America’s Cutest Pet se inscribe en una tradición añeja de despertar risas con videos caseros, con la ventaja de que las mascotas siempre harán una monada deslumbrante

Por: Dario Chinchilla U. 21 marzo, 2015
Shorty Rossi, de la famosa serie El jefe y sus pitbulls.
Shorty Rossi, de la famosa serie El jefe y sus pitbulls.

El programa America’s Cutest Pet es tan bueno que vale la pena aguantar los chistes malos de sus comentaristas.

Para una cultura que cada vez tolera menos ver animales haciendo gracias en un circo, la opción segura es mirar a las mascotas haciendo monadas en la comodidad de su hogar. Perros que parecen bailar y gatos que parecen boxear hacen mucha gracia siempre y cuando se los vea en su ambiente “natural”, o sea, en la cocina de su casa.

El popurrí de videos de Animal Planet tiene la misma fórmula básica que conocimos en el inaugural programa noventero Los videos más graciosos de América . Ya desde entonces se notaba que buena parte del humor más destilado venía del material que buenamente daban las mascotas.

En aquellos tiempos, los participantes enviaban sus cintas de VHS por correo postal (inserte aquí su incredulidad), dinámica paleolítica que el video digital y la Internet han instalado en una dudosa nostalgia.

Desde hace ya rato que Animal Planet hace compendios con videos graciosos de animales. El equipo de producción de estos especiales ya ha creado nueve desde el 2010 hasta el 2014.

Jackson Galaxy, del programa Mi gato endemoniado.
Jackson Galaxy, del programa Mi gato endemoniado.
Véalo. Jueves 26. Animal Planet. 09:00 P.M.

Los programas innovan poco, lo cual no importa, dado que sus estrellas siempre tienen algo nuevo para mostrar. Lo que la señal trae ahora es una especie de cuenta regresiva en la que se elige a la mascota más tierna, entre perros y gatos.

Esta es una pelea que se libra en un terreno desnivelado, pues ya sabemos que desde hace años la Internet le pertenece a los felinos. Sin embargo, los canes dan su pelea.

Los humanos

El programa agrega comentarios humorísticos en medio de cada video de un minino con un bigote de leche o de un perro que “habla”, y uno no deja de preguntarse cómo es que la producción desluce un show como este con intervenciones cómicas tan insolventes.

No tenemos la respuesta, pero lanzamos dos hipótesis. La primera es que tiene que llegarse al mínimo común denominador en el humor para que apele tanto a niños como a adultos.

Hay pocos programas en los que uno puede sentar al abuelo y a la nieta frente al tele con confianza de que ninguno se va a aburrir ni a ofender.

El segundo motivo es que las estrellas del espectáculo son las mascotas y ningún humano está ahí para robarles las luces del reflector. Las intervenciones de los comentaristas están ahí solo para hacer brillar a los animales: son el marco de poca gracia que nos hace notar una bella pintura.

Ya lo sabe: si quisiera disfrutar de la compañía del animal más tierno tendrá que aprender a aguantar al humano menos ocurrente.