21 febrero, 2015
La tecnología ayuda a personas que no están juntas físicamente a ver el mismo programa de televisión al mismo tiempo.
La tecnología ayuda a personas que no están juntas físicamente a ver el mismo programa de televisión al mismo tiempo.

Nueva York

Como a muchas parejas, a Jed Kolko y Eric Rice les gusta ver juntos sus programas de televisión favoritos. La parte más difícil es presionar el botón de encender al mismo tiempo.

Dos de sus series preferidas son "Mad Men" y "The Good Wife". Prefieren verlos poco después de la transmisión para evitar la información anticipatoria en línea.

Sin embargo, Kolko y Rice, ambos economistas, viajan con frecuencia por trabajo. Así es que su arreglo es: se conectan con sus teléfonos inteligentes. Luego, uno prepara el episodio deseado en el televisor, en la casa, mientras el otro lo sigue a continuación en una tableta desde la habitación del hotel.

"Tratamos de empezar exactamente al mismo tiempo", comentó Kolko.

El simple hecho de reunirse en torno a la televisión para compartir la experiencia de ver juntos un programa se siente cada vez más pintoresco. Gracias a los servicios de transmisión directa, el acceso por pedido y los aparatitos que cargamos en el bolsillo y en las bolsas de mano, podemos ver lo que queramos, cuando queramos, donde queramos.

No obstante, con todas esas opciones, puede ser difícil alinear el dónde, cuándo y el cómo de dos personas ocupadas.

A Kolko le funciona bien la covista. Sin embargo, aprecia las complicaciones de alta tecnología requeridas para producir un goce a la antigüita. "Ni el problema ni la solución habrían existido hace unos años", notó.

Las dificultades se combinan cuando se incluye el exceso de televisión, el poco apetitoso término dado a ver (o escuchar, en el caso de los podcast) múltiples episodios en una sola sentada.

Existen al menos dos dinámicas que complican tal consumo. Primera, el exceso suele darse cuando estamos llenando huecos de tiempo; en otras palabras, cuando estamos aburridos o solos. Segunda, si se es lo suficientemente adicto a un programa, coordinar el horario propio con el de alguien más puede ser insostenible.

En el romance moderno, resistir el impulso a excederse para poder ver algo con el amante, es el nuevo equivalente a conocer a los padres o darse un beso sobrio.

"Sabes que ya encontraste al elegido cuando te dice que no verá sin ti el siguiente capítulo de la serie que han estado viendo de corrido juntos", tuiteó Casey McGee, de 22 años de edad, una diseñadora gráfica en Boston.

McGee y su novio, quien vive como a una hora de donde ella está, pasaron un fin de semana de diciembre viendo de corrido "Misfits", una comedia británica. Ella lo llamó y le preguntó si había visto más episodios y se conmovió cuando él le contestó que no quería hacerlo sin ella.

"Él valora la experiencia conmigo más que solo querer ver el programa", comentó.

Se requirió de "Serial" – un podcast que cuenta la historia verdadera de un asesinato que ocurrió en Maryland, en 1999 – para que muchas personas consideraran prominente este tema.

Con adictivos detalles de historia policíaca que, en forma alterna, lanzan una mirada de escepticismo y de fe, de una forma o de otra, a casi todos los personajes, "Serial" publicó en la red una nueva entrega casi cada jueves, durante dos meses y medio, en el otoño. Era posible oír semanalmente los episodios o de un jalón los que estuvieran disponibles.

"Serial" reunió dos factores que pedían tanto el exceso, como la escucha en grupo: el tipo de suspenso que se parece al de una gran novela policíaca que se haya leído en las primeras horas de la mañana, así como un gran número de personajes y giros que evolucionan en las tramas, que hacen que los seguidores busquen a otros para comentar los cambios en las circunstancias.

Molly Ringwald, una actriz que hace mucho tiempo prestó su rostro a la angustia adolescente de muchas personas, puso el dedo en este nuevo dilema cuando tuiteó: "Definición de devoción: esperar al final del día para oír el último episodio de "Serial" con tu esposo".

Llamé por teléfono a Ringwald para comentarlo. Ella y su esposo Panio Gianopoulos, tienen vidas ocupadas que incluyen a tres hijos y el trabajo de ella como compositora y cantante.

Sin embargo, también les gusta excederse con programas como "Breaking Bad" y "Game of Thrones". El itinerario de los viajes de Ringwald le da oportunidades en el avión, pero, por lo general, viaja sola. Comentó que ella y su esposo hacen planes para ver juntos muchos episodios de un jalón, y prometen no ser bribones y hacerlo solos. "Somos bastante disciplinados", dijo ella.

Esos son las manías que hay que trabajar en los matrimonios contemporáneos. Jake y Mía O'Bannon se acaban de casar en Oklahoma City. Jake O'Bannon tiene 22 años, es director residente en una universidad local y es frecuente que le pidan que asista a funciones nocturnas. Les gusta ver programas juntos, cada vez que pueden, incluidos "Downton Abbey" y "Parks and Recreation".

Mía O'Bannon es respetuosa de su compromiso marital para esperarse hasta que ella y su esposo puedan ver juntos la televisión, pero a él le ha resultado más difícil cumplir con esta fidelidad mediática.

Hace poco, vio a hurtadillas un episodio de "Parks" cuando su esposa estaba en el trabajo, y luego volvió a verlo con ella, fingiendo que era la primera vez. "Traté de reírme en el momento correcto, pero soy mal actor", contó. Lo cacharon."Parte de la experiencia del exceso de televisión es verla con otros, observar sus reacciones y obsesionarse todos juntos", dijo Mía O'Bannon, quien perdonó la transgresión de su esposo con "Parks".

Los emprendedores están trabajando para suavizar la logística de ver los programas juntos. Rabbit es un servicio nuevo que permite que hasta 11 personas vean simultáneamente un solo programa en computadoras individuales de escritorio.

"Seguro, la tecnología móvil y de transmisión directa permite que te metas en tu cueva y veas algo tu solo, pero eso no es lo que hace que sea divertido ver un programa de televisión", explicó Michael Temkin, el director ejecutivo de Rabbit.

Se puede compartir cualquier contenido al que se tenga acceso mediante una computadora y los espectadores pueden mandar textos o videochatear unos con otros en la pantalla mientras están pasando el programa, la película o un podcast. "Ver es algo muy social", añadió Temkin.

Para Jeanna y Matt Thomas de Atlanta, los retos de ver juntos la televisión, algo ya complicado por las limitaciones de tiempo debidas al trabajo y la paternidad, se combinan con el riesgo de la información anticipatoria.

A la pareja le gusta acumular episodios de programas como "Top Chef" y luego verlos en un solo fin de semana. Para asegurarse de no sacrificar las tramas y el suspenso en nombre de encontrar tiempo para ver juntos un programa, la pareja activa las funciones de filtro en Twitter.

Por ejemplo, Thomas ajusta la configuración para que no se filtre ninguna mención de un participante en "Top Chef" desde su fuente de alimentación, y acalla las publicaciones que provienen de Bravo, la red que presenta "Top Chef", así como las de Tom Colicchio, uno de los jueces en el programa.

"Tienes que ser realmente proactivo", dijo Thomas. "Es realmente toda una tarea".

Etiquetado como: