Por: Fernando Chaves Espinach 25 julio, 2015

En el repertorio operístico relucen algunas arias y segmentos musicales, que han trascendido los escenarios para vivir en los corazones melómanos. Una furtiva lagrima, aria del tenor en el segundo acto de El elixir de amor , es una de esas joyas que se admiran por sí solas en las salas de conciertos.

Una furtiva lagrima la interpreta el personaje de Nemorino, enamorado de Adina, quien canta tras haber logrado que una pócima logre acercarlo a la esquiva hacendada. Esta aria permite a los tenores exhibir vigor y talento para imprimir su sello a las notas. Quien marcó la historia de la pieza fue el monumental Enrico Caruso, quien en sus tres grabaciones de Una furtiva lagrima, en 1902, delineó un estilo que se sigue hoy. Otros intérpretes célebres han sido Alfredo Kraus y Rolando Villazón.

Historia. Frieda Hempel y Enrico Caruso en 1902. Wikicommons.
Historia. Frieda Hempel y Enrico Caruso en 1902. Wikicommons.

En la cadenza , al final del aria, la orquesta calla y el tenor juega con florituras propias del bel canto que deslumbran. El director Will Crutchfield encontró solo cuatro tenores , entre más de 200 que la han grabado, que han realizado variaciones en esta parte.

Parte de las exigencias de esta aria es que no es el único gran esfuerzo que el tenor que interpreta a Nemorino debe realizar. “Es una ópera tan vivaz, tan llena de particulares, y sobre todo tan difícil para los dos roles principales. Esos son dos roles muy, muy difíciles en el nivel musical porque hay muchísimas arias y arias de bravura. La ‘furtiva lagrima’ llega hasta el final del segundo acto”, explica el director musical del montaje de la ópera , Marzio Conti.

“Es un papel muy complejo. De las dos horas que dura la ópera, canto casi una hora y diez”, concuerda el tenor tico Ono Mora, quien compartirá el rol con el estadounidense William Davenport en esta temporada de la Compañía Lírica Nacional . Se diferencia de montajes de los años previos de la compañía, en los cuales ha participado Mora, por el distinto tono de ópera cómica. “Llegamos a ver a Donizetti y nos vamos más al bel canto, que es más de agilidades, florituras, ligereza”, dice Mora.