11 febrero, 2005

Cuando A Todo Dar apareció, causó sensación entre una buena parte de la teleaudiencia y los anunciantes, y de inmediato se convirtió en el terror de los intelectuales de escritorio. Es innegable que, entonces, el programa era una apuesta por lo más corriente y chabacano, una fórmula fácil y sin mayores pretensiones: mujeres ligeras de ropa + color y escándalo + entretenimiento masticado = todo el raiting de las tardes.Si vemos hoy A Todo Dar , superada la etapa revolucionada y aterrizado en algo más familiar (eso dicen), queda poco o nada del show original. El ATD actual es un revoltijo que nadie parece entender. La desaparición de sus rostros reconocibles -menos uno- y la inclusión de nuevas figuras, han traído nuevos aires al que un día fuera la gallina de los huevos de oro de La Uruca. Nuevos aires, no mejores.En el actual A Todo Dar resultan especialmente molestos dos aspectos: las producción no deja de empeorar, y ahora hacen de la burla y la humillación, parte del show.En los últimos meses, el programa de Repretel ha incluido concursos que se mueven entre lo ridículo y lo inaudito. Me cuesta recordar en tele nacional algo más desagradable que el concurso en que la gente prueba distintas "comidas" y adivina de qué se trata. Vemos bocas abiertas, platos desechables, bolo alimenticio... ¡sin palabras! Pero ahí sigue el público ATD , fiel televidente o... concursante, y son esos los que se llevan la peor parte (y no hablo del premio). En el nuevo A Todo Dar parece regla el carcajearse de la falta de habilidad de algunos o burlarse de quienes no pueden realizar las tareas. La ironía y el sarcasmo entre los animadores llegan a límites incómodos para quienes vemos por tele, no imagino cómo será para quienes son objeto de tan gentil trato. Así las cosas, el tiempo ha pasado por ATD , dejándonos con un prueba de que nunca debemos pensar que lo hemos visto todo, la cosa puede empeorar.

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