dragons’ Den juegan con fuego y veneno en pantalla.

Por: Natalia Díaz Zeledón 9 mayo, 2015
Doce temporadas. Con nuevos jugadores, la franquicia financia desde el 2005 los productos y servicios más innovadores, según los jueces.
Doce temporadas. Con nuevos jugadores, la franquicia financia desde el 2005 los productos y servicios más innovadores, según los jueces.

La televisión nos ha enseñado que la crítica constructiva es buena, pero que es mucho más entretenida ser público de la destructiva. Como un moderno circo romano, Dragons’ Den existe para enfrentar pequeños gladiadores del emprendedurismo frente a un jurado de empresarios realizados.

Ricos, con importantes conexiones empresariales e influencia, los cinco “dragones” de la serie pueden optar por convertirse en mecenas de los proyectos que se presentan en su guarida. Sin embargo, antes de participar de los réditos, los participantes deben exponer de forma convincente sus productos y exponerse ellos mismos ante el escrutinio asesino de los expertos.

A diferencia de otros reality shows, este tipo de competencias tienen de su lado la renovación del elenco. Las historias solo tienen dos finales (el éxito o el fracaso), pero la variedad de los productos, capacidades de los presentadores y la cantidad de heridas que pueden lograr los comentarios de los dragones mantienen el formato rotando.

Como en la vida real, en Dragons’ Den hay ideas de ideas: en las doce temporadas que han emitido en Reino Unido se han presentado frente a los dragones innovadores productos para el hogar y salud (imaginen un inodoro portátil, por ejemplo) , así como ha habido presentaciones caóticas ( leggings para hombreso joyería para solteros).

Véalo. Viernes 15. BBC Entertainment. 9:00 P.M

La comedia no solo la aportan la naturaleza de los productos ofrecidos, sino las reacciones de quienes hacen las presentaciones, que oscilan entre los nervios normales de hablar en público hasta interacciones desastrosas provocadas por el pánico.

El drama lo entregan los jueces, que destrozan las presentaciones por cada debilidad que encuentran. Al ser ingleses, ninguno desaprovecha el momento preciso para ser cómicamente cruel.

Este es el tipo de programa en el que uno no apoya al participante, sino a los jueces. La naturaleza del formato, por tanto, no es occidental. Japón heredó a países angloparlantes el diseño de una entretenida trampa de negocios, tan atractiva para quienes participan como para la audiencia que disfruta de las batallas.

Para digerir los episodios de Dragons’ Den hay que suspender la realidad por una hora y olvidar que el panel de jueces toma decisiones que cambian la vida de las personas que pasan por la pantalla.

Los dragones tienen el dinero y el poder para hacer surgir estas ideas o aniquilarlas con entretenimiento. Lo primero sucede en casos extraodinarios que requieren fidelidad a la serie para atestiguarlos. Lo segundo es el vaivén cotidiano que, aunque es la norma, no pierde gracia cuando el público disfruta de la sangre.